Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Metamorfosis Ecológica
Eduardo García Gaspar
8 enero 2013
Sección: ECOLOGIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es un cambio importante. Como el dejar una vestimenta conocida y tomar un disfraz nuevo.

Es una metamorfosis que mantiene una esencia de conflicto y combate.

Mantiene el antagonismo y la lucha, con protagonistas diferentes.

Es toda una visión que intenta explicar la propia vida. Me refiero a un padecimiento de nuestros tiempos.

Quizá todo empezó con la idea marxista, la de la lucha de clases. Una de las ideas más destructivas jamás creadas.

Siendo simple y primitiva, aunque falsa, es fácilmente comprensible y produce el vicio de la flexibilidad. Pocos fenómenos humanos están exentos de ser explicados, con apariencia seria, como un conflicto de clases.

Tome usted, por ejemplo, a porciones del activismo ecologista. Es una metamorfosis de la lucha de clases. Ya no son esas dos clases sociales las que están en lucha, según Marx. La colisión está entre la naturaleza, el planeta, y el ser humano. Se han planteado como enemigos irreconciliables.

Robert A. Sirico, lo ha expresado bien:

“… el modelo marxista se ha transformado en la creencia de un conflicto insoluble entre el hombre y la naturaleza —el que también, como el insoluble conflicto entre los trabajadores y los capitalistas, sólo lleva a dar más y más poder al estado para proteger a los vulnerables en contra de las malévolas maquinaciones del capitalismo” (Sirico, R. A. 2012. Defending the Free Market: The Moral Case for a Free Economy. Regnery Publishing. P. 160)

Un ejemplo, la oposición de Greenpeace a usar maíz transgénico en México.

El argumento central es que se está “defendiendo la diversidad del patrimonio genético y su libre propiedad social, en contra de quienes buscan apropiarse de él y despojar a los indígenas, campesinos y agricultores, de uno de los más preciados tesoros que conservan como legado de nuestras portentosas civilizaciones…”

La estructura del argumento es sencilla: existen dos grupos que se identifican fácilmente por la bondad de sus intenciones y actos.

• Los “buenos” son los obreros en la mente de Marx, las víctimas, los explotados, los pobres, los miserables.

• Los “malos” en ese mismo esquema, son los explotadores, los ricos, los poderosos, los capitalistas.

El conflicto se soluciona con la victoria de unos y la aniquilación de los otros.

En el caso de la metamorfosis ecológica también existe esa división en dos grupos.

• Los “buenos” son los campesinos, el patrimonio genético, la propiedad social, la cultura propia, las tradiciones.

• Los “malos” son los que quieren despojar a otros, los que maquinan por más poder, los monopolios.

La misma esencia de lucha sin solución entre dos facciones que se han definido como irreconciliables.

Tras bambalinas, sin mucho ser notado, hay un tercer personaje. Es el salvador, una especie de superhéroe que defenderá a los “buenos” impotentes de los “malos” poderosos.

El salvador es Greenpeace, que evitará que se despoje “a nuestro pueblo de nuestra inmensa riqueza genética por la vía de patente de la propiedad intelectual de las semillas desarrolladas a lo largo de diez mil años de trabajo, mediante la mera introducción de un gen”.

Y ese salvador necesita un aliado, el que más poder tenga en la sociedad. El gobierno que ahora se adjudica el poder de regular más y más.

El resultado neto es ése, la acumulación de más poder en la institución que ya tiene demasiado. Una institución que actúa movida por presiones, no por razones.

Contra esta forma bipolar de pensar, tengo varias críticas. La más obvia es la simpleza artificial de la dicotomía propuesta. Es demasiado ilusorio dividir en dos grupos homogéneos a toda la sociedad. Ella es demasiado rica en variedad como parar ser reducida a algo tan irreal.

Segundo, la solución final lleva a una situación insoluble. El conflicto termina con la victoria de unos sobre otros, sea del proletariado o de la naturaleza.

Este final necesariamente implica la implantación de medidas totalitarias, bajo las que sea imposible el disentir. No podría haber libertad alguna, ni ideas nuevas. El ideal seria un estado estacionario e inmutable de imposición de ideas inapelables. No me resulta una solución satisfactoria.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Ecología. Es muy interesante, en este sentido, la Declaración de Cornwall.

También sobre el tema, puede verse ContraPeso.info: División Social, especialmente Lucha de Clases: Elementos.

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