Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Candidatos comparados 1
Leonardo Girondella Mora
16 enero 2006
Sección: POLITICA, Sección: Análisis
Catalogado en:


Debo reconocer un gran esfuerzo, el de EsMas.com de Noticieros Televisa en México para colocar frente a frente las ideas de los candidatos a la presidencia de este país. Le sugiero visitar ese sitio y darse el tiempo para leer las propuestas de los contendientes a la presidencia mexicana.

De la información contenida allí he tomado una muy pequeña parte para presentarla de manera más directamente comparativa entre los tres principales contendientes —los de los partidos pequeños no tienen importancia práctica. Los candidatos respondieron a un cuestionario igual y lo hicieron ampliamente, tanto que no será infrecuente la sensación de hastío en el lector. Por esta razón, ahora tomo la primera de las preguntas hechas a ellos tres y las respuestas que dieron.

La pregunta realizada fue ¿En qué sería distinto su gobierno? ¿En qué áreas concretas podría la población corroborar que su gobierno sería eficiente? Mencione un compromiso mesurable que a su juicio podría ser el sello de su gobierno. Lo que sigue es una conclusión general para después dar el detalle de la respuesta completa.

CONCLUSION

Basado sólo en las respuestas dadas, presentadas más adelante, es posible ver las siguientes posiciones.

• CALDERON.

Preocupado con el avance económico y el respeto a la ley. Una posición liberal de apariencia muy moderada, dentro de un estilo ordenado, orientado al futuro y realista. La respuesta es directa y breve, con menciones especificas y con pensamiento ordenado en esos puntos. Su punto central es el apego a la ley y el estado de derecho, al que sigue el avance económico. Los estándares de comparación son mediciones internacionales.

• LOPEZ OBRADOR.

Preocupado con la corrupción y la pobreza. Una posición socialista clara de intensidad no fácil de definir, pero en extremo antiliberal, dentro de un estilo orientado al pasado, soñador y extenso. La respuesta es insistente, reiterativa y muy larga, con muchas referencias del pasado. Su principal punto es el de un gobierno diferente, basado en un gobernante altruista distinto al actual del que se ha erradicado la corrupción operando en una alta burocracia austera. Y lo ahorrado así es lo que dará fondos para un gobierno de izquierda, con un papel de redistribuidor de la riqueza.

• MADRAZO.

Preocupaciones vagas y generales, pero con énfasis en avance económico. Una posición tradicional sin claras definiciones, dentro de un estilo pragmático, adaptado a la actualidad. El estilo es conciso y breve, con uso de términos vagos y lugares comunes. Hay énfasis en la modernidad y la globalización, más menciones de consensos plurales. Hay rasgos ligeros de economía liberal, que desean lograr crecimiento.

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Lo que sigue son las respuestas literales de los tres mayores candidatos, en orden alfabético. Se recomienda mucho al lector visitar EsMas.com, donde están las aseveraciones totales de los candidatos.

FELIPE CALDERON 291 palabras

Quiero que mi gobierno se distinga por orientar sus acciones al desarrollo humano sustentable, es decir, a la ampliación de capacidades y oportunidades para las personas que permitan su desarrollo integral sin comprometer a las generaciones futuras. En consecuencia he formulado una propuesta que acompaño a este cuestionario denominada el Reto de México, y que divido en cinco ejes: 1. Respeto al Estado de Derecho y Seguridad Pública. 2. Economía Competitiva y Generadora de Empleos. 3. Igualdad de Oportunidades a través de Educación con Calidad y Cobertura Universal de Salud. 4. Desarrollo Sustentable. 5. Democracia Efectiva y Política Exterior Responsable.

Es decir quiero que específicamente mi gobierno se distinga por el apego a la ley, la competitividad del aparato productivo, el desarrollo regional, la igualdad de oportunidades para el desarrollo personal, la rendición de cuentas y el respeto al medio ambiente. Quiero encabezar un gobierno de plena certidumbre jurídica tanto para los ciudadanos como para los inversionistas. Un gobierno con visión de futuro.

