socialismo

La explicación del atractivo socialista. La serie de razones y motivos por las que el socialismo, a pesar de su inferioridad, es más atractivo y popular que el liberalismo.

Introducción

Tener ideas buenas o ideas malas es la gran diferencia entre el éxito y el fracaso. La diferencia de origen y causa última de la variación en resultados de cada acción humana está en las ideas de las que se parte.

Cuando uno examina a cualquier doctrina económica, la tarea es facilitada acudiendo a las ideas básicas que sostiene —y entonces ya se estará en la posición de saber qué tan buenas o malas son.

O, visto desde otro punto, las mejores ideas serán una evidencia que sirva para probar la superioridad de cierta doctrina económica —especialmente en relación a la que tenga ideas malas, o menos buenas.

El shock de los liberales

Para el liberalismo, por ejemplo, sus ideas base acerca de la dignidad humana que merece libertad, propiedad personal, especialización de trabajo, diversidad de pensamiento y talentos y el resto, llevan a la conclusión de una superioridad razonada y justificada con razonamientos abstractos y evidencias prácticas.

Esta realidad, entre los liberales, hace que ellos sean sorprendidos y sientan decepción, cuando sus sólidas ideas justificadas y sustentadas, no son aceptadas con cierta universalidad. 

Por no mencionar, el shock que les produce la popularidad del socialismo y que debe ser explicado con otras causas que no sean la de la superioridad de sus ideas —las que son notablemente inferiores.

Explicación del atractivo socialista

Hé aquí una tentativa de enumeración de causas por las que en este caso las ideas malas del socialismo han superado a las mejores del liberalismo.

1. Simbiosis entre socialismo y poder

La simpatía natural entre el gobernante, que ama el poder, y el socialismo, que le da una justificación para aumentarlo. Es una inclinación lógica que obedece a que el socialismo propone elevar el poder gubernamental al que todo gobernante aspira.

Por el contrario, las doctrinas liberales tienen en su esencia mínima la solicitud de reducir, limitar y supervisar estrictamente a los gobiernos —lo que el socialismo y el intervencionismo rechazan.

No debe ser causa de asombro que el gobernante clásico sea un promotor del socialismo y sus variantes antes que del liberalismo.

2. Emociones ganan a conocimientos

La dificultad general del electorado para pensar fría y racionalmente —lo que le hace responder favorablemente a sentimientos, emociones y buenas intenciones que son el terreno natural en el que se mueven el socialismo. 

Ese terreno de ilusiones, sueños y emociones es aprovechado para persuadir al electorado de que el socialismo es superior. Sobre todo, moralmente superior.

Por su parte, el liberalismo está más inclinado al uso de la razón, a la lógica de la argumentación disciplinada. Formas que no son de inmediato atractivas a un electorado de escasa preparación económica y política.

3. La fascinación con las buenas intenciones

El mayor poder de convencimiento general de las buenas intenciones y admirables propósitos y el notable menor poder de persuasión de las más abstractas ideas liberales.

Un contraste entre el romanticismo del soñador y la mente práctica del liberal, donde el primera gana casi siempre.

La atención casi única en las intenciones loables de una sociedad mejor, utópica, son irresistibles para el gobernante y buena parte del electorado. Y son usadas para justificar cualquier medida gubernamental, sea la que sea.

4. Inmediatez visible del socialismo

La inmediatez del socialismo que promete resultados de corto plazo atractivos masivamente. Es una obsesión con lo visible e inmediato que oscurece la consideración de efectos no intencionales posteriores menos visibles.

Es el fenómeno apuntado por Bastiat acerca de la importancia de las cosas que no se ven. Mientras que el liberalismo atiende consecuencias posteriores y efectos no intencionales, la explicación del atractivo de socialista resalta esta atención con lo visible inmediato de buenas intenciones.

El liberalismo, por su parte, no ofrece resultados inmediatos y sin esfuerzo, por lo que resulta desilusionante.

5. Comparación: teoría socialista contra realidad liberal

La acostumbrada crítica que el socialismo usa en contra del liberalismo compara los resultados reales del liberalismo contra los resultados teóricos del socialismo.

Un error de lógica varias veces apuntado. En la comparación de la teoría utópica socialista con la realidad liberal, o cualquier otra, es obvio que la situación descrita teóricamente gane siempre.

6. Intelectuales atraídos por el socialismo

Es un fenómeno curioso el que se inclinen por el socialismo aquellos que se suponen son personas de mayor educación e inteligencia superior.

Pero la realidad es que la combinación de buenas intenciones, propuestas idealistas, medidas simples, grandes emociones y loables intenciones, son una combinación irresistible para demasiados intelectuales.

