Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Comprar Esclavos: Mala Idea
Leonardo Girondella Mora
9 agosto 2007
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Uno de los temas favoritos de ContraPeso.info es el de los efectos no intencionales  Un artículo titulado Slavery, Snakes, and Switching: The Role of Incentives in Creating Unintended Consequences ha tratado el tema también y a él quiero hacer referencia aprovechando su información.

Imagine el lector que frente a sí tiene un problema a resolver, el de la esclavitud —no en épocas pasadas sino en los tiempos actuales, hoy mismo. Ahora mismo hay esclavitud en África, especialmente en Sudán. Hay robo de niños, tomados de sus aldeas, y transportados a mercados de esclavos a distancias enormes. Ése es el problema a resolver por el lector.

Desde luego, no hay una sola manera —pueden diseñarse varias estrategias. Una de ellas es la de reunir fondos por parte de personas preocupadas y usarlos para comprar a los esclavos en esos mercados: de esta manera se rescatarían a los niños secuestrados. Y así se hizo en los años 90. La cuestión ahora es considerar si esas buenas intenciones y ese dinero dieron el resultado deseado o no.

Los efectos de esas re-compras de personas produjeron, sin duda alguna, resultados positivos para quienes fueron beneficiados —ellos hubieran vivido el resto de sus vidas siendo esclavos. Sin embargo, rascando esta superficie, es una estrategia que no soporta una aplicación continua porque en realidad empeorará la situación: los rescates pagados se convirtieron en incentivos para los mercaderes para elevar su actividad.

Es una cuestión simple de entender —la compra de esclavos por parte de los bien intencionados elevó la cantidad demandada de esclavos, lo que subió su precio y fue un incentivo para elevar la oferta. Las buenas intenciones de personas genuinamente preocupadas en realidad empeoraron las cosas —fallaron estrepitosamente. Ignoraron a los incentivos, pusieron de lado las motivaciones de esos a quienes querían combatir.

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La clave está en comprender que las personas cambian sus acciones dependiendo de la situación en la que se encuentran —si están protegidas de despidos del trabajo actuarán de manera muy diferente que si están sujetas a despidos sin indemnización. La rebaja del precio de un bien o su alza es capaz de modificar la conducta de compra de la gente —la clave de esto, debo repetirlo, está en comprender que las conductas de las personas no son fijas. Y creer que lo son es un error común, como el de quienes re-compraban esclavos y creían que los mercaderes no modificarían su conducta ante el cambio de la situación.

Los economistas llaman incentivos a las situaciones que cambian las conductas personales —si una disposición gubernamental elevara el precio del boleto del cine en alguna ciudad es posible pronosticar algo seguro: no asistirán al cine la misma cantidad de personas que antes. Y si los gobernantes piensan que recolectarán una cantidad de dinero que es igual al número anterior de asistentes al cine multiplicado por el monto del impuesto estarán equivocadas —recolectarán menos de lo calculado.

Esto es candoroso y hasta infantil parece recordarlo, pero las autoridades y muchas otras personas cometen el error. Recuerdo que hace un tiempo las autoridades mexicanas dictaron impuestos adicionales a artículos de lujo, como el champán. Supongo que creyeron que recolectarían dinero creyendo que las personas no cambiarían su conducta —cualquiera hubiera podido prever que la demanda de esos bienes disminuiría y los impuestos serían menores a los esperados.

Las conductas de las personas cambian —si las situaciones son diferentes, ellas tenderán a acomodarse a la nueva situación con nuevas conductas. Es clave comprender que hay dinamismo en la conducta humana, que no se actúa de manera igual siempre. De allí que resulten acciones que estimulan otras, no necesariamente buenas.

Un ejemplo de esto: la marihuana es fácil de detectar, pero no otras drogas más fuertes —por lo que el establecimiento de sistemas que hacen pasar a los estudiantes por pruebas de consumo de drogas estarán cambiando la situación, y ella podrá hacer más probable el uso de drogas más potentes, pero no detectables con facilidad.

Además, como se dice en la columna que uso, cada caso debe examinarse con cuidado —como la historia del pueblo que quería deshacerse de serpientes y pagó a sus habitantes por presentarlas muertas, lo que originó la cría clandestina de esos animales y mayores ingresos a las personas.

O la compra de armas por parte de la autoridad, la que motivará a los ciudadanos a vender sus armas a precios bajos, pero no atraerá a esos para quienes las armas son un instrumento de trabajo. O la historia de la empresa que pagaba a sus secretarias por el número de teclas usadas durante el día y que encontró que algunas de ellas pasaban la hora de la comida apretando una de ellas.

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La realidad es que el mundo es complejo y quien no lo entiende cometerá errores severos —esperando un resultado probablemente tendrá otro, opuesto a sus deseos. Si bien esta idea es vieja y ha sido tratada con frecuencia, parece ser en realidad un tema nuevo para muchos. Aún maravilla el caso de la ciudad que para proteger el futuro de los infantes exigió un cierto nivel de ingresos a los que pedían licencia de matrimonio —el resultado real fue un número mayor de hijos ilegítimos.

De este principio de efectos no intencionales es imposible escapar —lo que sea que haga la autoridad o el ciudadano común tendrá efectos colaterales. Los economistas hablan de los incentivos y yo prefiero hablar de las situaciones. Aunque ambas cosas son lo mismo, la palabra “situación” me ayuda a entender algo más general y complejo que lo que implica la existencia o no de uno o varios incentivos.

Y, finalmente, la idea de que las personas responden como autómatas o ratas condicionadas es errónea porque ello supondría la posibilidad de predecir su conducta de manera muy precisa —y de hecho sucede lo opuesto: las personas reaccionan de maneras imprevistas, creativas e ingeniosas que no fueron supuestas con anticipación y que requieren de imaginación y prudencia entre quienes intentan predecirlas.

NOTA DEL EDITOR

• El autor del artículo al que se hace referencia es Glen Whitman quien tiene un blog aquí.

• El blog de Eamon Butler (Adam Smith Institute) reportó en mayo de este año que en Inglaterra la Better Regulation Commission estudió los efectos de las disposiciones gubernamentales de ese país para mejorar la comida en las escuelas. La realidad es que las cosas empeoraron: se quería tener comida más sana, pero lo que se logró fue tener comida menos apetecedora, lo que ha hecho que los niños no coman o lleven su comida de fuera. Y eso ha ocasionado otra intervención estatal, dice Butler, porque las autoridades han emprendido una campaña para publicitar la comida de las escuelas, con dinero de los contribuyentes, y para remediar la primera intervención.


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