La sociedad podrá verificar la eficiencia de mi gobierno en cada una de las áreas mencionadas. En el caso de Estado de Derecho, una manera de medir la eficiencia de mi gobierno será la comparación que se haga con otros países en términos de cumplimiento de la ley. En particular, existen indicadores útiles, como los realizados por el Foro Económico Mundial de Davos.

En esta materia, México ocupaba hace dos años el lugar número 63, hace uno el 69 y ahora ocupa el 79 entre 117 países. Tenemos mucho que avanzar y mi tarea será impulsar el cumplimiento de la ley de manera perceptible entre la población, los analistas y los inversionistas a nivel mundial, lo cual se verá reflejado en mejores posiciones para México en tales indicadores.

ANDRES M. LOPEZ OBRADOR 2,233 palabras

Mi gobierno será distinto porque combatirá a fondo los dos principales problemas nacionales: la pobreza y la corrupción. En primer término, sostengo que la regeneración de la vida pública de México no puede hacerse efectiva mientras no se detenga el empobrecimiento de la gente y se inicie un proceso profundo para el mejoramiento de las condiciones de vida de los habitantes del campo y de la ciudad.

Nada se logra sin justicia social. Sin justicia no hay tranquilidad, seguridad ni paz social. Además, progreso sin justicia es retroceso. En consecuencia, el combate a la pobreza debe ser la principal preocupación y la tarea más apremiante de un gobierno democrático de izquierda y verdaderamente responsable. La actual situación de pobreza de millones de mexicanos es injusta y vergonzosa. Nadie, ni siquiera los más prósperos, por la lógica más elemental, podrían dejar de considerar que la superación de la pobreza es la principal garantía para vivir en una sociedad mejor.

Hoy en día son más profundas las diferencias económicas y sociales entre los mexicanos que cuando Morelos pidió que se moderara la indigencia y la opulencia. Según cifras del INEGI, el ingreso de las 25 familias más acaudaladas del país es equivalente a lo que perciben 25 millones de mexicanos. También la información oficial revela que, el ingreso de las personas más ricas, llega a ser hasta 7 mil veces superior al de los más pobres. Es decir, lo que junta un mexicano en un día a otro le llevaría hasta 20 años.

Abro un paréntesis para reiterar que no tengo nada en contra de quienes, con esfuerzo y trabajo, y de conformidad con la ley, crean riqueza y generan empleos. Estamos en contra de la riqueza mal habida, de aquellos que amasan grandes fortunas en la ilegalidad y a la sombra del presupuesto y del poder público. Al mismo tiempo, sostenemos que nada aqueja y atormenta tanto a la Nación como la deshonestidad de sus gobernantes. Ningún otro mal ha dañado más a nuestro país que la corrupción política. Ello ha dado al traste con todo y ha sido la causa principal de la desigualdad social y económica.

Ya desde la Colonia los puestos públicos deparaban jugosas ganancias ilícitas. En el siglo XIX, con las excepciones respetables de algunos liberales, la política era el sendero más corto hacia la riqueza. Porfirio Díaz basó gran parte de su política en la eliminación o compra de sus potenciales adversarios. No en vano solía decir: “Si aceptan cooperar, hay que aprovisionarlos del tesoro público; si no, hay que exterminarlos”. Durante la Revolución prevalecieron las mismas conductas.

En 1916, el general Francisco J. Múgica, desde Tabasco, se quejaba de las “funestas camarillas” que obtenían contratos cultivando la amistad de los hombres del jefe Carranza. En 1923, en los tiempos de los “cañonazos de 50 mil pesos”, un revolucionario llegó a decir que de los 28 gobernadores que tenía México, sólo dos eran honrados y razonaba de la siguiente manera: “lo mejor que puede esperarse, en general, no es un gobernador que no se enriquezca con el puesto, pues casi todos lo hacen, sino uno que mientras roba haga algo por su estado. La mayoría toma todo lo que puede y no deja nada” (citado por Roger D. Hansen).

