Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es Mejor Gastar Uno Mismo
Leonardo Girondella Mora
8 febrero 2011
Sección: GOBIERNO, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


Uno de los clisés más establecidos en Economía es el que hace una afirmación — decir que el gobierno tiene la capacidad de crear empleos mediante el gasto que realiza: a más gasto, mejor para revitalizar a la economía creando empleos.

Si se cree que es cierto que los gobiernos pueden crear empleos por medio de su gasto, se llega a otra conclusión natural —se llega a pensar que a más gasto gubernamental mejor estará la economía, entonces también se piensa que a más impuestos, mejor. Una idea realmente absurda.

Sin recurrir a complicados explicaciones —sino con mero sentido común—, puede explorarse esa creencia, la de proponer que el gasto gubernamental crea empleos y reanima a economías deprimidas. Anoto las siguientes ideas.

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Es innegable y una verdad absoluta que los ingresos gubernamentales tienen una fuente, los impuestos. Los impuestos son retiros de recursos del ciudadano y que se transfieren al gobierno.

Pueden llamarse impuestos o de otra manera, pero son esas transferencias de recursos. El gasto gubernamental es posible porque en una etapa anterior existió ese traslado de recursos del ciudadano al gobierno.

Esta es otra verdad incontrovertible —que lleva a una conclusión indudable: el gasto gubernamental es realizado con fondos que antes fueron del ciudadano.

Se está hablando, por tanto, de dos gastos posibles —el del ciudadano y el del gobierno.

Sin impuestos, el ciudadano gastaría sus ingresos totales de acuerdo con sus decisiones personales. Pero al serle cobrados impuestos, gasta una parte menor de sus ingresos totales en la búsqueda de su bienestar.

El gobierno gasta los impuestos de acuerdo con sus decisiones y ese gasto es diferente al del ciudadano, lo que permite llegar a otra verdad incuestionable: el gasto de gobierno se hace con recursos propiedad del ciudadano y de una manera con la que el ciudadano no coincidiría.

Por ejemplo, un gobierno gasta subsidiando el desarrollo de energías alternativas, como la eólica, o financiando los fondos de pensiones agotadas de burócratas —un gasto que, sin duda, no haría el ciudadano, el que quizá con ese dinero hubiera pagado parte de la educación de sus hijos, o comprado una televisión, o ampliado su negocio.

En el fondo, es obvio, los dos gastos hubieran creado o mantenido empleos, pero en diferentes sectores.

Lo único que ha hecho el gasto gubernamental es fomentar el empleo en campos en los que no lo hubiera hecho el ciudadano. La creación de empleos, si se logra por gasto, no importa quién lo haga.

La conclusión es lógica: el gasto gubernamental puede crear empleos, pero también lo puede hacer el gasto del ciudadano. No tiene sentido decir que es bueno que el gobierno gaste para crear empleo si lo mismo puede hacer el gasto del ciudadano.

Bajo esta conclusión daría lo mismo quién gastara, el gobierno y el ciudadano —porque el gasto de ambos crearía empleos en más o menos las mismas cantidades. Sería indiferente, para crear empleos, usar al gasto de gobierno o al gasto privado.

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Pero no es indiferente. El gasto privado es mejor por varias razones.

El gasto público se hace principalmente bajo criterios que benefician al gobernante —el bienestar posible del ciudadano se reduce: hubiera gastado esos recursos en su bienestar y, en cambio, los gasta el gobernante en el suyo y que no es necesariamente el bienestar común.

Los recursos recolectados no llegan todos al fin que persiguen —una buena parte de ellos son dedicados a gastos burocráticos, del mantenimiento de ese aparato. Otras porciones del gasto público se desperdician en corrupción, nepotismo y similares.

Los recursos gastados por el gobierno siguen patrones con prioridades distintas a las de los ciudadanos y van a sectores que los ciudadanos no consideran necesarios para ellos.

Así llego a la demostración de que el gasto gubernamental no crea más empleos de los que puede crear el gasto privado del ciudadano —y, más aún, ese gasto privado es más eficiente y crea más bienestar común.

Addendum

Después de escribir esta columna, al ser revisada, se me comentó un olvido —dejé de mencionar el que los gobiernos tienen responsabilidades que son de bienestar general. Es incuestionable que eso sucede en terrenos como la emisión de leyes, los servicios de policía y justicia, amén de otros similares.

Fuera de ellos, no tiene sentido ampliar los impuestos para cubrir el costo de esos servicios. Mucho menos para crear empleos, lo que sería negativo como expliqué.

Añado una insistencia mayor en la idea tan desafortunada de que el gasto gubernamental crea empleos —creo que en realidad crea menos empleos que los que produciría el gasto privado.

Y añado otro olvido: la elevación del gasto de gobierno para crear empleos suele ir acompañada por la elevación de la deuda pública, lo que es igual a impuestos futuros aplicados a ciudadanos que también hubieran creado empleos con su gasto —más empleos, en áreas más necesitadas por ellos y para su mayor bienestar.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre los temas tratados en ContraPeso.info: Finanzas Públicas y en ContraPeso.info: Empleo.

La idea de esta columna recuerda mucho a F. Bastiat y su noción de diferenciar entre lo que se ve y lo que no se ve en la economía de un país. En este caso, se vería con facilidad la creación de empleos producida por una elevación del gasto de gobierno, pero sería mucho más difícil hacer ver la creación de empleos que se hubiiera tenido si ese dinero hubiera permanecido en manos privadas.

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