Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Prohibido Usar Palabras Extranjeras
Eduardo García Gaspar
28 diciembre 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Si la libertad de expresión es una considerada como sagrada y ha sido puesta en un altar, de ello se siguen conclusiones que sin embargo no todos aceptan. Por ejemplo, me parecería incongruente que yo pueda decir lo que se me venga en gana, pero que al mismo tiempo no pueda realizar el negocio que quiera, como producir electricidad en México, ni explotar petróleo.

Eso que sucede en México es como si en la libertad de expresión, alguien dijera que de todo se puede hablar, menos de, por ejemplo, presupuestos públicos o filosofía medieval. El asunto sería tan ridículo que todos se reirían y, a pesar de eso, la misma situación se da en la economía: usted no puede traer del extranjero cierto productos, pero sí puede traer todas las ideas que se le ocurran.

¿Es una contradicción? Desde luego que sí. Imagine usted que un gobierno prohiba traer del extranjero una expresión, como savoir faire o know-how. El asunto es tonto, pero si usted aplica esa misma tontería en economía muchos aplaudirían: no traer del extranjero, por ejemplo azúcar, o maíz, o ropa. Y, en caso de usar alguna palabra importada, entonces quizá pagaría un impuesto. No tiene sentido, pero es la realidad.

Igual que se valora la libertad de expresión, se valora la libertad de creencia, la que se manifiesta principalmente en la decisión personal de seleccionar la religión que usted desee sin que nadie le obligue a hacerlo, o renunciar a ella, lo que incluye la posibilidad de simplemente no pertenecer a religión alguna. Usted puede entrar y salir de una religión en cuestión de segundos, sin trámites, pero para abrir un negocio, el que sea, en México usted necesita pedir permisos que tardan en promedio 27 días.

Si usted no quiere dar el diezmo a una iglesia o su equivalente, nadie hay que lo obligue, pero el gobierno mexicano le obliga a dar dinero 27 veces al año y dedicar al trámite unas 14 semanas (en caso de ser una empresa mediana promedio). No se entiende.

Mi punto es sencillo: las libertades humanas han sido exaltadas incluso hasta el paroxismo, pero en el momento de hablar de la libertad económica ella se torna en una excepción. Se es libre para todo, menos en las cuestiones de negocios, donde las libertades son coartadas una y otra vez sin que eso se considere una violación a los derechos humanos.

En otras palabras, la violación de las libertades humanas es un asunto de rasgarse las vestiduras, excepto en el terreno de las libertades económicas. Yo puedo escribir aquí lo que se me ocurra, sin pedir licencia a nadie, pero si se me ocurriera producir electricidad o gasolina, eso no lo podría hacer en este país. Una cosa no va con la otra.

La explicación del absurdo quizá pueda verse mayormente en un vicio de ideas que se combinan en una mentalidad que no encuentra contradicción en esa situación absurda. Si acaso a algún socialista se le limita su libertad de expresión, él gritará quejándose con ímpetu de una violación a sus libertades y tendrá razón. Pero ese mismo socialista con igual ímpetu limitará las libertades económicas del resto de las personas, sin darse cuenta de que también está violando libertades.

Existen gobiernos que consistentemente violan esas libertades económicas. En Canadá, por ejemplo, como en otras muchas partes, usted no puede ir con el doctor que desee ni al hospital que le venga en gana. Y un doctor sólo puede trabajar para el gobierno. Si eso mismo se hiciera con los periódicos en ese país y todos ellos fueran propiedad del gobierno, todos pensarían que se trata de una violación de las libertades. Con los periódicos sí, pero no con los hospitales. Extraña manera de pensar.

Quizá sea que muchas personas no entienden los mercados libres y que ellos poco tienen de diferente con respecto a los “mercados” religiosos, o de expresión. Sea en economía o en religión o en expresión, se trata de una libre circulación de cosas que son creadas y ofrecidas por unas personas a otras que las eligen o no. A nadie se le ocurriría tener un control del número de mandamientos religiosos, pero sí un control de precios. Es tonto.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





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