Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Economía en Pizzas
Eduardo García Gaspar
6 diciembre 2013
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Inicio con una pizza. No la comida, ni la cena, sino otra cosa.

La de pensar en lo que valen las cosas. Una pizza, un diamante, un iPad.

No es un problema fácil, al menos de entrada.

Piense usted que tiene hambre, mucha hambre. Frente a usted hay una rebanada de pizza.

Esa rebanada tendrá tanto valor como usted tenga hambre. Perfecto, ya comió la primera rebanada y le traen otra. La segunda valdrá tanto como hambre le queda. Con la tercera rebanada, lo mismo.

Notará que después de algunas rebanadas, el valor de cada una tenderá a reducirse. La rebanada número 38 valdrá nada.

La misma situación, pero ahora después de que usted ha comido con abundancia. La primera rebanada de pizza tendrá un valor mucho menor que en la otra ocasión, cuando usted tenía mucha hambre. No es gran problema entender esto, pero sus consecuencias no son tan aceptadas como debiera.

Significa, ante todo, que quien da valor a las cosas es quien las usa y nadie más. Y que les da valor variable, dependiendo de circunstancias personales.

Así usted da valor a las rebanadas de pizza, pero también al resto de los bienes que le rodean, desde un iPad hasta un clavo. Interesante es encontrar que quien usa o consume el bien es quien le da un valor.

Y entre las personas, esos valores varían. Para uno, el valor de una ensalada de brócoli será grande, aunque para mí será nulo. Hay quienes valoran un queso roquefort y habrá otros que lo detesten, para quienes valga nada.

Total, son las personas que consumen y usan las que ponen valor a las cosas. Nadie más.

Suponga ahora que usted entra a una clase de Economía, en la que el profesor le dice que Adam Smith dijo que el valor de las cosas lo determinaba su costo de producción. Que esa idea la tomó y la expandió otro economista, David Ricardo, y que sobre esa base Carlos Marx la concibió como la noción de que el valor de las cosas depende del trabajo que ellas contienen.

Exactamente lo opuesto a lo que a usted le sucedió con las rebanadas de pizza cuando tenía hambre. A usted no le importó cuanto había costado producir la pizza, ni quién la había hecho, ni que cada rebanada tiene un costo igual de producción. Nada de eso le importó.

Todo lo que hizo usted fue darle un valor personal a cada rebanada.

¿Estaban equivocados esos tres economistas al decir que es el costo de producción lo que determina el valor? Absolutamente sí.

La experiencia de usted a diario lo comprueba desde hace años y la del resto de las personas. Sí, el error de uno condujo al error del otro y al del tercero, el que construyó toda una teoría sobre un pantano. Resulta que el profesor sostiene que Marx tenía razón y que las cosas valen por el trabajo que contienen.

Entonces, usted puede mencionar que si eso es cierto, la piedra encontrada por un gambusino en un riachuelo vale igual que la pepita de oro que está junto. O que la pintura de pared que hizo alguien vale igual que un cuadro pintado por Dalí porque los dos tardaron el mismo tiempo en hacerlo.

El profesor se enojará quizá, así que puede ser aconsejable que no le haga usted esa observación.

Pero piense usted que sí ese profesor se pone a fabricar una mesa y tarda tres semanas, ella valdrá más que la que alguien hace en tres días. No tiene sentido. Las cosas no tienen valor por el trabajo que requirió producirlas, ni por su costo de producción.

Las cosas valen por lo que piensa la persona que las usará y consumirá. Para mí, por ejemplo, un concierto de ciertos artistas, tienen un valor negativo (tendría que pagarme para asistir), pero para otros esos mismos conciertos merecen un pago altísimo.

El mismo artista, valorado de manera diferente, con independencia de los costos de poner el espectáculo.

Finalmente, esto lleva a algo sorprendente. Las cosas cambian de mano porque existen dos valores diferentes de cada una de ellas. Usted cambia cien pesos por una pizza porque piensa que vale más esa pizza que sus cien pesos; y quien hizo la pizza valora más los cien pesos que la pizza que acaba de hacer.

Gracias a que dos personas valoran las mismas cosas de manera distinta es que ellas pueden intercambiarse. En fin, comiendo pizza es posible aprender de economía. No son cosas muy complicadas al final de cuentas. Es una pena que algunos errores aún sobrevivan.

Post Scriptum

Para esta columna usé la otra de Cox, J. (1997). The concise guide to economics. Savannah-Pikeville Press, pp. 125-127.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras