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La política del optimismo sin escrúpulos. La construcción de fantasías políticas imprudentes, consideradas totalmente posibles. El fenómeno de la brecha entre realidad y esperanzas alocadas que en los gobernantes trastorna sus mentes y los hace repelentes a evidencias, razonamientos y realidades.

Introducción

Cuando el gobernante separa a sus deseos y esperanzas de la realidad, termina por construir fantasías políticas imprudentes. Cuando su euforia se aísla del mundo real, se crea una ficción, la política del optimismo sin escrúpulos.

¿Qué es lo que hace que el gobernante se convierta en un constructor de fantasías políticas imprudentes que a toda costa desea implantar? ¿Qué es lo que hace que su optimismo sea a prueba de razones y evidencias?

Scruton da una respuesta a ese fenómeno político del constructor de mundos virtuales a los que cree perfectamente posibles. El optimista sin prudencia ni escrúpulos sucumbe a falacias que le hacen inmune a la realidad.

El libro usado en este resumen es de Scruton, Roger, The Uses of Pessimism. New York: Atlantic Books Ltd, 2014.

Tema y punto de partida

El gran tema de la obra de Scruton es el optimista sin recato ni escrúpulos, sus esperanzas desbocadas y los errores de razonamiento que comete. Especialmente esto último.

Es él quien razona de cierta manera.

  • Supone que los problemas humanos tienen una solución.
  • Esa solución es la de algún cambio sustancial en la sociedad.
  • Implantar esa solución permitirá una sociedad perfecta, carente ya de problemas.
  • Tiene él la responsabilidad de implantarla.

La esperanza desbocada del optimista sin escrúpulos puede ser examinada parte por parte en cada una de las falacias que la alimentan.

Aquí se examinan solo un par de ellas esperando que el lector decida leer la obra completa (hay una edición en español). El gran tema es, por tanto, el de los modos incorrectos de razonar que crean esa política del optimismo imprudente y sin escrúpulos.

La falacia del mejor escenario

La primera de las falacias que Scruton describe es la del «mejor escenario».

Es la esperanza de que las medidas propuestas producirán el mejor resultado que es posible esperar. La ilusión de que se alcanzarán todas las metas ideales de las decisiones tomadas.

Sin errores y sin efectos no intencionales negativos. Es la mente que tiene como dogma que todo saldrá a la perfección.

Así piensa el optimista sin escrúpulos, pero no el optimista que los tiene, quien añadirá dosis de realismo pensando que la certeza del mejor escenario no es razonable.

La mente del optimismo sin escrúpulos

Rehúsa él pensar en nada que puede alterar su expectativa del mejor escenario como una certeza absoluta. La posibilidad de fallas, de errores, de imprevistos y de, en general, un mal escenario, es inconcebible para él.

Esto, según Scruton, es una adicción a la irrealidad que alimenta las manifestaciones más devastadoras del optimismo:

«un deseo de descartar a la realidad como la premisa desde la que comienza la razón práctica y reemplazarla con un sistema de ilusiones compatibles».

Otro absorberá el costo

En este pensamiento optimista irreal existe un elemento a considerar: la noción de que es posible transferir a otros los costos de los riesgos tomados.

Un factor que nutre a la expectativa del mejor escenario, siendo implícita la idea de que si todo falla alguien, como los gobiernos, absorberá los costos y consecuencias malas.

Explícitamente, el autor se refiere al optimismo sin escrúpulos de Lenin y los bolcheviques. Su único y mejor escenario de un futuro perfecto era irrefutable y fue protegido destruyendo los instrumentos que podrían haber señalado y corregido errores.

Ira frente a los críticos

Quien sea que tenga el atrevimiento de dudar del mejor escenario posible es objeto de un «torrente de enojo defensivo».

Esto se vio en la Revolución Francesa y en la Revolución Rusa. Los críticos son, para el optimista sin escrúpulos, el mal personificado, el enemigo de la humanidad e indignos de merecer hablar con ellos.

