Identificador de tema. Ética: vacío moral.

El uso político de las creencias religiosas. El aprovechamiento de la religión como un apoyo de utilidad a la popularidad del gobernante. Más el ciudadano comprendiendo al gobernante como un personaje con cualidades religiosas.

Introducción

La religión es un fuerte y marcado componente cultural. No solo las normas que sigue el devoto fiel, sino toda la serie de ideas, costumbres, celebraciones y creencias que se mantienen como parte de la mentalidad que es tradición.

Sería irreal negar que la religión carezca de influencia en el área de la política y que las creencias religiosas no tengan un uso político, ni influyan en ella incluso a pesar de ambientes seculares.

Lo que sigue examina dos facetas del uso político que tienen las creencias religiosas. Primero, por parte del gobernante mismo. Segundo, por parte del ciudadano mismo.

I. El político usando creencias religiosas

Primero, el examen de la situación en la que el gobernante y sus partidarios usan creencias religiosas para convertirlas en apoyo a sí mismos

La afirmación fue clara y contundente. La persona dijo que si Jesucristo volviera a la tierra seria miembro de un partido socialista y apoyaría políticas de estado de bienestar.

Atrevida la idea y no única de la persona. Atrevida y errónea. Quizá sea el intento de secuestrar creencias arraigadas y convertirlas en apoyos ideológicos. Es muy atrevido decir que Jesús fue el primer comunista; o que fue el primer socialista.

Esto ha sido resumido así:

«Identificar a cualquier forma para particular de gobierno con el cristianismo es un error peligroso: porque confunde a lo permanente con lo transitorio, a lo absoluto con contingente» T. S. Eliot



Hay algo curioso aquí

En tiempos de profunda secularización, de abandono de la religión, algunos intentan requisar a Jesucristo y usarlo como apoyo político.

Hugo Chávez lo hizo al decir: «Jesucristo fue el primer socialista y Judas el primer capitalista». No ha sido el único, también en España y recientemente en México.

Claramente, quienes eso hacen piensan que secuestrar a la religión les beneficiará políticamente y apoyará a su ideología. Deben pensar en que Jesucristo tiene aún una enorme influencia en muchas personas. No recuerdo haber escuchado que Buda habría sido socialista en estos tiempos.

Tenemos entonces algo fascinante. El Cristianismo está claramente preocupado con la vida eterna futura, con la salvación de las almas y, aunque no desprecia al mundo terrenal, sí lo coloca como algo temporal y transitorio, inferior a lo absoluto y permanente.

En otras palabras, para el Cristianismo no importa tanto la discusión entre izquierdas y derechas como la misión de salvar almas para la vida eterna. ¿Una separación absoluta entre la vida terrenal y la vida espiritual? No lo creo, pero sí la prioridad de la última sobre la primera.

Lo anterior puede apuntar a una idea que quizá explique el curioso fenómeno: la secularización de Cristo, modificado ahora como un apoyo político de gran peso, cuyas palabras, se nos dice, le hacen creador de un «movimiento antimperial».



Creencias religiosas y su uso político

El esfuerzo es digno de ser notado: pone de lado a la vida espiritual, a la vida eterna, y convierte al Cristianismo en una herramienta de análisis sociológico y económico que apoya la noción de la explotación.

El Jesucristo divino es despedido y se le da la bienvenida a Jesucristo visto ahora «como un líder político, como un revolucionario, como un subversivo» el quee, por supuesto, apoya las teorías del que lo aprovecha.

Esto puede verse en la noción de agrupar a Jesucristo en la categoría de grandes líderes; por ejemplo Edwin M. Yamauchi citando a A. Toynbee:

«Pues, ¿quienes son los individuos quienes han sido los mayores benefactores de esta viviente generación de hombres? Yo diría: Confucio y Lao-tse; el Buda; los profetas de Israel y Judá; Zoroastro, Jesús, y Mahoma; y Sócrates».

Esta es la secularización del Cristianismo a la que me refiero, la que ignora las amplias diferencias entre Jesús y el resto; el único de ellos que afirmó ser Dios y que murió y resucitó. No he escuchado a político o intelectual alguno que haya afirmado tener el apoyo de Zoroastro, o Sócrates.

Esto me lleva a C. S. Lewis (1899-1963) y algo que escribió:

«O este hombre fue, y es, el Hijo de Dios: o, lo contrario, es un loco o algo peor. Usted puede callarlo como un tonto, usted puede escupirle y matarlo como un demonio; o usted puede humillarse a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no salgamos con tontería ninguna de que él es un gran maestro humano».