En 1943, don Jesús Silva Herzog, el grande, sostuvo que la política es la profesión más sencilla y más lucrativa de México. La inmoralidad, decía, “es de lo más alarmante en la administración pública federal. En los estados y los municipios, la gangrena se ha extendido, no sabemos si de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba. Son muchos los funcionarios gubernamentales que han hecho su fortuna en unos cuantos meses sin perder públicamente su respetabilidad y este es el mayor de los males.” Sobre el mismo tema, tres años después don Daniel Cosío Villegas, en un extraordinario ensayo titulado La crisis de México, sostenía: “ha sido la deshonestidad de los gobernantes revolucionarios, más que ninguna otra causa, la que ha tronchado la vida de la Revolución Mexicana.”

En 1953, el ex presidente Emilio Portes Gil admitió públicamente que la corrupción administrativa había producido un clima de virtual asfixia y que la política había degenerado, hasta llegar a ser “una industria de las más lucrativas”. Poco más tarde, don Jesús Silva Herzog, vuelve al tema y dibuja con precisión la ruta de la inmoralidad gubernamental partiendo de “una línea oscilante que permanece más o menos estacionaria hasta 1940; se eleva con lentitud de 1941 a 1946; acelera su ascenso hasta 1952 para iniciar después el descenso a partir de 1953”. Un descenso, podríamos añadir, que lamentablemente duró poco tiempo.

En los sexenios posteriores, recordemos, los gobernantes contribuyeron con su actuación a prostituir el sentido moral y humano de la política mexicana. Pocos cumplieron con su deber. La mayoría se alejó de la moral republicana. Unos se enfermaron de ostentación y derroche y otros, de plano, se dedicaron al saqueo del erario para hacerse grandes con la riqueza mal habida. Pero, aunque parezca increíble, lo sucedido en materia de deshonestidad durante el actual periodo neoliberal no tiene comparación. Los tecnócratas convirtieron al gobierno en un comité al servicio de un puñado de especuladores y traficantes de influencias.

En este marco de complicidades y componendas entre el poder económico y el poder político, se llevaron a cabo las privatizaciones durante el gobierno de Salinas. Nunca hemos sabido a ciencia cierta qué criterios prevalecieron en su sexenio para la venta de una institución bancaria o de un bien público. Se desconoce aún quiénes son los verdaderos dueños de las empresas privatizadas. Todo se decidió sin transparencia alguna, en pequeños corrillos, casi en sigilo y bajo la exclusiva dirección de Salinas y sus hombres.

En este contexto debe verse también el asunto del FOBAPROA: un rescate financiero de 102 mil millones de dólares que se produjo no sólo debido al agravamiento de la crisis económica, a partir de 1995, sino también y, de modo fundamental, por el uso patrimonial del poder público que derivó en la realización de operaciones fraudulentas, cometidas por funcionarios públicos, banqueros y un grupo muy selecto de hombres de negocios. En suma: pobreza y corrupción se han nutrido y alimentado mutuamente y México sólo podrá salir adelante si enfrentamos estos males con urgencia, responsabilidad y firmeza.

Mi gobierno liberará fondos para el desarrollo que, desde hace muchos años, se van al caño de la corrupción o se derrochan en privilegios para la alta burocracia. La corrupción, sostenemos, no sólo debe combatirse por razones de índole moral sino porque es mucho el dinero que deja de invertirse para el crecimiento económico, la generación de empleos y el bienestar de la gente. Según organismos internacionales, la estimación de los ingresos de asociados a la corrupción gubernamental representa el 2 por ciento del Producto Interno Bruto; es decir, alrededor de 160 mil millones de pesos. También lograremos, mediante la aplicación de una política de austeridad de Estado, reducir en beneficio de la sociedad el costo del gobierno.

Desde el primer año, disminuiremos el gasto corriente en 100 mil millones de pesos. Esta cantidad se obtendrá de la reducción de salarios de altos funcionarios públicos, comenzando con el Presidente de la República que recibirá la mitad del sueldo que actualmente tiene asignado y ningún otro funcionario del Poder Ejecutivo recibirá una percepción mayor; se ajustarán y evitarán duplicidades de mando en las estructuras gubernamentales; desaparecerán bonos, seguros médicos privados y fondos especiales de ahorro de la alta burocracia, y se eliminarán las pensiones millonarias de los ex presidentes de México.