Esta es una buena parte de la explicación del atractivo socialista. El intelectual creador de ideas y el intelectual difusor de ellas moldean a la opinión pública hacia la aceptación de más y más poder acumulado en el gobierno.

7. Caricaturización sustituye a argumentación

La enemistad entre socialistas y liberales es intensa y eso suele llevar a conflictos que usan argumentos ad-hominem, caricaturizándose unos a otros. Esto es especialmente notable en las campañas electorales que son por naturaleza sucias.

Producto de la caricaturización mutua es la propuesta simplista de medidas socialistas para alcanzar las admirables intenciones que persigue. Medidas que no tienen fundamento económico y no consideran efectos no intencionales, pero que el electorado cree posibles.

8. Confusión de términos y solución universal

Parte de la explicación del atractivo socialista es la frecuente confusión de términos. Por ejemplo, es usual confundir al mercantilismo con el liberalismo —y acusar al capitalismo de los defectos del mercantilismo.

Esto se extiende a otra costumbre, la de encontrar fallas en la realidad cotidiana, hacer al liberalismo responsable de ellas y proponer al socialismo como la solución que corregirá exitosamente toda falla actual.

No hay problema, falla, ni error de la realidad actual que no pueda ser solucionada con mayor intervención estatal.

9. Simpleza contra complejidad

Para la gente común, el socialismo es sencillo de comprender: todo problema tiene una solución perfecta e inmediata en la intervención gubernamental.

Mientras, por su parte, el liberalismo es más difícil de comprender. Sus explicaciones son muchas veces contraintuitivas y siempre más complejas. No promete perfección y considera efectos no intencionales. No es fácilmente comprensible.

La explicación del atractivo socialista, resumen

Si las ideas liberales, que son muy superiores a las de las doctrinas estatistas, no reciben una mayor aprobación, las causas deben buscarse en otros factores —aquí he ofrecido algunos de ellos.

No puede ignorarse el legado de Gramsci en esta explicación del atractivo socialista. El socialismo está inmerso en la cultura, convertido en una forma de pensar que cierra la mente a opciones que no sean las ortodoxas.

Es lo que ha creado socialistas involuntarios, personas razonables pero que están condicionadas por formas de pensar y métodos de censura que dificultan la difusión de opciones mejores.


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Y unas cosas más solamente…

Debe verse:

La causa de la supervivencia del comunismo

Conviene ver:



[Actualización última: 2020-09]

Notas extras sobre el atractivo del socialismo: ¿es mejor que el capitalismo?

Por Leonardo Girondella Mora 

Es posible hacer la comparación, pues basta recurrir a la Economía para razonar la respuesta. También es posible usar información de la experiencia misma.

Evidencias para capitalismo y socialismo

Una opinión propone que el socialismo es mejor para producir prosperidad y generar mayor bienestar. La otra opinión es la opuesta: el capitalismo produce más prosperidad y más bienestar que el socialismo.

¿Quién tiene la razón? Una manera de responder es acudir a «experimentos históricos», es decir, comparaciones reales entre uno y otro sistema. 

Un autor da en la clave cuando habla de contrastes entre ambos sistemas:

«Estos contrastes incluyen a los Estados Unidos y la Unión Soviética, Alemania Oriental y Occidental, Corea del Norte y del Sur, India y China bajo diferentes formas de socialismo y la India y China bajo diferentes formas de capitalismo. Venezuela no es sino el último ejemplo de un experimento socialista fallido». Ormerod, Paul. Against the Grain: Insights from an Economic Contrarian . London Publishing Partnership. Kindle Edition. Mi traducción.

Los datos son los siguientes:

  • Estados Unidos y la URSS: gana el capitalismo.
  • Corea y Corea del Norte: gana el capitalismo.
  • India socialista e India capitalista: gana el capitalismo.
  • China socialista y China capitalista: gana el capitalismo.

La información se complementa con Venezuela a partir de Chávez, claramente socialista —y compare el lector a ese país con cualquier otro de mercado libre. 

Más evidencia

«En 1980 la producción manufacturera anual brasileña era mayor que la de Tailandia, Malasia, Corea del Sur, India y China combinadas. En 2010, representaba un 10% en comparación con esos países. Una comparación sistemática de los países de América Latina con los de Asia da un resultado similar en las últimas tres décadas». bbc.com

Más todavía, el Índice de libertad económica confirma la evidencia. Los países más ricos son aquellos en los que domina la libertad económica y viceversa. Puede verse el lugar que ocupa Singapur contra los de Venezuela o Cuba.

