Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Monopolio Samaritano
Eduardo García Gaspar
16 agosto 2005
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


A finales de la semana pasada el presidente Fox anuncio que a partir de 2006 existirán nuevas pensiones en México: 6 mil millones de pesos para personas de edad avanzada. Y esto atrajo a las críticas superficiales de comentaristas que vieron la ocasión similar a lo que hizo el alcalde de la Ciudad de México hace poco.

Ambos políticos establecieron planes de pensiones a personas de edad avanzada. Pero es falso que esos planes sean iguales, aunque ambos buscan elevar la popularidad de sus autores.

La información que pude conseguir viene de Enrique Quintana (Grupo Reforma, 12 agosto). Lo primero que debe señalarse es que el plan de Fox aún tiene detalles por afinar, aunque se sabe que representará un gasto del monto mencionado antes.

Por su lado, el plan de López Obrador es uno para todos y no tiene fin: todos los mayores de 70 años, y los que vengan, sin importar sus ingresos, podrán cobrar 600 pesos el resto de sus vidas. Es un caso clásico de imprudencia gubernamental.

El plan de Fox se enfoca a personas en el segmento más pobre de la población de todo el país, a quienes se darán 750 pesos mensuales el resto de sus vidas. Pero los menores de esa edad, de 39 en adelante, harán aportaciones de ahorro personal, para formar un capital a usar en arribar a esa edad. Por tanto se combinarán ahorros personales y subsidios, que a la larga disminuirán el presupuesto gubernamental y el plan se termina cuando la más joven de las personas inscritas hoy muera.

La diferencia entre ambos programas es enorme.

Va de la total irresponsabilidad financiera de López Obrador a un populismo acotado de Fox.

El plan de López Obrador comete errores sobresalientes: está dirigido a todos sin distinción de ingresos, no tiene fuente de financiamiento y carece de fin. En el futuro se estudiará como uno de los casos más clásicos de lo que no debe hacer un político: comprar popularidad a costos pagaderos por gobiernos siguientes. El plan de Fox, afortunadamente, no comete ese error.

Tiene un término previamente establecido en el tiempo, si bien es de muy largo plazo. Está enfocado a un segmento concreto, lo que lo hace eficiente. Y afortunadamente tiene un componente de ahorro personal que hace menor el impacto a la larga en las finanzas públicas. Los dos son planes ampliamente diferentes.

Uno de ellos, repito, será usado como ejemplo de estulticia política y llegarán momentos en los que la memoria de su autor será recordada con rabia. El otro, sin duda, es un plan mejor pensado, con menos impacto. Sin embargo, a pesar de esas diferencias, ambos planes son en su esencia malos.

Ambos presuponen que es el gobierno el único capaz de realizar caridad y que los ciudadanos son incapaces de realizarla. Esa misma función podría ser hecha por medio de instituciones privadas, sin duda de manera más productiva y eficiente, con acciones de mayor mérito.

Acciones como las de esos dos planes socavan el sentimiento de caridad de las personas, que tienden a creer lo opuesto de lo que debe ser: son las personas las obligadas por la caridad y no las autoridades.

También, se socava el hábito del ahorro, de la previsión y de la caridad familiar. Esto es especialmente claro en el sistema de López Obrador: por comprar popularidad, las personas tenderán a ser de la opinión que el gobierno debe proveerlas, y que por ello ya no tienen necesidad de prever para el futuro.

Los hijos y parientes entenderán que es el gobierno y no ellos quien tiene la responsabilidad de cuidar a sus padres. Se habla mucho de los efectos negativos que tiene la intervención de los gobiernos en la actividad económica y hay una legión de demostraciones al respecto. Éste es otro tipo de intervención, el entrometimiento del gobierno en la vida moral de las personas y sus efectos son aún más devastadores.

Queriendo hacer cosas buenas que les producen popularidad, las autoridades horadan las bases morales de las personas. Provocan que los ciudadanos dejen de sentir obligaciones morales de caridad y amor al prójimo. Todo porque el gobierno se ha erigido en realizador de actos de caridad.

Ya no es el hijo que debe cuidar de los padres, ni las personas las que deben prever, ni los ciudadanos los que pueden organizar instituciones caritativas, ahora el gobierno es el único buen samaritano que debe existir.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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