En adición, se limitará el número de asesores por Secretaría; no habrá secretarios particulares desde las Direcciones Generales hacia abajo; se eliminarán los puestos de secretario privado, ayudante y guardaespaldas, salvo en los casos de aquellos servidores públicos que, por sus funciones, requieran seguridad. Se reducirá el gasto de publicidad; no se adquirirán vehículos nuevos para funcionarios ni se permitirá la remodelación de oficinas; se limitarán los viajes al extranjero y disminuirá el consumo de los servicios de telefonía, energía eléctrica, fotocopiado, gasolina, rentas, viáticos y otras erogaciones.

En los 100 mil millones de pesos no están contemplados los ahorros que podrían alcanzarse si se aprueba la iniciativa de Ley que enviaremos al Congreso de la Unión para reformar la Constitución y aplicar la política de austeridad de Estado en el Poder Judicial, el Poder Legislativo y en los gobiernos estatales y municipales. En suma: ante la insistencia de una reforma fiscal de carácter regresivo, cuyo elemento central es el cobro del IVA a medicamentos y alimentos o ante la intención de privatizar la industria eléctrica y del petróleo, con el pretexto de obtener fondos privados para su modernización, nosotros proponemos: austeridad; combate a la corrupción y a la evasión fiscal; reordenamiento de la deuda pública y reorganización del sistema tributario.

Todo ello, sumado a una estricta disciplina fiscal y a la convergencia de inversión pública y privada, permitirá el financiamiento del desarrollo del país. Los dos rasgos distintivos de nuestro gobierno serán: la disminución de la desigualdad social y el establecimiento de una nueva forma de hacer política. En primer lugar, postulamos que el Estado, en cualquier parte del mundo, es fundamental para el bienestar de la población; y, en un país como el nuestro, con tantas desigualdades, resulta indispensable para la supervivencia. Por eso dejaremos de lado la hipocresía neoliberal: el Estado no puede incumplir con su responsabilidad social.

No es jugar limpio el utilizar al Estado para defender intereses particulares y procurar desvanecerlo cuando se trata del beneficio de las mayorías. No se vale defender las facultades del Estado para rescatar, por ejemplo, instituciones financieras en quiebra, y considerarlo una carga cuando se trata de promover el bienestar de los desposeídos. Toda la retórica neoliberal y las acciones para desaparecer las funciones sociales del Estado, sólo nos ha conducido a la profundización de las desigualdades sociales y a un proceso de degradación progresiva.

Es falso que el Estado deba diluirse en beneficio del mercado; entre otras cosas, porque el mercado tiene un papel distinto al del Estado. El mercado se hizo para intercambiar mercancías en función de la oferta y la demanda; en cambio, una de las obligaciones del Estado es establecer equilibrios entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco.

En otras palabras: el mercado es eficaz para la creación de la riqueza pero no sirve para gobernar ni para distribuir los beneficios, como tampoco para impartir justicia o establecer equilibrios entre desiguales. En consecuencia, nuestra propuesta consiste en que el Estado aliente con decisión el desarrollo social en dos vertientes: una, impulsar el crecimiento económico y la creación de empleos para mejorar los ingresos de la gente; ello redundará en mejor educación, salud y calidad de vida en general. Por otro lado, en tanto se logra alcanzar ese nivel de desarrollo y, dada la situación de pobreza en que vive la mayoría de los mexicanos, el Estado debe garantizar satisfactores básicos de bienestar.

La propuesta consiste en auspiciar un Estado igualitario y fraterno en el que los pobres, los débiles y los olvidados encuentren protección ante incertidumbres económicas, desigualdades sociales, desventajas y otras calamidades, y donde se pueda vivir sin angustias ni temores. Acerca de la nueva forma de hacer política, expreso: haremos un gobierno de trascendencia histórica. No sólo se trata de mejorar las condiciones materiales de la gente; mucho menos de frivolidades o ambiciones personales. Se trata de emprender una renovación tajante, una verdadera purificación de la vida pública.

En contraste con el político tradicional prepotente, fantoche, mediocre y ladrón, el nuevo servidor público deberá guiarse por valores más elevados que sus aspiraciones personales y deberá ser capaz de entender que el poder sólo adquiere sentido y se convierte en virtud, cuando se ejerce para el beneficio de los demás. Justo en 2006 se conmemorarán 200 años del natalicio del Presidente Juárez. Uno, entre los muchos homenajes que debiéramos rendir a ese extraordinario hombre de Estado, es emular su ejemplo de austeridad y su convicción de la justa medianía en que deben vivir los servidores públicos.

