Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Gran Miope Nos Guía
Eduardo García Gaspar
8 enero 2009
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Hubo hace poco tiempo una iniciativa por demás interesante en los EEUU. Varias personas, entre ellas gente del New York Times y de NBC, que propusieron que se estableciera un impuesto a la gasolina, de tal manera que el precio se mantuviera en los cuatro dólares por galón. Muchos aplaudirán la sugerencia.

Este tipo de propuestas son llamadas por lo general, “ingeniería social”. Mises las agrupaba dentro del “destruccionismo” económico.

Se refiere a medidas de intervención estatal en la sociedad, no sólo en cuestiones económicas, que persiguen objetivos considerados positivos. En este caso, el dinero cobrado por la autoridad se usaría para financiar fuentes alternas de energía y, en mucho, cambiar los patrones de conducta de la gente.

La ingeniería social contiene un elemento siempre, el de las metas admirables. Como en este caso encontrar energía menos contaminante. Pero siempre también contiene otro elemento, el de ignorar los efectos colaterales de sus propuestas. Se necesita ser un lunático para recomendar elevar precios en medio de una recesión.

La cuestión es realmente al revés. Fue reportado que en realidad el nuevo gobierno estadounidense piensa hacer lo opuesto. Lejos de elevar impuestos, planea recortarlos: unos 300 mil millones de dólares de impuestos menores a empresas y personas.

Esto implica una especie de ingeniería social en reversa: menos impuestos para reanimar a la economía significa el reconocimiento de que los impuestos altos la dañan y, por consecuencia inevitable, lo mejor que puede hacerse en tener impuestos bajos, muy bajos. Cuanto más bajos, mejor para la gente.

Y si lo anterior es cierto, entonces hay otra verdad aún mayor: lo mejor que puede hacerse es dejar en manos de las personas las decisiones de gasto, compra, inversión, ahorro. Son ellas las que generan riqueza, son las que saben más y, más aún, su bienestar disminuye en proporción al dinero que un gobierno les quita.

Si algún ingeniero social tiene la fabulosa idea de crear un impuesto especial, el que sea, para lograr el mejor de sus sueños, deberá entonces darse cuenta de que una consecuencia inevitable de su propuesta será quitar dinero a las personas, es decir, disminuir su bienestar. Tendría entonces que considerarse este efecto negativo. No hacerlo sería una irresponsabilidad mayor.

Recientemente, en el New York Times apareció una columna titulada Dejar de Ser Estúpidos, de Bob Herbert. Su base era una frase, la de invertir en los EEUU. Entre las propuestas estaba manipular el crédito para evitar consumo, reducir el comercio internacional, aumentar regulaciones gubernamentales. En resumen, más ingeniería social con buenas intenciones y más estupideces por hacer.

Las decisiones gubernamentales deben considerar los efectos colaterales y de largo plazo en todas las personas. Justificar medidas por efectos inmediatos en un campo reducido es un acto de imprudencia. Sólo ignorando esto es posible creer que un impuesto alto a la gasolina, o la reducción del comercio internacional serán de beneficio.

En México, por ejemplo, ha sido propuesto con gran seriedad la manipulación de la tasa de interés del crédito para fomentar a la economía. ¿Suena bien?

Desde luego, porque se ven los resultados inmediatos en un grupo, el que pide crédito. Pero se ignora al que presta y la construcción de una burbuja crediticia futura que lleva a una crisis. Desde luego, debe entenderse que existen buenas intenciones, pero también que es necesario considerar los efectos totales de largo plazo.

Y, por supuesto, está la admirable situación del que viendo sus intereses propios pide la intervención gubernamental inmediata para típicamente proteger su industria y con ello el empleo y la soberanía nacional. Admirables objetivos que sólo pueden lograrse dañando a otros y empobreciendo al país. Todo por esa miopía que producen las buenas intenciones.

Consecuentemente, la ingeniería social es ciega casi, pero es la que hace de guía al gobernante. Así no pueden tenerse buenos resultados. Ninguna decisión puede ser buena si se dejan de considerar sus efectos totales y en el largo plazo.

Post Scriptum

El tema central de lo anterior es la tesis de que funciona mejor un mercado libre que un mercado dirigido por el gobierno; de que contiene menos fallas la mano invisible que la mano visible; de que el interés propio produce mejores resultados que el altruismo gubernamental.  No significa que un mercado libre sea perfecto y carezca de fallas, lo que con demasiada frecuencia suelen suponer los socialistas que es afirmado por los liberales. Sí significa que los mercados libres tienen fallas, pero que ellas son menores a las que tiene la intervención estatal indiscriminada.


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