Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
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Leonardo Girondella Mora
23 junio 2011
Sección: ETICA, Sección: Asuntos
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La idea central de un código ético es la existencia de bienes y males —el problema que sigue es el de saber qué es lo que constituye un bien y un mal.

La lógica es la misma, como quiera que se definan el bien y el mal: debe hacerse eso que es bueno y evitarse eso que es malo, un asunto interesante porque necesariamente supone la existencia de libertad, el poder hacer el mal o el bien.

Entonces, todo código moral o ético da como dada la condición de libertad de la persona —sin libertad sería un sinsentido tener reglas que manden a evitar lo malo y procurar lo bueno. Una vez visto eso, se mantiene el problema, el de cómo saber qué es lo bueno y qué es lo malo.

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Por necesidad obvia, de esa definición dependerán las reglas morales o éticas que conformen el código de conducta. Si se considera buena a la vida, resulta natural que el código moral de allí derivado contenga mandatos que clasifiquen como malo al asesinato y como buena a la salud.

De lo anterior de puede concluir que pueden existir diversos códigos de moral, dependiendo de eso que se considere bueno como punto de partida —y si se llegase a considerar que nada hay bueno ni nada hay malo, la conclusión sería la natural: no habría necesidad de un código moral que sirviera de guía a la libertad humana.

Quizá, por tanto, de todo lo anterior el primer paso necesario para determinar qué es lo bueno y qué es lo malo parte de un paso claro muy previo a la existencia de un código de reglas morales y aún más previo que la existencia de leyes. Es el paso de la determinación de lo que es bueno.

¿Bueno para quién? La respuesta es sencilla: para el ser humano porque será el el sujeto de las reglas y mandatos morales.

Una forma muy razonable de solucionar el problema de la determinación de lo bueno y lo malo es comenzar por establecer un número de bienes convenientes al ser humano —una pequeña lista de cosas muy fundamentales considerados un bien en sí mismas. Por ejemplo, la siguiente lista:

  • Vida, el existir, el tener vida.
  • Conocimiento, el saber, el usar la inteligencia, el estar enterados.
  • Juego, la diversión, el entretenimiento, la distracción, la risa.
  • Experiencia estética, la belleza, el crear belleza y capacidad de admirarla.
  • Sociabilidad, el vivir en compañía de otros, la familia, la amistad, la colaboración mutua.
  • Razón, el uso de la inteligencia, la razón práctica, el pensar.
  • Religión, la espiritualidad, las creencias sobrenaturales, la fe.

Viene ahora otra dificultad. Si se acepta, por el momento, esa lista, ella o cualquier otra debe justificarse y eso es un problema serio si se quiere hacer bien.

Una manera de justificar esas cosas buenas es admitirlas como evidentes por sí mismas —por ejemplo, es obvio que la experiencia de la belleza es buena, o que también lo es la amistad.

Otra manera de justificar esas cosas buenas es pensar en un escenario en el que ellas no fueran valores fundamentales —una sociedad, por ejemplo, en la que la vida no fuera considerada de alto valor, o una en la que se impidiera el uso de la razón. Intuitivamente se rechazan esas posibilidades, lo que le da peso a considerar buenas a esas cosas tan básicas.

Existe aún otra manera de justificar valores evidentes por sí mismos, como esos —la creencia cristiana en que esos valores han sido inscritos por Dios en el corazón humano, lo que se llama conciencia.

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Supóngase ahora que se ha aceptado esa lista de cosas buenas porque son esenciales para la naturaleza humana —el siguiente paso lógico sería derivar grandes normas morales consistentes con esos grandes valores.

Por ejemplo, el considerar un gran valor a la vida obliga a un mandato central que es el no matar, pero también a otro que es el cuidar la vida y, por lógica, la salud.

Si se juzga como positivo al conocimiento, necesariamente se deduce un mandato general que manda realizar actos que conducen al conocimiento —y considera como un negativo a la ignorancia.

Es decir, de cada uno de esos valores evidentes en sí mismos surgen mandatos congruentes, tanto en sentido positivo, como negativo. Si es buena la colaboración y la sociabilidad, es bueno todo lo que la fomente, como la ayuda mutua —ye resulta malo lo que la ataque, como la mentira y el fraude.

