Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Caracoles Intervencionistas
Eduardo García Gaspar
21 noviembre 2008
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


La queja más común en contra de la manipulación de precios por parte de un gobierno es la distorsión que crea: los precios artificiales producen malas decisiones de compra y venta, desperdiciando recursos que siempre son limitados. Hay un ejemplo muy claro de esto.

El precio de la gasolina en México no se mueve de acuerdo con la tendencias del mercado, sino de acuerdo con lo que se piensa en las oficinas de algunos burócratas. Por la razón que usted quiera, los precios de la gasolina en este país no son los que se tendrían en un mercado real. Por necesidad, las decisiones de producción y consumo de ese bien son erróneas.

Cuando los precios internacionales estaban altos, los gobernantes mexicanos decidieron mantenerlos bajos y eso tuvo dos consecuencias: un gasto extra de recursos públicos en subsidios y un desperdicio de gasolina por parte del consumidor (a precios mayores hubiera habido un consumo más cuidadoso).

Ahora se da un caso interesante: los precios reales de la gasolina en EEUU son más bajos que los precios artificiales en México. Por consecuencia, los mexicanos no tenemos el beneficio de un producto más barato y eso empobrece a la gente dando dinero adicional e indebido al gobierno (es un impuesto adicional que no ha pasado por los legisladores).

La queja de la distorsión de precios es cierta y ocasiona decisiones malas en la economía del país, una causa de subdesarrollo. Eso se sabe y no hay mucho más que agregar al respecto. Pero hay otra cuestión un tanto curiosa que debe ponerse sobre la mesa.

Uno de los motivos por los que los gobernantes deciden manipular precios es lo que ellos llaman “demasiada volatilidad.” La excusa de los gobernantes va más o menos así: los precios reales en un mercado libre se mueven con demasiada rapidez y eso no es bueno, por lo que esa volatilidad debe ser evitada con precio determinados por las autoridades.

Si se argumenta que la volatilidad de los precios es mala, entonces eso significa que la rapidez de las decisiones también lo es. Sería el equivalente, en serio, a decir que las ambulancias llegan con demasiada rapidez a atender a los heridos; o que los corredores en las olimpiadas ganaran medallas corriendo más lento. Hablar de volatilidad suena mal, pero en realidad se trata de velocidad de respuesta.

Y esa velocidad de respuesta es vital para manejar los recursos con responsabilidad. Usted quiere que los bomberos lleguen rápido, que sus problemas se resuelvan de inmediato. La velocidad de respuesta de un mercado libre es una de sus mejores cualidades. La lentitud y pachorra burocráticas son dañinas. Son como caracoles con decisiones equivocadas.

Es decir, la manipulación gubernamental de precios produce decisiones malas en el uso de los recursos y hace lenta la solución de los problemas. El tema bien vale una segunda opinión para señalar que la queja de que lo que es muy volátil debe tratar de ser corregido es exactamente lo contrario de lo que debe hacerse. La volatilidad es buena, igual que la rapidez con la que actúan las medicinas.

Aunque el caso tratado es mexicano, la aplicación es universal. Cuando usted escuche a un gobernante hablar de lo conveniente que sería manipular los precios de un mercado cualquiera porque son muy volátiles, entonces preocúpese porque va a crearse un problema innecesario, en medio de aplausos al gobernante.

Desde luego, habrá personas que estén de acuerdo con lo que el gobernante haga manipulando precios. Ellas son las que se favorecen con ese manejo de precios. Pero la situación creada es artificial y no puede durar mucho. Tarde o temprano la realidad se impondrá, como ahora lo estamos viviendo: se manipuló el costo de crédito con la intención de lograr prosperidad.

El resultado, por supuesto, fue un boom económico que contenía un pequeño detalle: los incentivos al ahorro eran negativos y en realidad las personas recibían estímulos para gastar y no ahorrar. Manipular el costo del crédito es igual a manipular el precio de la gasolina, o de cualquier otro bien.

Los mercados libres con precios volátiles y reales no son perfectos y tienen fallas, pero su solución no es un manejo artificial de ellos. El intervencionismo estatal también tiene fallas, que son mayores y suelen retardar la llegada de las soluciones, como se ha afirmado que sucedió con la Gran Depresión.

Post Scriptum

Una extraordinaria explicación del sistema de precios, de M. Friedman, está en Tan Bueno Que Pocos Lo Ven. En Consejos Desoídos, de Everardo Elizondo, hay una sabia meditación sobre la naturaleza de la Economía.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




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