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Libertad: abundancia y escasez
Selección de ContraPeso.info
30 enero 2018
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
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El valor de la libertad incrementa con su escasez y disminuye con su abundancia, esta es la idea de Álvaro Feuerman en su columna. 

Según la Teoría del Valor, valoramos algo siempre y cuando ese algo sea percibido simultáneamente como útil y escaso.

Esto, y la misma experiencia cotidiana, nos muestran que en numerosas ocasiones la abundancia deriva en la decadencia.

He aquí una paradoja: ¿Cómo es posible que de un árbol bueno salgan frutos malos?

Si algo es identificado como bueno o deseable, ¿puede su abundancia generar el efecto inverso, o ser la causa de la catástrofe futura?

En su libro Reingeniería, Michael Hammer y James Champy (1994) nos invitan a repensar la forma de dirigir las empresas y organizaciones. La premura con que lo hacen está basada en que los tiempos han cambiado, y se necesitan nuevas formas de hacer las cosas.

Enumeran muchos casos de compañías otrora exitosas que, ante cambios en sus circunstancias —clientes, competencia, preferencias, normas, tecnología, etc.— no han sabido adaptarse para sobrevivir. En muchos casos, afirman, el éxito de ayer engendra el fracaso de hoy.

Esto no se debe a que los métodos o las herramientas anteriores fueran malos en sí mismos, sino a que, con el éxito logrado, o con la abundancia alcanzada, han perdido los incentivos suficientes para mantenerse alertas y reaccionar a tiempo a los cambios del mercado.

La abundancia nos hace perder el valor que damos a las cosas. En otras palabras, la abundancia nos adormece.

En todos los tiempos, una de las mayores preocupaciones de los padres poderosos ha sido que la abundancia brindada a sus hijos no se constituya en un daño u obstáculo que les impida su desarrollo. Es que ante la abundancia no hay propósito.

Y, si no hay propósito de vida, ¿para qué actuar? Si la escasez es la fuente de motivación de nuestras acciones, la abundancia, cuando no hay ansias de progreso en el conocimiento y en las virtudes personales, ni espíritu de servicio, ¡puede ser la fuente de la decadencia!

En realidad, solo actuamos ante la escasez. Pero la escasez es relativa, es decir, una misma cantidad dada de algo, será percibida por distintas personas como escasa o como abundante, según sus propias valoraciones y circunstancias.

Las personas virtuosas se destacan porque, ante la abundancia, son capaces de mantener sus propósitos, y más aún, de idear y encarar nuevos proyectos. En otras palabras, son capaces de percibir escasez y ganas de actuar, donde otros sólo verían abundancia y conformismo paralizante.

La mayoría de los que nacimos en el siglo XXI en el mundo occidental vivimos en situación de abundancia respecto de la libertad. Esto es así, al menos si lo comparamos con épocas anteriores, en que los hombres debían arriesgar su vida para subir un peldaño en la escalera de la libertad.

La falta de conocimiento respecto de la historia, así como la falta de comprensión respecto de las instituciones y su influencia en nuestras vidas, nos puede hacer descuidar un aspecto básico que hace a la esencia de los seres humanos.

Relacionado con lo anterior, podemos mencionar el hecho de que, en muchas ocasiones, los avances sobre nuestra libertad por parte de los gobiernos, con apoyo de la opinión pública, se llevan a cabo en forma gradual. La historia de los impuestos en cualquiera de nuestros países responde a esta configuración.

Así, surge un nuevo impuesto provisorio, para atender a alguna emergencia. Luego otro, y otro. Más adelante, un antiguo impuesto se incrementa, y se crea un nuevo impuesto para solventar alguna buena causa. Y así sucesivamente, hasta formar una auténtica telaraña de impuestos, que encarecen nuestras vidas y restringen nuestras posibilidades de actuar y de progresar.

En muchos países, nos encontramos con que el 50% ó más del fruto de nuestro trabajo es retenido por el Estado para redistribuirlo según los dictados de los gobiernos de turno.

Si nos retrotraemos al nacimiento de cualquiera de los países en los que vivamos, con seguridad podremos advertir que el grado de intromisión del Estado, medido en función de la presión impositiva, o del porcentaje de la actividad del Estado en el PBI, o de cualquier otra forma que lo pueda ilustrar, jamás hubiera sido aceptado por aquellos que dieron sus vidas para alcanzar la independencia, para dar origen a nuestra nación.

Para llegar a los niveles actuales de intervención (impuestos, retenciones, restricciones al comercio interno y externo, leyes laborales y otros) en cada país, necesariamente los distintos Estados han ido aumentando sus alcances mediante avances graduales sobre nuestra libertad.

Avances graduales, que, por separado han ido triunfando con mayor o menor agitación. «Es raro que una libertad, cualquiera que sea, se pierda de una vez», dijo David Hume (Hayek, 1944).

En su libro La Quinta Disciplina, Peter Senge (1990) nos advierte que, en muchas ocasiones, y en particular en los comportamientos organizacionales, nuestro «aparato interno para detectar amenazas a la supervivencia está preparado para cambios repentinos en el medio ambiente, no para cambios lentos y graduales».

Esto es causa de grandes fracasos empresariales, de los países, las sociedades y de la economía, que no son revertidos a tiempo por los responsables de su conducción. A esta falta de adaptación ante amenazas crecientes y graduales, las designa como la «parábola de la rana hervida».

Lo explica de la siguiente manera:

«Si ponemos una rana en una olla de agua hirviente, inmediatamente intenta salir. Pero si ponemos la rana en agua a la temperatura ambiente, y no la asustamos, se queda tranquila. Cuando se eleva de 21 a 26 grados centígrados, la rana no hace nada, e incluso parece pasarlo bien. A medida que la temperatura aumenta, la rana está cada vez más aturdida, y finalmente no está en condiciones de salir de la olla. Aunque nada se lo impide, la rana se queda allí y hierve».

Hemos visto, entonces, que la percepción de abundancia de libertad puede cegar nuestra natural inclinación a defenderla.

Y que, como un hecho derivado del anterior, un avance pequeño o gradual sobre nuestra libertad, tiene más probabilidades de pasar inadvertido en cuanto a su significado y sus consecuencias en nuestras vidas.

Bibliografía

Michael Hammer & James Champy. 1994. Reingeniería. Editorial Norma.

General Álvaro Obregón. 1928. Carta a su hijo Humberto, el día que éste cumplió 21 años. vanguardia.com.mx

Friedrich A. von Hayek. 1944. Camino de Servidumbre. Alianza Editorial.

Peter M. Senge. 1990. La Quinta Disciplina. El arte y la práctica de la organización abierta al aprendizaje. Granica.

Nota del Editor

Esta es la segunda de las columnas que sobre la libertad ha escrito Álvaro Feuerman. Su idea es realmente notable: la percepción de abundancia de libertad reduce el valor que se le concede y la pérdida gradual de ella deja de ser percibida.

Las columnas escritas por él pueden ser vistas en ContraPeso.info: Álvaro Feuerman.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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