Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mitos, su Supervivencia
Eduardo García Gaspar
25 agosto 2016
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Son ayuda para la simplificación. Permiten evitar el esfuerzo de pensar.

Se convierten en sustitutos de la razón. Y sobreviven admirablemente, como insectos inmunes a pesticidas.

Uno de ellos se presentó el otro día. Un mito recurrente y con utilidad ideológica.

La persona afirmó que la Gran Depresión, que inició en 1929, era una muestra del fracaso de los mercados libres.

El capitalismo, según ella, creaba crisis cada vez mayores y mostraba la conveniencia de que el gobierno regulara a la economía.

Más o menos la narrativa estándar de la Gran Depresión, como una muestra del fracaso capitalista. Bueno, al menos en el deseo ideológico de probar algo a toda costa, porque hay un pequeño detalle que suele pasarse por alto.

Entre mediados de 1921 y mediados de 1928, el banco central en EEUU, elevó la oferta monetaria 60%, es decir, creó dinero; lo que hizo bajar tasas de interés y mandó a las alturas a la bolsa de valores. Difícilmente puede ser esta una acción de libre mercado.

En los mercados libres, el aumento de la oferta monetaria es algo tabú: no debe hacerse. Para el intervencionismo económico, en cambio, resulta algo aconsejable. En otras palabras, la Gran Depresión no fue un fenómeno producido por los mercados libres, al contrario.

La cosa no queda allí, hay otro pequeño detalle. El desempleo que produjo la depresión tenía que ser remediado y una de las cosas que se hicieron fue el poner barreras al comercio libre. La teoría detrás de eso es simple: sin importaciones las personas encontrarían empleo produciendo los sustitutos.

¿Suena conocido? Es lo mismo que se propone en los EEUU para resolver el desempleo. ¿Ve usted como los mitos sobreviven a todo? Esto agravó a la Gran Depresión afectando al resto del mundo, con una medida que no es propia de mercados libres.

El mito en ese tiempo, y de ahora mismo, olvida que el libre comercio es una calle de dos sentidos: si los otros no le pueden vender a usted se quedarán sin dinero suficiente como para comprar lo que usted produce.

Como lo explica L. W. Reed en Great Myths of the Great Depression.

«[…] el gobierno no puede detener a las importaciones sin al mismo tiempo detener las exportaciones».

En un mercado libre no pueden ponerse obstáculos al libre comercio. Eso se hizo y empeoró a la depresión quitándole clientes extranjeros a, por ejemplo, los agricultores, que se quedaron con sus productos sin poderlos vender.

Frenar al libre comercio no es algo propio de los mercados libres, pero sí del intervencionismo económico.

Una conclusión razonable: la Gran Depresión no fue causada ni prolongada por causa de medidas de libre mercado, sino más bien por el intervencionismo.

Pero lo curioso del asunto es que a pesar de que eso se pruebe con evidencias, será muy difícil que el mito de esa narrativa desaparezca.

Es como una especie de terquedad mental que hace que sobrevivan ideas como esa. Lo tenemos muy claro hoy.

El mito de que para crear empleos deben cancelarse las importaciones está vivo en las elecciones presidenciales de EEUU. Como comentó el NYT:

«Cuando Donald Trump amenazó con “romper” el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos, México y Canadá, los que aplaudieron más fuerte fueron los trabajadores de la industria automotriz. Trump se llevó fácil la elección primaria en el estado de Michigan. La tierra de Ford, General Motors y Chrysler también le dio la victoria a Bernie Sanders, uno de los principales críticos demócratas del TLCAN».

Las palabras de Trump son reveladoras:

«Me agrada el libre comercio […] el problema con el libre comercio es que son necesarios negociadores inteligentes de nuestro lado. Cuando tenemos personas ineptas como nos ocurre, el libre comercio resulta negativo […] Lo renegociaremos o lo anularemos».

La mentalidad es la misma del intervencionismo que produce crisis y problemas: alguien cree que sabe más que todos los productores y compradores y propone su idea sin pensarla siquiera un poco. El ansia de conseguir votos y popularidad política cierra a la mente.

Quien supone saber negociar bienes raíces y casinos cree también saber negociar todo lo demás. Algo que, por cierto, no es propio del mercado libre.

Post Scriptum

En otra parte del artículo del NYT:

«La verdad es que los trabajadores automotrices que se quedaron desempleados en Michigan no solo perdieron la competencia contra trabajadores mexicanos. La perdieron también contra trabajadores en los estados del sur del país, donde la ausencia casi total de sindicatos atrajo a muchas empresas automotrices. La perdieron también contra los eficientes trabajadores en Japón y Corea, y contra los mismos robots».

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