Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Derechos a Demandas
Leonardo Girondella Mora
3 junio 2014
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Los derechos humanos —de su sentido original— han sido llevados a otro plano, en el que son separador.001comprendidos como demandas sociales que solo pueden ser satisfechas por los gobiernos.

Es un cambio de tal manera abismal que ha pasado desapercibido por la mayor parte de las personas, las que sin mucho pensarlo encontraron un día en el que la libertad de expresión pertenecía ya a la misma categoría de cosas como la educación pública gratuita. Un punto en el que no puede insistirse demasiado.

El vuelco del sentido original al nuevo tiene sus consecuencias —las que provienen de las dos formas de entender a los derechos humanos (la idea básica que traté la semana pasada en De Derechos a Gobiernos):

Derechos como libertades: la labor gubernamental es solo ser un instrumento que reconozca esas libertades y defienda a cada ciudadano al aprovecharlas para vivir, trabajar, poseer y, en general, realizar sus ideas y proyectos.

Derechos como demandas: la labor gubernamental se complica y convierte en una fuente de satisfacción de peticiones y reclamos que, se presupone, mejoran la vida y el bienestar de las personas.

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Quiero en lo que sigue apuntar algunas de las consecuencias que produce el vuelco en el significado de los derechos humanos, cuando dejan de entenderse como libertades y se comprenden como reclamos que solo el gobierno puede satisfacer.

• Transformados en demandas sociales, los derechos humanos se convierten en un catálogo ilimitado de peticiones —como bien lo muestran las ideas de los derechos de segunda, tercera y cuarta generación.

• La enumeración ilimitada de demandas y reclamos es imposible de satisfacer dada la realidad de recursos limitados del gobierno —el que no tiene medios suficientes para atender esa lista infinita de reclamos.

• Los derechos concedidos como demandas crean hábitos en las personas, expectativas de recibir por derecho propio y sin necesidad de mostrar merecimiento, esos favores y dádivas —lo que amplía la expectativa futura y que nunca puede satisfacerse.

• La ciudadanía se transforma en una masa de sentimientos de descontento —sin agradecer el recibir lo que se entiende como derecho, lo no recibido aún produce quejas y reclamos de injusticia.

• La creación ilimitada de reclamos y demandas complica la concepción y hace entrar en conflicto a unos derechos con otros —como cuando se altera el derecho de propiedad de unos para dar recursos a otros.

• La creciente lista de reclamos produce un gobierno con poder también creciente que se transforma en un régimen potencial de autoritarismo —lo que es bien expresado en eso de que quien tiene mucho poder para dar también lo tiene para quitar.

• El otorgamiento de dádivas que satisfacen esos reclamos se sesgará hacia los sectores que apoyen al gobierno en turno y crearán envidia entre los sectores que no los reciban a su satisfacción.

• Las demandas cambian el sentido de las elecciones democráticas, volviéndolas un concurso de ofertas de favores a sectores con poder de voto —olvidando que los gobiernos tienen la función de gobernar, no la de conceder dádivas.

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Lo que he querido hacer es, primero, hacer explícito el cambio en el significado de los derechos humanos —los que de ser entendidos como libertades que los gobiernos reconocen y tienen la responsabilidad de proteger, han pasado a ser definidos como una enumeración creciente e ilimitada de demandas sociales.

En segundo lugar, he hecho explícitas algunas de las razones por las que resulta inestable la conversión del gobierno en una agencia satisfactora de esas demandas sociales —insostenible por la carencia de recursos suficientes para satisfacer esas demandas.

Nota del Editor

Puede resultar engañosa la simplicidad con la que Girondella expresa esas dos ideas y causar así escepticismo en el lector, pero lo que afirma es una realidad innegable: sí, los derechos humanos ya no son comprendidos como libertades que deben defenderse frente a la fuerza del gobierno, sino como demandas sociales que solo un gobierno fuerte puede otorgar.

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