lecciones globales

Las lecciones económicas de Suecia y el estado de bienestar. Un repaso de las siete conclusiones que ese país ilustra y que pueden ser aprovechadas por el resto. 

Introducción

Suecia aprendió varias lecciones económicas al implantar un estado de bienestar. Un aprendizaje que está al alcance de cualquiera y que reducirá las probabilidades de fracaso al intentarlo.

Esas lecciones económicas ilustran la causa central de progreso, los efectos del estado de bienestar, la crisis que así se produce y cómo solucionarla. Son una fuente poderosa de inspiración para todo gobierno en todas partes.

La idea fue encontrada en Rojas, Mauricio, Suecia el otro modelo: del estado benefactor al estado solidario, Fundación para el Progreso, Chile 2014, pp. 172 y sigs.

Las lecciones de Suecia

El autor ofrece siete lecciones de provecho para el manejo de cualquier economía. 

La peculiaridad que hace interesantes tales lecciones en Suecia es que hacen referencia a la implantación de un estado de bienestar exitoso y sostenible. Y a la corrección del fracasado régimen intentado en ese país.

¿Qué lecciones económicas se aprendieron de Suecia y el estado de bienestar?

1. Existe una relación entre libertad y prosperidad

El éxito económico sueco, que se remonta a mediados del siglo 19, fue el régimen liberal implantado, y no el estado de bienestar establecido un siglo después. 

Suecia prosperó y se convirtió en una potencia económica debido a un «pujante capitalismo, abierto al mundo y basado en sólidas instituciones en resguardo de la libertad civil y económica».

Suecia eliminó barreras al comercio, retiró regulaciones que obstaculizaban la libertad de trabajo y adoptó un sistema capitalista que produjo una notable mejoría económica entre 1870 y 1910. Fue entonces que se crearon las grandes empresas suecas.

La primera de las lecciones económicas de Suecia es clara: existe una relación causal entre libertad y prosperidad. El capitalismo aumenta el bienestar. Más aún, no es posible implantar un régimen de estado de bienestar sin la prosperidad que produce el capitalismo.

La mentalidad anticapitalista, por tanto, actúa como un obstáculo a la prosperidad y el bienestar del país.

2. El papel del gobierno

Rojas habla ahora del rol del Estado en el país, como otra de las lecciones que provee la experiencia de Suecia. Es la definición de sus responsabilidades y sus límites.

El gobierno puede actuar como una entidad que permite «potenciar las fuerzas que generan prosperidad», o puede tomar el otro papel, el de tornarse un obstáculo a esas fuerzas.

La prosperidad sueca fue posible gracias a que el gobierno adoptó funciones dedicadas a permitir y proteger libertades económicas, sin inmiscuirse en el funcionamiento de los mercados. Esto fue lo que creó la notable prosperidad de 1870 hasta 1960.

Fue en ese año cuando Suecia dio un giro y convirtió a su gobierno en un obstáculo que entorpecía a las fuerzas que crearon tal prosperidad. Más aún, a partir de ese tiempo, el país tubo resultados económicos decepcionantes y la expansión estatal terminó en una crisis en los años 90 del siglo pasado.

Entre las lecciones económicas de Suecia y el estado benefactor, esta indica la importancia del tipo de gobierno que se tiene. Optar por un estado que fomente y proteja a las libertades económicas y uno que se expanda e incluya políticas intervencionistas e igualitarias.

3. La igualdad que sí importa

Suecia, durante su período capitalista, alcanzó una igualdad sustancial. Eso fue antes que se implantara su estado de bienestar. El gran desarrollo económico produjo más empleos mejor remunerados con personal cualificado.

Fue la productividad del capital humano lo que produjo mayores ingresos y «no los dictados políticos antojadizos». Fue la posibilidad de participar en el proceso productivo lo que elevó los ingresos y no «las medidas redistributivas contraproducentes».

Entre las lecciones económicas de Suecia y el estado de bienestar, está el dar evidencia de lo destructivas que pueden ser las políticas de redistribución. Las que buscan igualar ingresos y no lo que importa, la posibilidad de producirlos. 

Esas políticas del estado de bienestar redujeron los incentivos económicos al trabajo y alteraron valores centrales como la ética del trabajo. «Repartir bonos y otras formas de asistencialismo pueden tener un atractivo inapelable para los gobernantes, pero debemos tener muy en claro que no es el camino del progreso», escribe el autor.

4. Ciudadano estatizado o empoderado

En la concepción general, el estado de bienestar amplia sus funciones al mismo tiempo que reduce la libertad de selección del ciudadano. El gobierno monopoliza «la gestión de lo público mediante la exclusión del sector empresarial».

El ciudadano se estatiza y deja de poder elegir y financiar ofertas diferentes a la del gobierno y los servicios de bienestar. Suecia cambió eso y empoderó al ciudadano para no depender de un monopolio estatal sino de una variada oferta de servicios públicos ofrecidos por terceros. 

Otra de las lecciones económicas de Suecia y el estado de bienestar es el poner en competencia a los servicios de esa naturaleza usando vales y dejando en libertad al ciudadano de elegir entre opciones.

5. Posibilidad de colaboración

Las opiniones comunes colocan como alternativas excluyentes a «Estado o mercado, libertad o igualdad, cooperación o competencia, altruismo o interés propio». El antagonismo entre alternativas no deja ver otra posibilidad.

El sistema de vouchers muestra esa posibilidad adicional. Ella combina a la financiación y regulación gubernamentales con la libertad de empresas en competencia. 

El ciudadano elige entre diferentes opciones de proveedores. No hay ya el servicio monopólico estatal.

6. Lucro y capitalismo de bienestar

Es una opinión generalizada el suponer que el lucro y los servicios públicos, como educación, son incompatibles. Esto es lo que reprueba a la creencia de que los servicios públicos deben ser responsabilidad monopólica estatal.

Las lecciones de Suecia y el estado de bienestar indican que no existe esa oposición. La opción de proveedores privados en servicios públicos en posible y no hay incompatibilidad con el lucro de la empresa.

Es un error sustancial hacer de lado a la posibilidad de servicios públicos en competencia.

7. Acuerdos y consensos

🔎 Las más grande lección sueca, en opinión del autor, ha sido la realidad de llegar a acuerdos que resolvieron la crisis de los años 90, cuando se colapsó el estado de bienestar original y hacer cambios y reformas sustanciales.

Cambios que se lograron sin la acostumbrada división antagónica entre facciones y que imposibilita reformas. Las partes cedieron y llegaron a compromisos que respetaron, sin obcecarse en posiciones ideológicas.

Es un asunto de cambios en las actitudes políticas, casi milagros en muchas otras partes. Crearon condiciones para el desarrollo.

Las lecciones económicas de Suecia

En resumen la experiencia sueca con el estado de bienestar muestra tres puntos centrales.

Primero, Suecia es otro caso que muestra la relación causal entre libertad económica y prosperidad. En donde el estado limite y obstaculice esa libertad, la prosperidad será afectada.

Segundo, el estado de bienestar, por su monopolización, tiene problemas severos de sustentabilidad y consecuencias en el desempeño económico y la ética del trabajo. 

Tercero, existe la posibilidad real de combinar al estado de bienestar y hacerlo sustentable si en su implantación se incluye a la libertad económica. Este cambio, en realidad, fue lo que salvó al estado benefactor sueco.

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Y otras cosas más…

Conviene ver:

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Suecia y su falsa imagen

Por Leonardo Girondella Mora

La sabiduría popular —que tiene poco de sabiduría en demasiadas ocasiones— suele pensar que Suecia es un modelo a seguir por el resto del mundo.

Suecia se ha convertido para muchos en una especie de ideas —excepto para los suecos mismos.

Una columna del WSJ trató el tema y dio algunos datos que son reveladores. La columna se titula Lessons From the Swedish Welfare State y fue escrita por Andreas Bergh and Magnus Henrekson (12 julio 2010).

La caída económica y el crecimiento de gobierno

Hace medio siglo, Suecia y los EEUU tenían gobiernos que representaban más o menos lo mismo del PIB, un 30%. La historia después fue diferente.

EEUU mantuvo ese porcentaje, llevándolo hasta un 33%. En Suecia se duplicó y llegó a 60% a principios de los años 90.

En 1970, Suecia era el cuarto país más rico del mundo —y en 1993 era el número 17. Los EEUU se mantuvieron en la misma posición alta durante todo el tiempo.

