Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Noche, Una Camiseta
Eduardo García Gaspar
28 noviembre 2011
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es la época de compras. Los comercios hacen promociones y los consumidores, algunos de ellos, hacen cosas muy curiosas.

Como hacer fila, con días de anticipación, para aprovechar las rebajas.

Los días de los reportajes sobre tal o cual persona que acampó días antes fuera de la tienda.

Conductas extrañas, fuera de norma, que merecen un poco de atención en los medios. Se me cuenta que una persona hizo eso mismo antes de la apertura de una tienda de Krispy Kreme, los de las donas o rosquillas.

Su premio por ser el primer cliente: una camiseta con logotipo y cierto número de donas gratis durante un año.

Las conductas de ese tipo merecen una segunda opinión.

No es una cuestión de crítica ante acciones estrafalarias e insólitas. Es más un asunto que permite examinar el proceso de toma de decisiones que mueve a la economía.

Partamos de una realidad innegable: si una persona hace algo de manera voluntaria es porque esa acción le representa un beneficio mayor al de otras acciones alternas.

Si usted o yo hacemos fila desde el día anterior, con una tienda de campaña, durmiendo allí, para ser el primero en entrar por la puerta de Krispy Kreme, es porque eso nos beneficia más que hacer cualquier otra cosa.

Lo mismo para el que espera varios días antes de las rebajas, para comprar una televisión plana con descuento.

El mismo mecanismo lo hacemos todos. Lo que varía son nuestros cálculos. Para la mayoría, el costo total de dormir fuera de la tienda para tener una camiseta y donas gratis, es mayor que el de dejar de dormir en casa y cumplir en el trabajo.

Lo que hacemos es un cálculo de costos y beneficios contra otras posibles acciones. No es complicado.

Para unos, ese cálculo les resulta en la decisión de hacer fila durante días, pasando las noches fuera de la tienda, para ahorrarse una cierta cantidad de dinero comprando televisores, u otras cosas.

Para otros, ese mismo cálculo les resulta en decidir hacer otra cosa, como dormir en casa y llevar la vida normal diaria. Son cálculos perfectamente racionales.

Pueden dar la apariencia de ser locuras, pero son simples resultados de cálculos de los que no nos damos cuenta. Un amigo al que le pareció tonto lo que hizo el primer cliente de Krispy Kreme, de seguro ha hecho algo que a ese cliente le parecería igualmente estrafalario, como comprar una estampilla de correo que vale mucho dinero.

Es ahora cuando las cosas se ponen realmente interesantes.

Los cálculos no pueden ser criticados. Son racionales en sí mismos. Son el resultado de valoraciones de costos y beneficios de acciones posibles, entre las que seleccionamos una, la que resulta en mayor beneficio neto.

Lo que sí puede ser criticado es el objetivo buscado. Un ejemplo: cierta persona compró un auto de súper lujo al mismo tiempo que debía la colegiatura de sus hijos, alegando a la escuela que no tenía para pagarla. En sus cálculos valía más el auto que la escuela y eso sí puede ser sujeto de valoración.

Estamos en el terreno de los intercambios. Todos realizados por iniciativa propia bajo el principio de que las dos partes ganan.

El primer cliente de esa tienda de Krispy Kreme pagó un precio total (tiempo, molestias, dinero) que consideró inferior al beneficio de la camiseta y las donas gratuitas posteriores. Para él, esa fue la mejor decisión posible en ese momento.

Krispy Kreme ganó también, muy posiblemente sólo en la promoción de tan extraña conducta, que le dio espacio en los medios y un tema de conversación entre muchas otras personas.

Eso mismo sucede millones de veces en cada ciudad, a diario, cada vez que compramos algo. El resultado es un beneficio mutuo, una ganancia para los dos. Eso es lo asombroso.

Es tan obvio y cotidiano que pasa desapercibido. La inmensa mayoría de las personas lo hacemos de manera tan automática que no nos damos cuenta. Nuestros cálculos son intuitivos. En nuestra misma naturaleza está el intercambiar.

Es algo que hay que descubrir para admirar sus resultados, aunque sea viendo lo insólito de intercambiar noches incómodas por una camiseta.

Post Scriptum

Es tan natural el hacer intercambios, tan intuitivo, que es común equivocar su comprensión. Esos errores son de dos tipos.

• Uno de ellos, herencia del marxismo, es concluir que el vendedor gana el dinero y el comprador lo pierde. El error consiste en no ver la otra parte de la ecuación: el comprador obtiene el bien y el vendedor lo pierde.

• Otro es el ver el intercambio como una situación sin ganancia para nadie. El comprador pierde el dinero y gana el bien; el vendedor gana el dinero y pierde el bien. Se concluye equivocadamente que eso da una situación de cero utilidad neta para ambos.

La falla de este error es ignorar la diferencia en la valuación de lo intercambiado: para el vendedor el bien vale menos que el dinero recibido; para el comprador el dinero vale menos que el bien recibido. Esa diferencia es el beneficio mutuo neto.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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