Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Asunto de Consecuencias
Eduardo García Gaspar
5 mayo 2014
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión
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No es una noción sencilla. Tiene sentido, es cierto, pero no es algo que la gente use.androjo

La olvidan con frecuencia. Me refiero a las consecuencias imprevistas.

A eso que llaman Teoría de los Efectos no Intencionales.

De cierto modo, se trata también de prudencia. La habilidad para prever más allá de los objetivos buscados.

Un caso muy claro es el de la persona que hace poco hablaba de que ella rechazaba el uso de bolsas de papel en los supermercados. Su objetivo, dijo, era proteger a los árboles. Según ella, habría más árboles si se dejaran de usar las bolsas de papel.

Su línea de pensamiento es lineal entre causa y efecto: reducir la demanda de papel significa dejar de usar su materia prima, que viene de los árboles. Por tanto, menos papel usado produciría menos árboles consumidos, es decir, más árboles existentes.

¿Sucede eso? No necesariamente.

Si la producción de bolsas de papel proviene de árboles específicamente cultivados para ese uso, la disminución de la demanda de bolsas produciría una disminución de la demanda de esos árboles. El resultado neto, menos árboles, no más.

Incluso eso presenta una paradoja: si la persona quiere más árboles en el mundo, podría optar por usar más bolsas de papel. Eso eleva la demanda de papel y, por tanto, la demanda de árboles. Tendrían que plantarse más para satisfacer la demanda de papel.

Otra cosa: menos uso de bolsas de papel podría significar más uso de bolsas de plástico y, dependiendo de procesos de producción, eso podría derivar en uso menos eficiente de materiales, o incluso la emisión de más contaminantes.

Lo que bien vale una segunda opinión es entender que las acciones que buscan ciertos objetivos deben ser examinadas a la luz de sus consecuencias secuenciales, las que pueden ser sustanciales. O, dicho de otra manera, no dejarse engañar por la lógica lineal de causa-efecto.

Hay casos que con frecuencia se citan en el tema.

Por ejemplo, el de la prohibición de caza de elefantes por su marfil. La lógica lineal dice que prohibiendo su caza tendremos más elefantes. Pero hay evidencia de que permitiéndola es como en verdad aumenta el número de esos animales.

Lo que sucede es que la lógica lineal simple, de causa-efecto, no funciona en organizaciones complejas, en las que existen muchas relaciones mutuas. Tome usted, por ejemplo, la simple idea de una disposición fiscal en México: aumento de impuestos a productos con alto contenido de azúcar, como refrescos y pastelillos.

En la lógica lineal, el aumento de impuestos eleva el precio y precios más altos reducen la demanda; menos azúcares consumidos significarán, se pretende, menos obesidad. El impuesto busca combatir la obesidad.

No hay duda de que es un buen objetivo, pero no se trata de tener buenas intenciones, sino de examinar las consecuencias de tal forma de hacerlo.

La realidad confirmará posibilidades. Una de ellas es la reducción de demanda de tales productos y el daño a las empresas que los producen: menos ventas, menos empleos, menos utilidades, menos impuestos sobre la renta.

Ya que ese impuesto solo aplica a las empresas de la economía formal, eso crea oportunidades de crecimiento a la informal: ofrecerá ella esos productos con alto contenido de azúcar sin el impuesto extra. Un incentivo a la informalidad económica.

Para alguien con iniciativa, la prohibición en escuelas de alimentos chatarra produciría una buena oportunidad de llevarlos o acercarlos. Puedo imaginarme a alumnos llevando en sus mochilas bolsitas de papas fritas para vender en el recreo. O vendedores ambulantes que envíen sus productos por encima de las bardas de los patios.

La medida se ve aún peor porque la obesidad es un efecto de causas múltiples y las bebidas, pastelillos y papas fritas no son la única causa.

La consideración de los efectos no intencionales, me parece, es una capacidad que es desaprovechada con demasiada frecuencia. En tiempos de demasiada televisión y poco seso, se sucumbe con facilidad al pensamiento lineal simple de causa-efecto.

Otro ejemplo eterno: muchas personas, incluso empresarios, sostienen que debe aumentar el gasto gubernamental porque eso inyecta dinero en la economía y con más dinero la demanda general se eleva produciendo un boom económico.

No sé usted qué piense, pero si usted quiere que el gobierno gaste más, tendrá que reconocer que para hacerlo va a tener que elevar los impuestos que usted paga directa o indirectamente. Ya no suena tan bonito eso de que el gobierno gaste más para dinamizar a la economía, quizá lo que suceda es que la frene con esos impuestos de más.

Mi punto es simple: las acciones que realizamos buscan objetivos que queremos alcanzar, pero también producen consecuencias colaterales. Esos efectos no intencionales que debemos prever usando cierto sentido común y donde la noción de incentivos es muy útil.

Porque puede suceder que buscando más árboles se termime con menos, o queriendo una economía boyante se acabe con una estancada.

Post Scriptum

Hay una buena cantidad de ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Efectos no Intencionales.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que intentan explicar la realidad económica, política y cultural. Defiende la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





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