Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Influir en Las Elecciones
Eduardo García Gaspar
15 septiembre 2006
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las  leyes e instituciones electorales en México están focalizadas en los partidos políticos, como lo ilustra la imposibilidad de candidatos independientes fuera de partidos autorizados. Pero también ilustra eso el fallo declaratorio de presidente electo, el que contiene eso de que Fox puso en riesgo la elección con sus declaraciones de apoyo al candidato de su partido.

La ley, en esto, es sujeta de mejoras sustanciales, para respetar la libertad de expresión que la constitución señala y que ella limita contradiciéndola. Hubo denuncias de influencia indebida en las elecciones por la intervención de una vedette, por los colores de una marca de jugos, por palabras de Fox, por campañas atacando a candidatos y otras, las que se dieron en medio de otros sucesos.

Quizá el más famoso de ellos fue el del “cállate chachalaca”, pero también existieron actividades como la publicación de folletos promoviendo el voto, previniendo sobre el populismo, historietas en el DF en favor del candidato del PRD y muchas más. Hubo programas de TV, de radio, reportajes de diarios y miles de columnas que trataron sobre los candidatos.

¿Puede regularse todo eso bajo la premisa central de que sólo los partidos pueden intervenir en las campañas? Desde luego que no.

Intentarlo hacer es una misión imposible, como la práctica lo demostró, especialmente al contrastar dos hechos muy ilustrativos: el candidato del PRD aprovechó su puesto como jefe de gobierno del DF para colocarse como el candidato más popular durante mucho tiempo y, por su parte, el presidente no debía usar su posición para hacer lo mismo en favor de su partido.

Sean los que sean los partidos involucrados en esto, es obvio que las limitaciones que impone la ley son excesivas e irreales. Que un presidente no pueda hablar bien de su candidato preferido es limitar su libertad de expresión y la gente no es tonta como para creer que no apoya al candidato de su partido.

El candidato del PRD, por el contrario, sí gozó de libertades para lanzarse a su campaña, que es lo legal y todos esperaban que sucediera.

Y lo mismo va para asociaciones de ciudadanos, las que usted quiera, para que también ellas entren al juego democrático ejerciendo su libertad de expresión. Porque al final, la  hipótesis de tanta limitación es la creencia de que el ciudadano es un tonto que se ve afectado por todos y es incapaz de pensar por sí mismo… que votará como robot por quien sea que le haya afectado su cerebro.

No, los votantes somos más inteligentes de lo que piensa la ley. Sabemos que es obvio que Fox apoyara a Calderón y que el gobierno del DF apoyara a López Obrador.

Más aún, eso es información que nos sirve para valorar a los candidatos. Igual, también es información, que algún periódico apoye a alguno de los candidatos, o que lo haga alguna asociación, o que se saquen anuncios agresivos de ataque. Todo eso es información útil. Todo. Nos sirve para votar. Limitar esa información a que sólo provenga de los partidos es una expectativa irreal y dañina para el proceso.

Lo que nos debe preocupar principalmente no es eso, sino el fraude electoral en el momento de dar los votos y contarlos. En eso, por ejemplo, es admirable la disposición para limitar las casillas para voto de presidente a gente fuera de su zona, lo que evita acarreos locales (que se dieron según un reporte que tuve). También, es vital cuidar el condicionamiento de ayudas a cambio de votos.

Pero en lo que concierne a las comunicaciones abiertas y públicas, lo que debe imperar es la libertad irrestricta de todos los ciudadanos. Porque en una democracia, la información es vital y limitarla es un error, así sea insultante y agresiva. Los votantes somos gente pensante y sabemos si la aceptamos o no.

Creer que Fox no iba a apoyar a Calderón en todo lo que pudiera era igual de fantasioso que creer que López Obrador no aprovecharía su puesto para crearse una posición de ventaja en la carrera presidencial.

No creo que nuestras leyes electorales sean malas. Al contrario, pero ellas deben poner más énfasis en la validez de los votos que en la limitación de las libertades de expresión de quienes no son partidos políticos.


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