El punto a demostrar es si ambos eventos están relacionados —si se puede afirmar que el agrandamiento del gobierno es causa de una caída en el crecimiento económico.

Los autores examinaron diversas evidencias y concluyen que sí, que un crecimiento de 10 puntos del gobierno en el PIB reduce la tasa de crecimiento entre medio y un punto.

Una de las lecciones económicas que demuestra la historia de Suecia.

Hacen ellos un cálculo adicional —una caída de un punto en el crecimiento a partir de 2009 en el ingreso per cápita de un estadounidense le llevaría a tener en 2039 un ingreso menor en 354,000 dólares del que tendría sin esa caída.

La imagen de Suecia como caricatura

La imagen utópica y simplista de Suecia y que he visto repetir casi siempre revela una imagen fácil: «pagas muy altos impuestos pero no te tienes que preocupar de nada, si te enfermas todo es gratis, no pagas escuelas, el transporte funciona bien y tus impuestos son usados con honestidad y eficiencia».

Por supuesto, lo que no se percibe en esa imagen es que se vivirá cada vez peor de lo que se podría —por no mencionar la imagen de que esa utopía sueca es la del holgazán irresponsable que renuncia a sus responsabilidades personales.

Si se piensa que el gobierno debe encargarse de todo, entonces el sistema ideal es el de trabajar gratuitamente para el gobierno y recibir de él en especie todo, desde alimentos hasta ropa y libros.

El asunto es uno de imágenes difusas —en general, el del un sistema europeo con gobiernos benefactores que cobijan al ciudadano a cambio de impuestos realmente altos.

Eso resulta muy atractivo a muchos que temen a aceptar responsabilidades personales y que no ven que cada vez vivirán peor.

La reforma sueca

A partir de los años 90 se han implantado reformas de mercado en Suecia —y que no son muy conocidas: uso de vouchers en las escuelas, reformas de sistema de pensiones y reducción de impuestos.

Tímidas las medidas, pero en la dirección correcta, aunque el gobierno sueco sigue siendo demasiado grande.

Lo anterior es evidencia de un fenómeno, el de que la participación estatal en la economía tiene efectos negativos en el crecimiento —lo reduce y priva por eso al ciudadano de un mejor estándar de vida.

El gobierno como un lujo para ricos

La evidencia presenta además una posibilidad de entender a la expansión gubernamental —ella es un lujo que puede permitirse un país ya rico, pero no uno que pueda permitirse un país en vías de llegara ser rico.

Si en un país rico, la disminución de la tasa de crecimiento es dañina, en un país no rico esa disminución lo es aún más.

Lo que he querido hacer es atacar de frente la idea utópica de Suecia que tantos creen cierta —no, Suecia no es un modelo a seguir.

Si Suecia se convirtió en un país rico eso no fue por causa de sus políticas de estado de bienestar, sino por las anteriores y que fueron de libertad económica.

Una vez rica, Suecia implantó el estado de bienestar y fracasó —desde hace varios años está tratando de corregir a la velocidad de un caracol.

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Sobre el libro examinado al inicio

Suecia, el otro modelo: del Estado benefactor al Estado solidario

Suecia, el otro modelo: del Estado benefactor al Estado solidario by Mauricio Rojas
My rating: 3 of 5 stars
El autor ofrece una historia con tres capítulos. Primero, la expansión de la economía sueca gracias a la libertad económica, de finales del siglo 19 a mediados del 20. Segundo, el giro hacia una enorme expansión gubernamental debido a la implantación de un enorme estado de bienestar. Tercero, la crisis ocasionada y el remedio sustentado en la admisión de competencia económica e incentivos liberales.
Un buen libro, informativo, con multitud de datos y evidencias, al estilo de una exposición académica. Lo malo es su edición, la que tiene un diseño moderno y agradable a la vista, pero con una tipografía que dificulta la lectura y la hace tediosa.
Al final, la obra ofrece siete lecciones que resumen lo aprendido de la experiencia sueca y que terminan con la idea de que es posible evitar la crisis obvia de todo estado de bienestar sin a él se incorporan fuertes elementos capitalistas.
Recomendable para todos los que admiran a la caricatura usual de Suecia como un paraíso socialista.
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