¿Cuál es el problema real de nuestros tiempos? El asunto que realmente define nuestra época y que es eso que más merece nuestra máxima atención.

Las respuestas que conozco indican una gran diversidad de respuestas. Para unos, el problema real de nuestros tiempos es la desigualdad. Para otros la pobreza, el medio ambiente, la población numerosa, los derechos humanos… Usted podrá completar la lista.

Pero el real problema es otro y comienza con la desmesurada idea de que podemos construir una utopía.

El problema de la utopía

Por mi parte, me parece, que ese real problema de nuestros tiempos tiene su origen a principios del siglo pasado cuando comienza la implantación de regímenes sustentados en ideas un poco anteriores. 

Ideas que propagaron, como posibilidad real, la existencia de una utopía alcanzable por medio de la acción gubernamental y con la condición de ceder las libertades humanas al Estado. 

El problema es haber persuadido a demasiados de que la renuncia a la libertad es la condición necesaria para ser felices y vivir en una utopía cimentada en la autoridad estatal.

«Si quieres vivir en la sociedad perfecta entonces deja de ser libre y sométete al Estado», es en pocas palabras la idea que se ha propagado. Este es el real problema de hoy.

Es la muerte de la idea Occidental acerca de la naturaleza humana, el final de los regímenes liberales, la desaparición de toda noción de libertad.

Los casos son obvios, el fascismo, el nazismo, el comunismo, el totalitarismo: Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot, Ho Chi Min,  y sus versiones más recientes, como Cuba, Venezuela, Irán, Nicaragua, Bolivia y otros más.

Renunciar a la libertad

El problema de nuestros tiempos es la preservación de la libertad cuando la renuncia a ella es la condición para la promesa de una vida ideal encontrada en el sometimiento al Estado. «Deja de ser humano y libre para ser feliz», se nos dice.

Es renunciar a cosas como:

«[…] el derecho a disentir de la mayoría, el derecho incluso a estar persistentemente equivocado, el derecho a desconfiar del poder de la mayoría y la necesidad de afirmar que los altos funcionarios podrían estar equivocados, especialmente cuando aquellos en el poder creen firmemente que no lo están.» Ricks, Thomas E.. Churchill and Orwell: The Fight for Freedom (p. 5). Penguin Publishing Group. Mi traducción. 

Con esa renuncia a la libertad, muchos tienen la esperanza de alcanzar la utopía prometida. Sin embargo, lo que en realidad aceptan (en la letra pequeña de su contrato de renuncia) es que la verdad sea definida por el gobierno. Admiten que la realidad sea determinada por los gobernantes, que la sumisión absoluta sea la condición de la promesa de felicidad.

En resumen, el problema de nuestros tiempos, me parece, es un gran engaño, el más grande fraude en el que pueda pensarse.

No solamente por la magnitud que tiene, expresada en el número fabuloso de sus víctimas, sino también por la dimensión de lo defraudado que es la misma esencia humana.

El problema real de nuestros tiempos es la aceptación mayoritaria de la idea de que la felicidad humana es posible si se renuncia a la libertad personal aceptando ser siervo del gobierno.

G. Orwell describió muy bien el problema en dos libros, Rebelión en la granja y 1984. Fue él quien escribió que «Si la libertad tiene un significado, ella significa el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír».

Y una cosa más…

El libro citado Churchill and Orwell: The Fight for Freedom trata  precisamente este tema, el del gran problema de nuestros tiempos, indicando que tanto Churchill como G. Orwell coincidían en la pérdida de la libertad.