Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Promesas Incumplibles
Eduardo García Gaspar
23 agosto 2012
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Es una cuestión de mero sentido común. Se resume en una frase. “Ningún almuerzo es gratuito”.

Si alguien piensa que un gasto público mayor reanimará a la economía, seguramente también creerá que los niños vienen de París.

Piense usted: si se eleva el gasto público en un peso, ese peso tiene que venir de algún lugar.

Y, generalmente, ese lugar es el bolsillo de usted o el mío. Nuestro bolsillo ahora o en algún momento del futuro.

Pensar que el gasto público remediará problemas económicos es igual a creer en Santa Claus. Y, sin embargo, hay gente que cree en Santa Claus e incluso es elegida para ocupar presidencias y gastar y gastar y gastar, pensando que eso producirá milagros.

En realidad producirá pesadillas y crisis, las que por una situación inexplicable querrán ser remediadas con más de eso que las produjo. La realidad es terca y debemos aceptarla.

Usted no va a crear prosperidad con mayor gasto público, mucho menos imprimiendo dinero. Usted no va a crear progreso teniendo a los gobernantes planeando la economía. Seguramente será todo lo contrario.

Es decir, el crecimiento y el desarrollo se lograrán haciendo lo opuesto de casi todo lo que prometieron los candidatos a la presidencia en México durante sus recientes campañas.

Dijeron ellos que serían capaces de reanimar a la economía, de hacer vivir mejor a la gente, de crear empleos y elevar ingresos. Incluso prometieron amar y hacer felices a los ciudadanos.

El supuesto detrás de muchas de esas promesas es un mayor gasto público. Es la única manera de implantar sus promesas de pensiones universales, medicina gratuita, más universidades y demás.

Por supuesto para todo eso se necesita dinero y los gobiernos sólo tienen una fuente de ingresos: usted y yo, los impuestos que pagamos… o que pagaremos en el futuro.

Lo explico de manera directa. Quien promueve la expansión de los gobiernos sólo puede tener dos motivos.

• Uno, vive él de lo que el gobierno le quita a otro, y quiere que le quiten a más para tener más.

• El otro, una ingenuidad quizá irremediable que le hace creer que los gobernantes son sabios virtuosos que en nada se equivocarán y todo lo pueden.

No hay otro motivo que esos dos para apoyar la expansión estatal.

Es decir, en la mente socialista conviven dos mentalidades muy opuestas. La más visible de todas es la de un idealismo rampante que cree posible lograr un mundo perfecto por medio de disposiciones gubernamentales.

Las malas noticias: no puede haber un mundo perfecto, mucho menos uno creado por decreto gubernamental.

La otra mentalidad implícita en el socialismo suele pasar desapercibida. Es la mentalidad del altanero que en una soberbia extrema quiere dictar a otros sus vidas.

Porque cuando un gobierno dice que debe gastar más, lo que en realidad está diciendo es que gastará con más sabiduría que usted y que yo, que somos unos ignorantes. Por eso quiere nuestro dinero

Recordar estas cosas básicas tiene sentido en estos momentos, cuando México en unos meses más arrancará un nuevo gobierno.

Una nueva administración sustentada en ideas falsas, en hipótesis erróneas y en ideales imposibles. No, el gobierno no es la solución. El gobierno es el problema. Un gobierno que quiere quitar a unos para dar a otros, que piensa que sabe más que todos juntos y que cree ser el salvador del país.

¿Pruebas? Voltee a ver a los casos europeos de economías embarcadas en la construcción de la sociedad ideal que quisieron implantar sus gobernantes.

Mire a Venezuela y los resultados del socialismo chavista. O contemple al mismo México, dominado por una mentalidad que cree que el gobierno es la solución y que hay que volver a las épocas en las que se tenía aún más gobierno. O a Argentina, o a EEUU padeciendo la idea de que un mayor gasto público es el gran remedio.

¿Qué debe hacerse? Ir a la misma raíz del problema, que es esa mentalidad inocente e ingenua que inclina a la persona a pensar que con más intervención estatal sus problemas se verán resueltos.

No es un problema de economía, tampoco es un problema político, es un problema mental del que poca conciencia se tiene, el creer que el nuevo presidente electo cumplirá lo que prometió.

Es imposible que lo haga… a menos que permita que esas promesas las realicemos usted y yo.

Es por lo anterior que las críticas a la victoria electoral del PRI, con la futura presidencia de Peña Nieto, enfocadas únicamente a lo malo que resulta el regreso de ese partido al poder con todos sus defectos y vicios, son críticas equivocadas.

El PRI no regresa al poder. Siempre estuvo de alguna manera principal en el poder. Lo único que cambia ahora es que ese partido tiene la presidencia y ella no es la presidencia imperial que antes existía.

El problema central del regreso del PRI es el regreso de las ideas estatistas de muchos de sus miembros (un regreso que en el caso de haber ganado el PRD habría significado un retroceso seguro a las políticas estatistas extremas).

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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