La estructura mental del optimista sin escrúpulos está construida de tal manera que no entran en su cabeza las consecuencias de su acciones que sus críticos señalan. Tampoco comprende que las falacias que comete son un peligro, incluso aunque le le mencionen.

Certeza absoluta de lograr su mundo ideal

Más todavía, la política del optimismo sin escrúpulos entiende que el escenario ideal cierto y único, que persigue enfrentará obstáculos, cosas que debe superar y contra las que debe luchar.

Pero piensa que en esa lucha no hay limitaciones, que todo puede ser logrado, que los recursos no son limitados.

Lo contrario del realista, que ve menos obstáculos que limitaciones, quien acepta al mundo imperfecto y la contribución de todos al mejor escenario que con realismo pueda irse logrando.

Esta falacia puede ser ligada con otra, la de la utopía, donde la «Imposibilidad y la irrefutabilidad están sin pena una al lado de la otra».

Falacia de la suma cero

Es la creencia de que la sociedad funciona así de esta manera: lo que uno gana otro pierde, los beneficios y los costos suman cero.

Esta falacia está «en la raíz del pensamiento socialista». Esto es lo que permite concluir que la injusticia es demostrada ampliamente por la desigualdad.

La mera existencia de personas con más riqueza es prueba de desigualdad y, por tanto, de injusticia. Una total incapacidad para entender la naturaleza de los intercambios económicos.

El beneficio de uno siempre causa el daño del otro, lo que ha sido aplicado muy señaladamente a las relaciones internacionales para explicar la existencia de naciones pobres.

La solución

La solución a ese problema percibido es la obvia: la transferencia de recursos de unos a otros, como, por ejemplo, trasladar recursos a los países pobres, o adoptar medidas redistribucionistas.

Pero la falacia va más allá de lo material, iniciando en la desilusión o el desencanto que produce ver el éxito ajeno. Es una mecanismo que permite transferir resentimientos en, por ejemplo, las relaciones internacionales que hace ver con antipatía a países ricos.

El Islamismo es otro ejemplo de transferencia de resentimiento al transferir a Occidente la culpa de la situación propia.

Clasismo

Scruton usa un ejemplo. Pocos sentirán que es injusto que Juan gane más que Pedro, así entre personas individuales.

Pero cuando Juan es clasificado dentro de una clase adinerada, entra en juego la falacia de suma cero haciendo concluir que Juan está dañando a Pedro.

Esta falacia de entender a la sociedad como una entidad de suma cero está sustentada en el marco mental de los partidarios de la igualdad construida sobre el concepto de «clase» y las diferencias entre esos agregados.

Concluyendo

La obra de Scruton contiene otras falacias, como la de la planeación y la agregación, que en su conjunto permiten conocer sobre una base más sólida sucesos que de otra manera son incomprensibles.

El análisis de Scruton resulta inigualable para examinar programas de gobierno y plataformas electorales que en realidad son la política del optimismo sin escrúpulos.

Y al final, son nada más que la construcción de fantasías políticas imprudentes, a las que el gobernante cree perfectamente posibles.

Propuestas de gobierno sustentadas en falacias como la del mejor escenario. Esa que supone que los planes y propuestas de son realistas y posible, sin sentir vergüenza alguna al omitir limitaciones de recursos y efectos no intencionales.

Por no mencionar la creencia de que todo puede ser planeado y dirigido desde un centro de poder emisor de instrucciones que todos deben seguir.

Y unas cosas más…

Conviene ver

Bonus track: más sobre las políticas del optimismo sin escrúpulos. O lo que es lo mismo, la construcción de fantasías políticas imprudentes, que se piensa son perfectamente posibles.

La agregación imposible de buenos elementos

Por Eduardo García Gaspar

La falacia de la agregación

Es el resultado de deseos ilusos. Intenta mezclar lo que no se puede. Combinar sin sentido ni inteligencia, lo que sea que suene bien.

El ejemplo obvio es la célebre frase de la Revolución Francesa: liberté, égalité, fraternité. ¿Son posibles de mezclar?