Con independencia de las ideas religiosas que tenga el lector, es útil apuntar ese fenómeno muy frecuente en política: la secularización de las creencias religiosas, concretamente las cristianas.



El punto central

Este primer aspecto del uso político de creencias religiosas resalta la ventaja que los gobernantes y partidarios de ideologías políticas creen obtener al suponer que esas creencias son apoyos a sus ideologías y plataformas.

Dentro de una sociedad en la que existen una cultura con dosis de influencia religiosa, es obvio que el gobernante piense que poner de su lado a algún elemento religioso le beneficiará. Quizá le haga más popular, tal vez le rinda más votos, posiblemente consiga mayor apoyo a sus decisiones.

La mente del gobernante, casi con total seguridad, no resistirá la tentación de buscar el apoyo de creencias religiosas si es que eso le beneficia.


Un paréntesis útil

Una noticia de hace tiempo mostró que en la plataforma del Partido Republicano en los EEUU había doce menciones de Dios, mientras que en la de los Demócratas no había ninguna.

Muy poco después, fue reportado que el Partido Demócrata había realizado un cambio en su plataforma. Ahora Dios era mencionado una vez a pesar de las protestas de algunos.

Con lo anterior, es posible confirmar que Dios juega un papel en la política de ese país. Recuérdese a Carter, por ejemplo, con su «conversión religiosa» que es más la regla que la excepción.

El uso político de las creencias religiosas, por tanto, no puede interpretarse a la ligera. Decir que Dios, si volviera a la tierra sería miembro de tal o cual partido, no es lo mismo que el reconocimiento de una divinidad.


II. El ciudadano usando creencias religiosas

Segundo, la otra faceta del uso político de creencias religiosas, la del ciudadano que interpreta a la política en términos sobrenaturales. Eso que sucede cuando la persona común percibe cualidades religiosas en el gobernante.

Lo anterior me sirve de entrada a la mención de una idea de Ray Nothstine en su escrito titulado As Secularism Advances, Political Messianism Draws More Believers. Conforme avanza el secularismo, también adelanta el mesianismo político.

En otras palabras, el vacío religioso en la ciudadanía es llenado con la creencia en el gobernante salvador. Alguien equivalente a un mesías que con poderes extraordinarios rescatará al mundo y en el que hay que creer.

Nothstine cita entre otros a Chris Matthews de la cadena MSNBC quien declaró, «Obama aparece y parece tener las respuestas, esto es el Nuevo Testamento». Otros dijeron que él era «la verdad».

En México, lo anterior hace recordar la promesa de una república amorosa —con fundamentos que indican la intención de ese gobierno para, por ejemplo, construir «una república amorosa, con dimensión social y grandeza espiritual» que luche en contra de «La decadencia que padecemos».



El llenado de un vacío

Se establece aparentemente una relación proporcional y directa que asocia al vacío religioso en la sociedad con la deificación de personajes políticos. Conforme avanza el secularismo en la nación avanza también la divinización del gobernante.

Esto permite entender que entre quienes no profesan religión alguna, es decir, son ateos o agnósticos, existirá la propensión a divinizar al gobernante preferido y elevarlo a nichos cuasi sagrados. El vacío religioso que tienen será llenado así, no sin cierto fanatismo.

¿Y los que profesan una religión?

El tema, creo, se complica en este caso, lo que me obliga a considerar dos situaciones:

• Dentro de una cultura con larga tradición de libertades personales, quienes profesen una religión no sucumbirán fácilmente a la posibilidad de divinizar a sus gobernantes. A ellos los verán más como seres humanos que como mesías políticos.

• Dentro de una cultura con escasa tradición democrática y de libertades, quienes profesen una religión estarán más propensos a entender al gobernante como un salvador.

El uso político de las creencias religiosas, conclusión

Ha sido examinado el fenómeno frecuente del uso político de creencias religiosas en sus dos manifestaciones.

  1. El aprovechamiento político de la religión por parte del gobernante que busca apoyos a sus ideas en creencias sobrenaturales arraigadas en la sociedad que gobierna.
  2. El uso de conceptos religiosos por parte del ciudadano que así intenta comprender al gobernante al que tiende a colocar en planos sobrenaturales y mesiánicos.

Con una idea adicional que establece que las creencias religiosas, dentro de una sociedad de tradición democrática y de libertades, presentará un freno al uso de creencias religiosas para propósitos políticos.


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[Actualización última: 2021-01]

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