Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Panel de Control Económico
Leonardo Girondella Mora
9 enero 2017
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
Catalogado en: ,


El acuerdo de D. Trump con la compañía Carrier ilustra otro caso de intervencionismo económico —aunque curioso por provenir de un presidente al que se supone de derechas.

El panorama tradicional del intervencionismo económico registra usualmente una mentalidad socialista o de izquierdas —gobiernos interventores que se asignan responsabilidades para conducir a la economía centralmente y hacer cosas como esa.

Examinar el caso Trump-Carrier ayuda a entender el intervencionismo de derechas y que no difiere del intervencionismo de izquierdas —pues ambos suponen que los gobernantes saben más de economía que el resto de la gente.

Ese caso obedeció a la promesa electoral de Trump, la de mantener empleos en su país, evitando que se trasladaran fuera de él. Carrier abriría una planta en México y cerraría una en EEUU —y Trump hizo que esa decisión privada se modificara.

Según Carrier su decisión de traslado fue rectificada, al menos parcialmente, porque el estado de Indiana le otorgó incentivos —pero también, porque la empresa piensa ahora que las condiciones para las empresas mejorarán con Trump en el poder.

Pero no solamente eso, la compañía también estaba reaccionado ante posibles amenazas gubernamentales lanzadas por el mismo Trump —lo que claramente influyó, pues a nadie le gustaría estar en la lista de enemigos del presidente de un gobierno que también es comprador de sus productos.

Más en concreto, los incentivos ofrecidos a Carrier equivalen a unos siete millones de dólares —dados a cambio de que se mantuvieran los empleos y la empresa invirtiera 16 millones en su planta en Indiana.

No está mal, pero como ha sido apuntado, la empresa había calculado que ahorraría 65 millones mudando la planta a México —lo que permite aventurar la idea de que hubo otras consideraciones en la decisión de Carrier.

¿La de un mejor clima regulatorio que no obstaculice a los negocios? Sí, de seguro influye —como también cuenta una menor tasa impositiva, pero no debe descartarse la consideración de costos, donde el costo laboral influye mucho.

Costo laboral que sirve de incentivo para mudar plantas a otras partes, o para aumentar la automatización —como el poner terminales de pedidos en restaurantes de comida rápida.

Este caso de intervencionismo no es diferente al del socialismo propio de la izquierda: el gobernante supone que está frente a un panel de control —en el que moviendo algunas manijas le permitirá lograr sus objetivos económicos.

En el caso de Trump se trata de mantener o crear empleos dentro de EEUU, pero puede haber otros objetivos —como el de la redistribución de la riqueza, el desarrollo industrial local, o cualquier otra cosa.

El gobernante, al frente de ese panel de control, mueve las manijas de tasas fiscales, impuestos a la importación, incentivos a la inversión, regulaciones ambientales, amenazas personales, permisos y licencias de operación, emisión de dinero, tasas de interés y el resto —creyendo que conducirá a la economía por donde él supone que será lo mejor.

Detrás de la idea del panel de control económico que el gobernante cree tener frente a sí, existen dos suposiciones que en común contienen un elemento de optimismo desbocado —la tercera explicada más adelante.

El gobernante supone que las personas se conducirán como robots siguiendo sus instrucciones al pie de la letra —y supone también que él conoce más y mejor a todo sector económico que todos los demás, incluyendo a los especialistas de cada ramo.

Ambas suposiciones son falsas, lo que desencadenará una serie de efectos colaterales no previstos, los que le motivarán a mover más controles en el panel para corregirlos —abriendo así un ciclo de intervención creciente que empeore la situación cada vez.

Por supuesto, el escenario de un gobernante frente a un panel de control económico contiene un riesgo sustancial, el del aprovechamiento de ese panel para beneficio del propio gobernante y sus allegados —lo que se llama crony capitalism.

Y que es para todo efecto práctico lo mismo que el crony socialism —un sistema económico manejado por el gobierno de izquierda para conveniencia propia y de sus amigos cercanos. Como en Nicaragua.

Pero, la otra suposición del gobernante frente a un panel de control económico contiene un optimismo aún más descabellado: supone que el gobernante es un tipo benevolente, bondadoso, generoso, que jamás pensará en sacar provecho personal de su gran poder.

La realidad es que no lo es —no hay gente de ese tipo en la que pueda colocarse una confianza de tal magnitud como para confiarle ese poder tan colosal. Ni en Trump ni en nadie más.

Addendum

Usando el caso de Trump-Carrier ha sido intención mía el mostrar que tanto en sistemas de derechas como de izquierdas se presenta la situación natural del poder político, que es la de reclamar más poder —una situación que es más marcada y esencial en las izquierdas.

Más aún, puede utilizarse ese caso como una ocasión más entre millones que revelan un optimismo que llega al delirio de creer que los gobernantes son seres superiores —personas dotadas de perfección en conocimientos y máxima excelencia moral, cuando no son sino simples seres humanos no diferentes del resto de la gente.

Así trato de razonar mi tesis de que nadie puede ser colocado frente al panel de control de una economía nacional.

Por supuesto, esa acción de Trump no es aislada:

«Ford Motor se replantea el plan de expansión estratégica. El segundo fabricante de coches de Detroit, bajo una intensa presión, anuncia la cancelación de una inversión de 1.600 millones de dólares en México. A cambio, destinará 700 millones a expandir la producción de coches eléctricos en Michigan. La marcha atrás se conoce horas después de que el presidente electo, Donald Trump, amenazara a su rival General Motors con imponerle aranceles muy elevados por vender en el mercado estadounidense modelos que fabrica en México». economia.elpais.com

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