Tres cosas buenas por superado deben ser mejor aún si se reúnen en un todo. Pero no, no pueden combinarse realmente.

R. Scruton, de quien he tomado esta idea, tiene un ejemplo. Por separado son buenas una langosta, un chocolate y la salsa catsup, pero mezclarlas no resulta algo deseable.

Es un tipo de falacia, de forma incorrecta de razonar. Consiste en ignorar las relaciones que existen entre los elementos mezclados.

Fantasías políticas imprudentes

Tome usted, por ejemplo, la mezcla de libertad e igualdad, dos elementos que por separado tienen una connotación positiva.

Pero juntas se muestran menos compatibles de lo que parece.

  • Si primero se quiere libertad, habrá que aceptar al menos cierta desigualdad.
  • Y lo contrario, si se quiere igualdad primero, entonces se tendrá que perder libertad.

O bien, considere usted el caso de los derechos humanos y su transformación en una lista creciente de reclamos. Otro caso de esta falacia de agregados incompatibles entre sí.

Porque si existe el derecho a la propiedad personal, entonces no se puede cobrar impuestos para así pagar el derecho a la educación de otros.

La lista de derechos que contenga al mismo tiempo el derecho a la propiedad y el derecho al agua gratuita, por ejemplo, contiene una contradicción: tendrá que afectarse el derecho del propietario para pagar el agua que el resto recibe sin costo. La discordancia tiene que ser reconocida.

La mezcla imposible de una agregación alocada

Los deseos de tener lo mejor de todo puede llevar a la mezcla imposible, a la combinación disparatada.

Esta es esa falacia de la agregación que cree que es posible, por ejemplo, tener libertad e igualdad en el mismo plano y con la misma dosis. Una de las falacias que Scruton apunta como causas de las políticas del optimismo sin escrúpulos

Sea percibida o no esa contradicción entre los elementos de la mezcla, es natural que ella presente problemas prácticos que originen choques entre distintas interpretaciones.

• Si se cree que la libertad es el más alto bien, se dará peso a, por ejemplo, los derechos naturales entendidos como libertades personales con su respectiva responsabilidad individual. Los gobiernos son entonces vigilantes celosos de las libertades personales.

• Si no se cree en la libertad, entonces se dará paso a la intervención estatal para la implantación de las agendas políticas variadas que tengan acceso al poder político para realizar programas estatales de bienestar, como agua, educación, o rentas gratuitas. O redefiniciones de familia y matrimonio, por ejemplo.

Las dos mentalidades son muy distintas, pero enfrentan el mismo problema de esta falacia de la agregación cuando ellas propongan ambiciones combinadas de elementos incompatibles, o tan vagos que no tienen sentido (¿cómo implantar la fraternité por decreto estatal?).

Otro caso

Tome usted al multiculturalismo y su definición

«Es la primera expresión del pluralismo cultural, que promueve la no discriminación por razones de raza o cultura, la celebración y reconocimiento de la diferencia cultural así como el derecho a ella». universitarios.universia.es

La idea es una agregación dudosa. Por un lado, está la idea de la convivencia de diversas costumbres y pensamientos que enriquece a todos los miembros de cada cultura.

Pero, del otro lado, presupone que la multiculturalidad es un valor dentro de todas las culturas que conviven, lo que no necesariamente es cierto.

Las culturas contienen muchos elementos, buenos y malos, pero no necesariamente el de la multiculturalidad, por lo que no pueden ser agregadas como si todas lo poseyeran.

La comunidad multicultural debe tener instituciones comunes a todos si es que quiere sobrevivir (véase Sartori, Giovanni, El riesgo de la comunidad plural)

La gran contribución de R. Scruton es apuntar esta forma errónea de razonar agregando elementos contradictorios en una combinación difícil al menos, pero con una apariencia atractiva.

¿Quién comete esta falacia de la agregación con frecuencia? El idealista irremediable que se alimenta de sueños inviables, que cuando implanta producen lo contrario de lo que intentan, mundos de pesadilla.

[La columna fue revisada en 2019-12]