La enseñanza mayor del Presidente Juárez, es que los servidores públicos no deben contar con privilegios ni disponer del erario en forma irresponsable. Los que gobiernan están obligados a conducirse sin ostentación ni derroche. El servidor público debe ser sencillo y actuar con sobriedad y sin presunciones. En ninguna circunstancia, menos aun en una situación de estancamiento económico, desempleo y empobrecimiento, los servidores públicos deben disponer del presupuesto para obtener altos salarios, prestaciones, beneficios y comodidades.

Por el contrario, esos recursos deben canalizarse a la atención de las necesidades apremiantes de la gente. La austeridad no sólo es un asunto administrativo sino de principios. La austeridad significa rigor y eficiencia pero también justicia. No es concebible un gobierno rico con un pueblo pobre.

En suma, vamos a combatir con decisión el influyentismo y no se permitirán componendas de servidores públicos con particulares, contratistas, proveedores, gestores, líderes charros, coyotes y toda esa caterva acostumbrada a vivir del erario y a medrar en detrimento del interés general y del patrimonio público. Al mismo tiempo, el ejemplo de honestidad y austeridad en el gobierno ayudará a fortalecer nuestros valores como pueblo. Aspiramos a vivir en una sociedad mejor donde el dinero no triunfe sobre la moral y el ser humano valga por su trabajo, su rectitud y su generosidad.

ROBERTO MADRAZO 397 palabras

Será un gobierno firme, responsable y eficaz, con un programa económico y social bien definido a partir de nuestro proyecto constitucional, y considerando las nuevas circunstancias de nuestra inserción en la globalidad. Será distinto porque atenderá efectivamente al mandato ciudadano que se exprese en las urnas con un espíritu de pluralidad e inclusión y con un liderazgo basado en la experiencia de gobierno, el respeto a las leyes y en la capacidad para conducir los esfuerzos nacionales hacia mayores niveles de justicia y bienestar para los mexicanos.

Se distinguirá por una voluntad de gobernar con estricto respeto a la división de poderes y al federalismo para fortalecer y mejorar las relaciones con los órdenes de gobierno y lograr mejores equilibrios regionales, estableciendo acuerdos con los partidos políticos y las fuerzas productivas para cumplir con la primera regla de un régimen presidencial: concertar y negociar con las distintas fuerzas políticas dispuestas a lograr acuerdos nacionales para impulsar el desarrollo de la Nación.

Mi gobierno seguirá una política exterior responsable, realista y apegada a los principios constitucionales, lo que nos permitirá fortalecer las buenas relaciones con todos los países, así como recuperar nuestra condición de país confiable ante la comunidad internacional, con una política exterior congruente y consistente. Considero que la eficiencia del gobierno debe ser general y, consecuentemente, las políticas públicas que la promuevan deben orientarse a incidir en todos los ámbitos del desarrollo nacional.

En este sentido, se requiere mejorar el marco institucional para promover la presencia de estructuras de mercado más competitivas, tanto en los mercados de insumos como de bienes y servicios. En particular, se requiere asegurar un acceso generalizado a diversos insumos básicos, como lo son la electricidad, el transporte y las comunicaciones, mediante una mayor competencia en la provisión de estos insumos. En la medida que estos insumos sean provistos competitivamente, las empresas usuarias enfrentarán menores costos y, en consecuencia, tendrán mejores posibilidades de competir en los mercados internacionales.

Igualmente se requiere crear mejores condiciones para garantizar el respeto a los derechos de propiedad, la seguridad de los ciudadanos y de su patrimonio, y el abatimiento de la corrupción. Todo esto repercutirá favorablemente en la eficiencia de la economía, la eficacia del gobierno y el bienestar de las familias. Crear las condiciones para elevar en forma sostenida las tasas de crecimiento económico y un mecanismo de concertación efectivo para la generación de empleos.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural. Tiene una colección de más de tres mil textos.



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