Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Es Verdad, es Mentira
Eduardo García Gaspar
9 diciembre 2015
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Suele ser difícil definirla. Incluso su misma idea causa temores.

Resulta más fácil hablar de su opuesto, de la mentira. El concepto contrario.

Uno que causa, no temor, sino reprobación. Todo esto bien vale una segunda opinión.

La mejor demostración de que la verdad existe es la facilidad con la que se reconoce la mentira. Cualquiera puede distinguir a una mentira.

¿Qué es mentir? Afirmar lo opuesto de lo que se piensa. Decir que está lloviendo cuando se sabe que no está lloviendo.

Eso es lo que permite encontrar la definición de verdad: decir lo que uno sabe que es real. Decir que está lloviendo cuando usted sabe que está lloviendo. O, como lo expresa un autor (Adler, Mortimer J. 1997. Aristotle for Everybody):

«Un mentiroso, en otras palabras, es una persona que intencionalmente pone “es” es lugar de “no es”, o “no es” en lugar de “es”».

Ahora todo se ve más fácil: decir la verdad es emitir una afirmación que coincide con lo que internamente sabemos o creemos. Por su lado, mentir es emitir una afirmación en la que intencionalmente no se dice lo que sabemos o creemos.

«¿Quién rompió el jarrón de la sala?», pregunta la madre a sus dos hijos. Hasta los niños reconocen a la mentira, esa no coincidencia entre lo que sé y lo que digo. Pueden ellos percibir perfectamente la diferencia entre verdad y mentira.

Las cosas, entonces, se ponen realmente interesantes porque hay otro problema. ¿Coincide lo que pienso con lo que es real?

Si creo que, por ejemplo, el cuadro de Las Meninas fue pintado por Antonio de Velázquez en 1678 y eso digo a otra persona, no estoy mintiendo (aunque lo que he dicho es falso: fue pintado por Diego Rodríguez de Silva y Velázquez en 1656 o por esas fechas).

Es decir, hay dos niveles en esto. Si lo que digo coincide con lo que creo, entonces no estoy mintiendo. Sin embargo, eso que creo puede o no coincidir con la realidad, con lo cierto y verdadero.

Es decir, es posible no mentir y, al mismo tiempo, decir algo falso. O, como lo explica el autor citado:

«Pensamos con verdad (o tenemos a la verdad en nuestra mente) si lo que pensamos que es, es; o lo que no es, no es. Pensamos con falsedad (o tenemos a lo falso en nuestra mente) si pensamos que lo que es, no es; o lo que no es, es».

El problema se entiende ahora mucho mejor: la coincidencia entre lo que pensamos y lo que es real o verdadero. ¿Cómo saberlo?

Las cosas comienzan a complicarse, por lo menos en algunos terrenos. Es fácil, por ejemplo, saber si Napoleón estuvo casado con Josefina y si ella estuvo casada antes con otro.

También es relativamente fácil saber qué sucede cuándo se mezclan ciertas sustancias, o la velocidad con la que cae un objeto, o la periodicidad de las apariciones del cometa Halley. Cierto que no ha sido sencillo lograr esos conocimientos, pero la ciencia ha permitido conocer más verdades.

Las cosas se complican notablemente en otros terrenos. Esos en los que las pruebas y evidencias son menos contundentes. Un ejemplo ha sido gracioso, el de la fórmula para probar que existen extraterrestres.

O, un terreno con el que tengo cierta familiaridad, el de las discusiones económicas y políticas. ¿Cómo probar con contundencia que el capitalismo es superior al socialismo, o lo contrario? Difícil en sí mismo y, lo peor, se complica con una aflicción muy humana, la terquedad ignorante.

Pero la verdadera complicación está seguramente en los terrenos en los que no se habla de lo que es y no es, sino de lo que debe ser y no debe ser.

¿Como probar que es verdad que es mejor estudiar que estar de vago, que saber es mejor saber que no saber, decir la verdad que mentir? ¿Cómo demostrar lo bueno de la justicia, de las virtudes?

Este terreno es notablemente resbaladizo. Pero eso no significa que no pueda estudiarse, solo que es más difícil hacerlo. Más complicado en buena parte por terquedad mental y desviaciones ideológicas, lo que podría ser remediado si las partes estuvieran animadas por la búsqueda de la verdad.

Post Scriptum

En el caso de lo que debe o no ser, la respuesta más razonable por mucho es la guía que señala el bien del ser humano: lo bueno es eso que va de acuerdo con su naturaleza, lo malo es lo que va en contra de ella. Lo que, por supuesto, presenta otro problema, el de qué es el ser humano, su naturaleza.

Y eso, seguramente, es el punto del que nacen las mayores diferencias acerca de las verdades morales o éticas,

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