Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Europa y su Economía
Leonardo Girondella Mora
21 marzo 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
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Me parece que las comparaciones son terribles y son odiadas porque tienen algún componente de verdad —y las verdades suelen ser al menos incómodas. Una de las ideas que esta página ha sostenido con diversas columnas es la del diferencial que existe entre ciertas economías y las de Europa, concretamente las de Francia y Alemania, cuyo desempeño es menor al esperado.

El mismo tópico fue tratado en 12 de febrero pasado por E. S. Phelps, Nobel de Economía en 2006 y publicado en el WSJ.

En resumen, la idea principal es la siguiente: Alemania, Francia e Italia tienen un desempeño económico menor al de otras economías como las de EEUU, Canadá, Irlanda e Inglaterra. Habla de productividad, desempleo e incluso de satisfacción en el trabajo.

La respuesta estándar para explicar esta diferencia es la de mencionar al estado de bienestar como el causante del pobre desempeño. Phelps dice que no —aunque yo pienso que sí tiene influencia en la mentalidad ciudadana el tener a un gobierno que se siente protector universal.

La causa que Phelps trata es la de la fertilidad —el dinamismo de la economía por causa de la innovación, un tema sobre el que escribí un comentario hace unos meses.

Ese dinamismo, según Phelps, es un nivel de fertilidad que se asocia con ideas de innovación con capacidad de generar ganancias —una especie de adicción a la generación, creación y realización de ideas con buenas probabilidades de ser ganadoras en los mercados. En pocas palabras, lo que conocemos como innovación, más las facilidades de implantarla.

Bajo esa visión, esos tres países europeos son menos fértiles que los EEUU, por ejemplo —menos empresas nuevas que llegan a ser grandes y menos empleados que tienen capacidad de decisión, en resumen, menos acciones creativas.

¿Cuál es la razón de esa penuria innovadora en Europa? La misma que argumentó en un artículo previo, el modelo económico de esos países que son capitalistas según la clasificación ortodoxa, pero que en realidad es no fértil —carecen de dinamismo, agilidad, energía, las palabras claves para definir al emprendedor.

Casi podría hablarse entonces de dos capitalismos, el del emprendedor y el de la regulación estatal —a más labor emprendedora, más trabajos, más empleos y más satisfacción personal, lo que alimenta un círculo virtuoso de productividad, salarios, innovación y más satisfacción. Con un capitalismo regulado, por Bruselas, con la emisión diaria de más de 7 regulaciones diarias, resulta  difícil innovar —el tiempo debe dedicarse a estar al día para cumplir con la ley.

La contribución de Phelps y que es digna de señalar de nuevo, es la distinción más refinada de regímenes que genéricamente son llamados capitalistas —¿qué tanta diferencia puede existir entre el capitalismo de Alemania y el de Irlanda?

En tiempos en los que se dice que el cambio es la constante que más se acelera, la idea del dinamismo es muy bienvenida. Phelps señala dos dimensiones, según les llama, de un régimen económico.

Una dimensión es la de las instituciones económicas —las que en Europa tienen instituciones  financieras que favorecen a los insiders, pero no a los nuevos jugadores; impedimentos al por mayor a los emprendedores; consumidores escasamente aventurados; intervención sindical en las empresas; y dirigismo estatal. Aquí están instituciones como las leyes laborales que protegen con exageración al trabajador, los excesivos trámites burocráticos y la obtención de permisos —es todo eso que encarece, según yo, la iniciativa del emprendedor.

La otra dimensión a la que hace referencia el autor es el de la cultura económica —los atributos o rasgos personales que influyen en el desempeño del país. Estoy ya en un terreno de valores, creencias y principios que guían las acciones de las personas dentro de un grupo o nación. Phelps reporta datos como el deseo de trabajos con oportunidades de logros: 42% en Francia pero en Canadá 73% igual que en EEUU.

Diferencias similares se dan en deseos de las personas de esos dos tipos de países —las economías más dinámicas manifiestan más deseos de iniciativa en el trabajo y empleos más interesantes con mayores responsabilidades.

Estoy en los campos que quizá Tocqueville llamaría del espíritu de riesgo donde a mayor aceptación de riesgos mayores probabilidades de avances y que, dados los resultados y evidencias, coloca a los países continentales de Europa en una posición de desventaja.

Aquí Phelps hace referencia a la misma idea de Harrison —y que sostiene que existen ideas congruentes con el desarrollo, pero que también las hay inconsistentes con él. Una de las ideas mencionadas es la de la protección contra las fuerzas del mercado —lo que trae a la mente la noción de la destrucción creativa de Schumpeter y hace pensar sobre el exceso al que puede llegar el deseo de no cambiar.

Igualmente, se encuentran en Europa ideas como la de los stakeholders que producen complicación de decisiones y en general la preponderancia de los grupos y colectividades —lo que en conjunto refuerza la intervención estatal como árbitro de intereses opuestos y que en un ambiente intelectual que desdeña lo comercial produce eso precisamente, una economía que es estéril y conformista.

No pienso que Phelps haya descubierto nada nuevo en su columna —pero sí creo que ha puesto el dedo en el renglón adecuado, en el que explica muy bien lo que quizá sea la causa del desarrollo. Se sabe que sin acumulación de capital no se progresa, pero entonces el problema es determinar lo que causa esa acumulación, lo que inevitablemente produce la respuesta última: el hombre y sus ideas, y las instituciones sobre ellas creadas.

De allí que se pueda ir un paso más allá de Phelps. Él clasifica a las economías en las que son fértiles y las que son estériles —la diferencia estriba en su sentido de innovación y riesgo en oposición a protección y salvaguardas.

Yo me atrevo a clasificarlas en algo más simple, las que son libres y las que no lo son —y bajo esta óptica una economía como la de EEUU o la de Canadá serían mucho más libres que las de Alemania o Francia. O quizá puedan bautizarse como economías de emprendedores a las más libres.


 

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