Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Revolución Comunista
Santos Mercado Reyes
23 noviembre 2005
Sección: Sección: Asuntos, SOCIALISMO
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Hablemos un poco de la “Revolución Mexicana” iniciada a principios del siglo pasado y festejada cada 20 de noviembre. Hay gente que cree que sólo fue una revuelta,  un pleito cruento por el poder cuyas heridas cicatrizaron muy pronto, yo creo todo lo contrario. Fue un parteaguas de la historia de México cuyos efectos sigue sufriendo la gente pobre.

El período de Porfirio Díaz, de casi tres décadas, es satanizado por los libros de texto que la Secretaría de Educación Pública distribuye gratuitamente en todas las escuelas del país. Sin embargo, sabemos  que en ese período se construyeron los ferrocarriles, las empresas de electricidad, telefonía, banca, textiles, etcétera. Con esto se generaron muchos puestos de trabajo y un sin número de productos para el bienestar del mexicano.

Lo asombroso de todo este desarrollo es  que prácticamente nada era del gobierno, no eran empresas paraestatales, todo era de agentes privados: ingleses, norteamericanos, españoles, mexicanos, franceses, etc.   También se sabe y se ha explotado hasta la saciedad, que Díaz era muy cruel contra sus adversario políticos, es decir, contra aquellos que le querían disputar el puesto.

También contra aquellos que querían gobernar algún estado de la república sin la bendición de Díaz. Porfirio  no estaba dispuesto a abrir la puerta para que alguien destruyera su proyecto de nación. Simplemente quería un México desarrollado, con capacidad industrial y agropecuaria comparable a los países más avanzados de la época. Podríamos decir entonces que en el campo económico Díaz abrazó el liberalismo, y en el campo político era un dictador que no admitía voces discordantes.

Pero los años le cayeron encima, se hizo viejo  y perdió la fuerza para pelear  contra los  adversarios políticos y contra los que tenían otra visión de las cosas. Tarde se dio cuenta que no había formado estadistas que defendieran y continuaran su proyecto.   En el contexto internacional la oleada marxista tomaba fuerza.

Lenin organizaba a los bolcheviques para tomar el poder en Rusia, en China surgía el Partido Comunista y en México la intelectualidad se deslumbraba con los profetas del socialismo. Incluso los EEUU empezaban a abandonar el liberalismo económico que le había colocado como la primera potencia económica mundial en menos de un siglo. Prácticamente todo el mundo se lanzaba a los brazos del comunismo. Marx sonreía desde la tumba.

Porfirio Díaz toma el barco Ypiranga hacia Francia (1911) para morir algunos años después (1915) lejos de su país. Mientras, los que quedaron con la mesa servida empezaron por  destruir la vajilla.  Emiliano Zapata en el sur y Pancho Villa en el norte, como si fueran los discípulos brillantes de Benito Musollini, se encargaban de destruir el sistema capitalista.

Las haciendas, que habían alcanzado altos niveles de producción se vinieron abajo, los banqueros prefirieron huir antes que ver su cuellos colgados de un árbol, la industria quedó semiparalizada. La revolución mexicana se asentaba para poner las nuevas reglas del juego y gobernar durante un siglo.

Surgía así una economía estructuralmente diferente a la que había construido Porfirio Díaz. Ahora el Estado tomaba el papel rector. Se despojó a los grandes terratenientes y aún a los rancheros para que las tierras quedaran en poder del Estado.

Los recursos naturales como agua, petróleo, minerales, uranio etcétera quedarían en manos  del gobierno; nació el monopolio educativo gubernamental; la electricidad, telefonía, telegrafía se transformarían en monopolios del Estado.

Para controlar el poder político en todo el país el gobierno creó el Partido Nacional Revolucionario luego transformado en el Partido Revolucionario Institucional. También el Estado creó los grandes sindicatos que jugarían, como decía Lenin, el papel de correas de transmisión de las políticas estatales y las organizaciones campesinas para tener bajo control a todo el agro. En otras palabras, la Revolución Mexicana fue la expresión del proceso comunista que envolvió al mundo durante un largo siglo. Creó estructuras tan fuertes que son difíciles de  desmantelar en una o dos décadas.

Ya el presidente Manuel Ávila Camacho hizo un pequeño intento logrando 30 años de crecimiento continuado, pero finalmente fracasó; luego,  Salinas de Gortari, también lo intentó y aunque logró avances importantes no se puede decir que desmanteló el sistema comunista; con Vicente Fox la izquierda  se puso en guardia desde el primer día de su mandato y prácticamente no lo dejaron cambiar nada.

Ahora, con López Obrador, e inspirado en los “exitos” de Chávez, Lula y Kirchner, los comunistas amenazan con un orgulloso renacimiento.

Tal parece que desmantelar el comunismo  es un enigma muy difícil de resolver . No bastan las políticas económicas. Ludwig von Mises dice que hay que buscar la explicación de los procesos sociales en las ideas que posee la gente.

Si esto es cierto, quiere decir que mientras nuestras escuelas y universidades, prensa y radio sigan dominadas por gente de izquierda, el comunismo persistirá y le bastará con cambiar de ropaje para mantenerse en el poder.

En fin, lo que se puede decir de la Revolución Méxicana es que no ha muerto, por desgracia. Su espíritu sigue vivo y es una realidad que, aunque no nos guste, debemos reconocer. Ojalá algún día se comprenda esa pesadilla para estar en posibilidades de crear nuevas estructuras económicas y políticas en verdadero beneficio del pueblo mexicano.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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