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Apuntar lo anterior es una buena manera de entender la función de un código moral, que es el servir de guía a la libertad humana para que puedan facilitarse las decisiones personales y se realicen conductas congruentes con la misma naturaleza humana.

Tomar esos valores humanos evidentes en sí mismos y proceder tomándolos como base para crear un código completo de mandatos y reglas morales es una tarea gigantesca —requiere las mentes de muchos y el transcurrir de muchos años. Esto se ha logrado en un efecto acumulado de siglos y a lo que puede llamarse tradición moral.

No es una tarea que esté terminada, ni ha sido una trayectoria sin dificultades —con frecuencia hay ideas en contra, o a favor de ciertas nociones muy básicas o de detalle. Pero esa es la vida humana, en mucho dedicada a la tarea de completar ese código moral bajo circunstancias nuevas.

Finalmente, lo que queda claro es que lo bueno y lo malo parte de la naturaleza humana, de lo que es el ser humano. No es algo que dependa de la voluntad propia. Es algo que depende de reconocer la verdad sobre la misma persona humana.

Sin esa verdad se estará en un vacío ético o moral que hará de la libertad una serie de conductas sin sentido.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Vacío Moral.

El mérito de Girondella es mostrar que la libertad necesita un código moral y que esa necesidad es irrebatible: una libertad sin mandatos morales que busquen lo bueno y eviten lo malo es una libertad sin sentido.

¿De donde salen esos mandatos morales? De eso que se llama “bienes humanos”, cosas que en sí mismas son buenas sin necesidad de demostración, o mejor aún, cosas cuya negación significaría la existencia de una realidad indeseable. Sin en reconocimiento de esos bienes nos encontraríamos en un vacío moral y, por tanto, en una libertad sin sentido.

Por abstracto e inútil que parezcan estas consideraciones, ellas tienen repercusiones vitales, como la imposibilidad de que el bien y el mal sea determinado por la ley. Todo lo que puede hacer una ley es reconocer esos bienes y actuar en consecuencia.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



1 comentario en “Empieza en Nosotros”
  1. ARTURO GUTIERREZ Dijo:

    El artículo si bien “pretende” hacer una reflexión acerca de las motivaciones morales que implica los conceptos de bien y mal, cae en una profunda ambigüedad ya que si bien resulta complicado definir ambos conceptos, es un elementos fundamental que debe ser el punto de partida de su reflexión.

    Es muy fácil decir que al no existir códigos de conducta que nos definan con claridad que es lo bueno y lo malo, es también cierto que es una necesidad avanzar en este punto si usted desea adentrarse en un análisis profundo y serio del tema debería partir sobre la fenomenología de lo que usted llama moral. Por principio de cuentas, el termino moral deriva de la palabra moral que significa literalmente costumbre, luego entonces la costumbre es el principio y origen del comportamiento social (si quiere saber sobre ello yo le aconsejo leer Jhon Rawls o cualquier contractualista), de tal manera que la costumbre por escencia es el fundamento no sólo de la Ley sino además del comportamiento moral.

    Ahora bien, la costumbre históricamente ha determinado que los valores tales como el respeto a la vida, a la dignidad, y un largo etcétera, no derivan de lo que nos parece o no estar bien o mal, sino de una tradición histórico social que ha persistido hasta nuestros días, y que plantea que dichos valores no originados por un código moral.

    Errores como los anteriores, son frecuentes cuando se trata de hacer análisis sin contemplar la parte histórico-social, pero sobre todo, cuando se sacan conclusiones como las del articulo “La ley es reconocer esos bienes y actuar en consecuencia”. Conclusiones como esas son comunes cuando no se reflexiona sobre el origen de la moral y la ley como si ambas fueran fenómenos ajenos, nada mas equivocado. La costumbre es la madre de la moral y por supuesto, de la ley.

    NOTA DEL EDITOR: Gracias por su comentario. Su punto parecec ser el decir que las costumbres dictan a la moral, de hábitos arraigados. Muy bien, queda ahora por explicar el por qué de esas costumbres, qué las originó y la razón por la que se parecen tanto en tantas partes. Debió haber algo anterior a la costumbre de, por ejemplo, considerar negativa a la mentira y volver una costumbre el decir la verdad. Ésa es la idea de la columna, hablar de cosas evidentes por sí mismas, que se consideran bienes humanos.





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