Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aprendizaje Estatal
Eduardo García Gaspar
27 diciembre 2006
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
Catalogado en:


Las discusiones fiscales de fin de año en México muestran una lección, la de que no aprendemos la lección. Seguimos cometiendo el mismo error de siempre, el creer que los impuestos producen progreso y que el gasto social es requisito de prosperidad. De hecho es lo opuesto. Recuerdan estas cosas una historia de hace muchos siglos.

Una vez, en un remoto lugar y de esto hace cientos de años, existía un reino que vivía en total paz y gran prosperidad. Hasta que un cierto día fue invadido por nómadas que saquearon la mitad de las riquezas del reino y se retiraron tan repentínamente como llegaron. El reino había perdido mucho y para resarcir lo perdido el rey decretó un impuesto especial que todos sus súbditos estuvieron de acuerdo en pagar.

Transcurrieron los años sin contratiempos y la prosperidad retornó al reino. Hasta que de nuevo, justo a los cuatro años de la invasión anterior, el reino sufrió otra. Los enemigos llegaron, tomaron la mitad de las riquezas del reino y desaparecieron. La contrariedad era grande y se volvió a decretar un impuesto especial para recuperar las pérdidas sufridas. Los ciudadanos comprendieron la situación y lo pagaron.

Pasó el tiempo. Volvió la prosperidad, pero también los invasores. Regresaron a los cuatro años, volvieron a saquear las riquezas del reino, llevándose la mitad y de nuevo desaparecieron como el viento. Los ciudadanos ya sabían lo que venía. El rey decretó de nuevo un impuesto especial que como antes estaba dirigido a resarcir la riqueza perdida. Los ciudadanos lo aceptaron, pero no de tan buena gana como al principio.

Otro cuatro años pasaron. Y otra vez llegaron los nómadas invadiendo el reino y saqueando la mitad de sus riquezas. El rey, otra vez, decretó el consabido impuesto. Los ciudadanos se quejaron ante eso, pero el rey pudo convencerlos.  Y así sucedió que el reino sufrió otras dos invasiones cada cuatro años y los ciudadanos tuvieron que pagar el impuesto.

Pero sucedió algo diferente después de la siguiente invasión. Esta vez los ciudadanos no aceptaron el impuesto y un grupo de ellos acudió a ver al rey.

El más viejo de todos ellos se dirigió así a su majestad: “Sabemos que cada cuatro años se presentan los nómadas y saquean la mitad de nuestras riquezas. Sabemos que su majestad decreta un impuesto para recuperar esa pérdida. Pero no hacemos nada para remediarlo. Los asuntos del diario ocupan vuestro tiempo. Quisiéramos que su majestad se concentrara en las cuestiones importantes, básicas y sencillas, como llenar de agua el foso del castillo”.

Algo similar le sucede a México cada año y nos dedicamos a discutir sobre impuestos especiales a algún producto, o el trato diferenciado de las deducciones de autos, comidas o viajes. No vemos el fondo del asunto a pesar de que es bastante sencillo, como lo de llenar el foso con agua. Los impuestos son un costo para el ciudadano y cuanto mayores sean o más complejo sea pagarlos, peor para él. Su vida será dañada por los impuestos, no beneficiada.

Porque es una realidad que los impuestos son una transferencia obligatoria de dinero, de nuestros bolsillos a los de los gobernantes. Y esa transferencia no es garantía de una vida mejor. Ha sido dicho que una de las más grandes mentiras que se han difundido en el mundo actual es la que afirma que puede lograrse progreso y bienestar por medio del gasto gubernamental.

De hecho, he leído en alguna parte que el gasto gubernamental, pasado de cierto límite produce miseria, o al menos es un obstáculo al crecimiento. Eso dicen los economistas, pero también lo dice el sentido común: los bienes son mejor cuidados por sus dueños que por quienes no lo son. Piense usted en esto: el burócrata es una persona que gasta dinero que no es de él diciendo que hará el bien a otros.

Y eso recuerda otra historia, la del buen samaritano, el que sin dinero propio no hubiera podido ayudar al viajero accidentado: demasiados impuestos y ese dinero no hubiera existido. Y si el viajero accidentado hubiera tenido que ir a una oficina gubernamental a solicitar ayuda, quizá aún estaría llenando las formas de solicitud para recibir esa ayuda, dando parte de ella para acelerar el trámite que un burócrata obstaculiza.

ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras