Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Efectos no Intencionales
Eduardo García Gaspar
25 noviembre 2003
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Un reciente artículo de John Stossel (ABC News) muestra muy claramente cómo las buenas intenciones pueden causar efectos terribles.

El tema es el de los “sweat shops”, una expresión americana que se refiere a las plantas de producción en países subdesarrollados en las que los trabajadores tienen salarios muy bajos, por debajo de los estándares americanos.

Se argumenta que en estas instalaciones se tienen condiciones consideradas malas para los trabajadores.

Sobre el tema, hay una posición que pide el cierre de esas plantas en el tercer mundo, las que fabrican artículos que en buena proporción se venden posteriormente en países desarrollados. Ha habido numerosas protestas al respecto.

En el reporte de Stossel se cita a Ben McKean, el líder de Estudiantes Unidos en contra de las Sweat Shops,

“Los trabajadores no tienen opción sobre sus vidas, tienen que trabajar en esas fábricas. Los trabajadores vienen a nosotros y nos dicen ‘ustedes se benefician de nuestra explotación, dennos algo a cambio’”.

Bien, ese es un lado de la historia, el del que piensa que esas fábricas explotan a las personas en otras partes y quiere cerrar esas instalaciones, todo desde su cómoda posición de protestante indignado ante lo que cree que es injusto.

Pero, del otro lado, hay otra historia muy diferente que Stossel pone en palabras como las siguientes. June Arunga de Kenia, dice “Cuando una empresa abre una fábrica toda la gente está emocionada”, nadie en su país cree que está siendo explotada.

Más datos: las plantas de Nike que producen los caros zapatos tenis, pagan el doble de salario de lo que se paga localmente. La gente, según Arunga, estaría dispuesta a trabajar gratis en esas fábricas para tener acceso a agua limpia y electricidad. “Ojalá existieran más sweat shops”, dice ella.

Si uno se pone en plan racional, no hay mucho más que admitir que esas plantas ayudan a las personas a salir de la pobreza. Ahora una historia del mismo reportaje.

Después de una protesta en contra de productos de Wal-Mart hechos en esas fábricas en Bangladesh, ellas aceptaron no contratar adolescentes. De acuerdo con la UNICEF muchas de las jóvenes despedidas por esas medidas exigidas a Wal-Mart cayeron en la prostitución.

Pocos casos tan claros como éste para mostrar lo que se conoce como la Teoría de los Efectos No Intencionales.

Usted hace algo con una buena intención, pero el resultado final es una situación peor que la original.

Otros ejemplos de eso: un gobierno quiere remediar la pobreza y decide elevar el gasto público e imprime más dinero, con lo que eleva la inflación y lastima más a aquellos a los que quería ayudar.

Una institución reparte condones para prevenir enfermedades sexuales y los resultados son un mayor número de relaciones sexuales y un incremento en los embarazos no deseados.

El reportaje de Stossel tiene un elemento adicional que es precioso. Allí tiene usted a una punta de pretenciosos intelectuales que presumen de encabezar acciones revestidas de indignación humana que en la superficie casi todos aplauden; ellos quieren proteger a su manera a otros seres humanos, pero no se dan cuenta de que lo quieren hacer cerrando su fuente de trabajo.

Lo que ellos piensan es que quitándole el trabajo a una persona ella va a vivir mejor que antes. Su ignorancia es pantagruélica.

Movidos por objetivos loables, ignoran la facultad de pensar y así es que sostienen la temeraria idea de que la gente vive mejor sin trabajo que con trabajo, sin sueldo que con sueldo.

Desde su cómoda posición de absoluta superficialidad diletante piensan que todos son como ellos. Y, desde luego, provocan un empeoramiento de eso que quisieron remediar. Llamarles irresponsables es tratarlos delicadamente.

Pregúntele usted a esa jovencitas que por caprichos de unos intelectualoides se quedaron sin trabajo y tuvieron que remediar su problema de sustento en la prostitución.

En fin, todo lo que he querido demostrar es que queriendo hacer el bien se termina por producir sendos daños a esos que se quería ayudar. La causa de eso es sencilla: no usaron su cerebro para pensar en las consecuencias no intencionales.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras