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Intervencionismo estatal creciente. Una inercia de crecimiento del Estado originada en no conocer la diferencia entre Estado y Gobierno. Culpa del ciudadano que entiende al Estado como una iglesia que todo resuelve.

Introducción

Se le exige resolver los problemas sociales. Se le reclama solucionar las fallas de los mercados. Se le piden remedios a cuanto mal existe en un país. Es la inercia del intervencionismo estatal creciente.

¿Qué es lo que hace que se reclame la intervención de la institución con el peor desempeño para el remedio de los problemas más serios de la sociedad?

A. J. Nock da una explicación de esta paradoja y, al mismo tiempo, nos revela el fenómeno de la inercia del intervencionismo estatal creciente.

El libro consultado para esta carta fue el de Nock, Albert Jay (1973). Our enemy, the state. including “on doing the right thing”. New York. Free Life Editions, chapter IV, «The state and the remnant», pp 78-85.

Como una nueva iglesia

Según el autor, nuestra forma de entender al Estado es similar a la manera en la que se entendía a la Iglesia en la Edad Media.

La Iglesia era vista como un distribuidor de privilegios que tratado de cierta manera daba frutos personales. Era una institución a la que se acudía en casos de emergencias materiales o espirituales.

En la actualidad el Estado es para nosotros lo que la Iglesia era antes. Esto alimenta la inercia del intervencionismo estatal creciente.

Esta mentalidad afecta a quienes toman al Estado literalmente y aceptan su intervención como algo sano y necesario.

Está afectado también quien no tiene ideas claras sobre el Estado y lo acepta sin pensar, hasta que sus intereses personales se ven lastimados.

Esa mentalidad acerca del Estado es caldo de cultivo propicio al intervencionismo estatal creciente.

Ansias irresistibles de intervenir

Además, el Estado siempre está ansioso de intervenir, sea por iniciativa propia, o porque alguien más lo pide.

Esas intervenciones del Estado crean las condiciones para otra intervención, la que hace posible otra intervención y otra y otra, indefinidamente.

Las situaciones en las que interviene el Estado son sencillas y no son causas reales de intervención.

Sin embargo, a esas situaciones se les añaden complicaciones que son aprovechadas para intervenir una y otra vez hasta llegar a situaciones de desorden general.

Desde luego, la vía lógica para resolver las situaciones iniciales, dice Nock, es la del camino más lento pero mejor, el dejar operar a las leyes naturales.

Pero está posibilidad ni siquiera es considerada, pues la forma de entender al Estado produce la inercia del intervencionismo estatal creciente. Sin que haya reflexión de por medio y sin entender que el remedio es peor que la enfermedad.

Intervencionismo estatal creciente

El punto del autor es el creciente intervencionismo del Estado. Una intervención da pie a otra y a otra hasta que la situación de desorden en la sociedad abre el camino a los aventureros políticos, tiranos y a los golpes de Estado.

Está en la propia naturaleza de la intervención esa imposibilidad de detenerse, ella es infinita.

Más aún, en esas intervenciones es frecuente que el Estado cometa robos abiertos y descarados. En sus intervenciones el Estado se apropia recursos que son el fruto del trabajo de los ciudadanos y lo hace sin que exista retribución a ellos.

Es la forma de entender al Estado lo que hace posible que por medio de la intervención el poder que tiene el ciudadano se convierta en poder del Estado.

Responsabilidad del ciudadano

Esa forma de entender al Estado es una combinación de ignorancia sobre lo que es, de debilidad moral y de miopía egoísta del ciudadano.

Esto, señala Nock, no deja de ser un fenómeno curioso. Ante la menor insatisfacción social no se duda en pedir la intervención del Estado. Y, sin embargo, el Estado es la entidad con el peor nivel de desempeño y con las peores calificaciones de eficiencia.

No importa, a pesar de saber que el Estado es la peor de las entidades, se llama y reclama su intervención ante cualquier situación de descontento.

Estado y gobierno, la diferencia

Aquí está el inicio de la importante distinción que Nock hace entre Estado y Gobierno. Eso le sirve para seguir con la explicación del intervencionismo estatal creciente.

Admitiendo sin conceder que no hay otro remedio que llamar al Estado para intervenir en una situación negativa, este llamado presupone que el Estado es una institución social, lo que es un absurdo

El Estado no es una institución social, de hecho es una institución antisocial. Sobre esto, el autor establece las diferencias entre Gobierno y Estado.

El Gobierno mantiene la seguridad de los ciudadanos e imparte justicia de manera expedita y barata. Pero el Estado es en sí mismo injusticia y su función es mantener un régimen injusto.

El Gobierno impone justicia y el Estado impone leyes que están hechas para su propio beneficio.

Apelar a la justicia del Estado, por tanto, no tiene sentido, pues el Estado ve todo a la luz de sus propios intereses.

Tiene un precio ignorar al orden natural

Hay un orden natural e interferir en ese orden tiene un costo. El Estado, al intervenir obstruye ese orden sin desear las consecuencias de esa intervención. Siempre que esto ha sido intentado el precio ha sido alto.

Nock añade que la naturaleza no reconoce las intenciones de la acción, sean buenas o malas.

Lo que la naturaleza no tolera es el desorden y la única manera de escapar a las consecuencias del orden natural es enfrentar otras consecuencias.

Consecuencias peores y quizá por medios indirectos, pero siempre habrá consecuencias peores.

Este razonamiento, ayuda al autor a dar una mayor claridad a su definición de Gobierno.

Dentro de un régimen natural, el Gobierno no interviene en las conductas de los ciudadanos. Solamente impone restricciones debidas a la justicia, no a la ley.

Esta es la manera de corregir los malos usos del poder social y lo sabemos, pues hay una interminable lista de experiencias que muestran que la intervención del Estado produce peores resultados.

¿Solución del intervencionismo estatal creciente?

¿Qué puede hacerse contra el engrandecimiento del Estado? Nada ante la fuerza del Estado y a la influencia de ideas detrás de ella, según Nock.

Nock, por tanto, tiene una posición pesimista (conviene recordar que la obra fue publicada en 1935). En ese año, el futuro para Nock es uno de creciente autoritarismo que nos llevará a un despotismo militar.

Habrá mayor centralización. Tendremos mayor participación económica del Estado, que reservará para sí mismo el manejo de las industrias esenciales, a las que manejará con creciente corrupción, ineficiencia y desperdicio.

Así se llegará al trabajo forzado del ciudadano y en el fin a un conflicto bélico como el de la Primera Guerra Mundial.

Según Nock, nada puede hacerse contra el intervencionismo estatal creciente. Sin embargo, afirma, es correcto que una persona ofrezca su punto de vista al público.

El valor de esta idea de Nock está en señalar la causa última del intervencionismo estatal creciente. Esa causa es la manera en la que lo entendemos.

Es entendido como el distribuidor de beneficios y esa entidad a la que sin pensarlo se acude cuando algo sucede en la sociedad.

Aún no es entendido el Estado como una institución cuyos intereses son egoístas y destructivos. Todavía no se comprende la diferencia entre Gobierno y Estado.

[La columna fue revisada en 2019-07]