Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Rebotes de Decisiones
Eduardo García Gaspar
3 junio 2009
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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El tema es uno muy útil, el de los efectos no intencionales de decisiones humanas y que tiene una gran aplicación en medidas gubernamentales. Suele ser poco tratado en general, y menos aún entre gobernantes.

Un ejemplo aclarará esto. Si en algún país se cierran las fronteras a mercancías extranjeras con el pretexto de desarrollar a la industria local, se sufrirán efectos colaterales de importancia: elevación del contrabando, aumento de precios locales, disminución de la calidad de lo producido localmente y otras cosas más.

Recientemente se registró otra situación similar. Los mayores estándares obligatorios de más kilometraje por litro de gasolina en los EEUU persiguen sin duda alguna un buen objetivo. La mayor productividad en el transporte libera recursos para ser usados en otras cosas y eso eleva el bienestar.

En el caso del kilometraje se desea depender menos del petróleo, pero con un poco de prudencia y sentido común, hay que ver más allá de la meta que se persigue. Si las personas que conducen autos perciben que pueden usar más su coche por el mismo precio, quizá lo hagan. Al menos en alguna proporción.

Esto puede llamarse rebote de consumo: un bien que baja de precio puede producir una elevación del monto de su uso. En este caso, más kilometraje por litro puede elevar el número de kilómetros conducidos por las personas. ¿En qué monto? Nadie lo sabe. Tendrá que esperarse a ver resultados y muchas variables pueden alterarlos.

La cosa es más compleja aún. Si los nuevos autos más eficientes (35.5 millas por galón) son muy caros, la tasa de reemplazo de autos será menos que la que se tendría con precios bajos de esos coches. ¿Cuál será la mezcla de coches viejos y nuevos en 2016? Tampoco lo podemos saber con seguridad.

Y menos aún sabemos el precio de la gasolina en años futuros. Todo esto es una buena muestra de la complejidad de nuestra sociedad y su economía. Mover un precio en un producto, el que sea, produce efectos en otros bienes y afecta la conducta de compradores y productores.

Esta es la gran dificultad que presentan las decisiones de gobiernos intervencionistas. Por ejemplo, en México algunos legisladores opinan que las tasas de crédito deben ser reguladas por el gobierno, con la meta de lograr el bienestar social. El problema es, desde luego, que eso no dice nada. Una elevación de las tasas puede ser buena para la economía bajo ciertas condiciones, lo mismo que una reducción.

Si por decreto se reducen las tasas de interés en los créditos al consumo, habrá efectos colaterales no deseables: daño al ahorrador que sufrirá tasas bajas y quizá decida ahorrar menos, mayor dureza en la selección de acreedores lo que limitará créditos a los de menos ingresos, demanda artificial de bienes de consumo…

El tema merece una segunda opinión para poner en la mesa el tema, que es por lo que se ve, uno prácticamente desconocido: queriendo hacer grandes bienes pueden crearse males peores. Uno de los más clásicos casos es el de la ley laboral mexicana, que queriendo proteger al trabajador ya empleado lastima severamente al desempleado reduciendo sus oportunidades de empleo.

¿Qué sucederá en el caso de la gasolina? Hay estudios que tratan de predecirlo. Todos ellos indican datos variables: rebotes que van de menos del 5 por ciento hasta algo más del triple de eso. Pero todo será alterado por otras variables en un proceso de extrema complejidad y que hace imposible la predicción del futuro.

Creo que todo lo que puede hacerse es llamar la atención sobre el fenómeno de los efectos no intencionales e incorporarlos en las decisiones que tomamos en lo personal, pero muy especialmente en los gobiernos. Muchas de sus medidas persiguen los objetivos más dignos de elogios, pero eso no basta si no se examinan los efectos colaterales que se tengan.

Es decir, se necesita que los gobernantes posean un cierto nivel de refinamiento en su pensar, lo que parece a veces una misión en extremo difícil. Cuando, por ejemplo, se tomaron medidas contra la nueva influenza en México, debió considerarse la serie de efectos colaterales, como la pérdida de 55 mil empleos en 6,500 restaurantes.

Al final de cuentas, todo esto es en esencia aplicar a las decisiones de gobierno la cualidad más valiosa que puede tener un gobernante, la de la prudencia.


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