De nuevo gana el capitalismo en la generación de riqueza y prosperidad. El socialismo no da resultados siquiera cercanos.  

Entonces, la conclusión es obvia.

Funcionará mejor y generará más riqueza una economía de libre mercado, capitalista, que una economía socialista planeada centralmente. 

El que no se reconozca esto y sigan implantándose políticas económicas socialistas tiene que ser una de las incógnitas más difíciles de explicar. Debe existir una explicación del atractivo socialista a pesar de su fracaso sistemático.

La explicación del atractivo socialista

Debemos comenzar con algo que es básico y esencial. Algo que es aplicado a todo.

De ningún sistema podemos esperar la perfección. El sistema de libre economía tiene defectos. Pero también los tienen el resto de los sistemas. Aunque esto es obvio, suele ser una realidad olvidada.

Es común que el partidario del socialismo hable de las fallas del capitalismo y que compare esas fallas con los resultados teóricos de la escuela que defiende. Hacer esto es tramposo.

Si quiero comparar a los dos sistemas, los voy a comparar con sus resultados reales; no a las fallas de uno con las buenas intenciones del otro.

Si estoy en una posición en la que tengo que escoger entre la aplicación del capitalismo y la del socialismo o el intervencionismo, una de las primeras cosas que tengo que hacer es comparar resultados reales.

No se puede hacer un experimento entre dos países, cada uno bajo un sistema diferente y esperar digamos unos 50 años para ver resultados.

Pero lo que sí puede hacerse es comparar resultados reales de diversos países que han estado bajo esos dos sistemas o variaciones de ellos.

Con esos datos puedo tener una respuesta razonable acerca de qué sistema da mejores resultados. “Mejores resultados” significa un mayor estándar de vida para la población del país.

Los resultados que conocemos indican con claridad que el sistema que mejores resultados da, es el de los mercados libres. Una evidencia clara de esto se encuentra en el Índice De Libertad Económica. Un amigo usa la comparación entre Cuba y Chile para demostrar la superioridad del sistema de mercados libres.

Añadir a la naturaleza humana

Pero lo anterior no basta. Los mercados libres dan mejores resultados en cuanto a creación de riqueza, pero hace falta algo más. Esto que falta es considerar a la naturaleza humana.

Es decir, explorar si los mercados libres se acomodan mejor a la naturaleza humana que los sistemas contrarios. Un terreno mucho más filosófico.

Si consideramos que los humanos somos personas libres, que pueden pensar, tomar decisiones y actuar, el mejor sistema será aquel que les proporciona las mejores condiciones para aprovechar su libertad y su razón.

No tengo duda, en este sentido, que los mercados libres son mucho más congruentes con la naturaleza humana que los otros sistemas. En ellos hay mucho más libertad que en los sistemas socialistas e intervencionistas.

Concluyendo

La conclusión hasta este momento es razonable. Si se tuviera que escoger entre un sistema de mercados libres y otro de mercados intervenidos, resultaría evidente la superioridad del primero de ellos.

Los mercados libres dan mejores resultados reales y son más congruentes con la naturaleza humana.

Sin embargo, tenemos que regresar al punto de partida, el de la imperfección humana. Incluso reconociendo que el sistema de mercados libres es el mejor, eso no significa que sea un sistema perfecto.

Tiene fallas y producirá situaciones indeseadas. Una realidad que no significa que, por ejemplo, el socialismo sea mejor. El socialismo y el intervencionismo también tienen fallas que no son insignificantes (producen resultados inferiores y no son congruentes con la naturaleza humana).

Muy bien, los sistemas de mercados libres produce fallas y tienen errores.¿De qué manera resolverlos?

Solución a fallas reales

Una posibilidad sería usar medidas intervencionistas pero eso significaría que las soluciones estarían basadas en sistemas que logran resultados malos y son contrarios a la naturaleza humana.

Los controles de gobierno para remediar los problemas de los libres mercados podrían deteriorar las cosas, con el riesgo de hacernos creer que esos deterioros son el resultado de fallas del mercado libre y no del intervencionismo (un error muy común).

La solución más prometedora, en lo general, sería remediar los problemas de la libertad económica con soluciones basadas en esa misma idea de libertad. No tendría gran sentido el resolver las fallas de la libertad económica con remedios basados en recortar esa libertad.

De lo anterior puede concluirse un principio de acción. Las medidas intervencionistas o socialistas son solo la última de las cartas que pueden jugarse para remediar los problemas de los mercados libres. Son la excepción y no la regla.

Pensar que el atractivo socialista, aún bajo las consideraciones anteriores, se siga manteniendo requiere una explicación.