Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Lo Más Importante Son Las Ideas
Eduardo García Gaspar
29 octubre 2003
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Me siento muy afortunado por tener amigos como uno que con alguna frecuencia se entera de conferencias a las que me invita, pues compartimos ambos una terrible hambre de ideas.

Fue así que hace unos días, recibí un telefonazo de mi amigo con la consabida invitación a la conferencia de un intelectual español, Rafael Termes, autor de varios libros y poseedor de un currículum muy largo.

Comparto con usted una de las ideas de este hombre, expresada con gran claridad en esa conferencia. Dice Termes que su añeja defensa del capitalismo tiene una justificación ética primaria y principal, pues ese sistema defiende la libertad del hombre y esa libertad humana es parte de nuestra esencia.

Si no fuésemos libres no seríamos humanos. Si se nos negara la libertad se nos negaría también nuestra esencia, que es precisamente lo que hacen los socialistas y colectivistas.

Es así que este católico convencido y gran conocedor de los escritos de la Iglesia se declara capitalista y liberal. Sus razones son engañosamente sencillas: Dios nos creó a su imagen y semejanza, dándonos el don de la razón y el don de la libertad. Todo lo que nos quite nuestra libertad está yendo contra el mandato de Dios.

Esta idea es conocida, no propia de Termes, pero bien recordada por él.

Lo que hace única a la idea del autor es el paso que da después. Dice que el defendería a la libertad humana como un sustento ético y moral incluso si esa libertad diera malos resultados en la vida diaria. En otras palabras, la libertad es un principio ético que no debe violarse aunque él tuviera consecuencias negativas en la vida cotidiana.

Eso, desde luego, dice, es un caso hipotético que sirve para mostrar la importancia del respeto hacia el mandato de Dios, porque en verdad sabemos que la libertad tiene consecuencias positivas en nuestro mundo físico.

Tomemos a los países en los que la libertad humana se respeta y fomenta y veremos que ellos tienen estándares de vida superiores a las naciones en los que no se dan esas condiciones.

A lo que dice Termes, añado yo, que debemos entender que sería muy extraño e incongruente que un mandato Divino tuviera consecuencias negativas en nuestra vida. Esa es la idea que quiero compartir con usted en esta segunda opinión y lo hago con el entusiasmo de quien ha descubierto algo maravilloso sin poder resistir el compartir esas ideas con sus amigos.

Dios nos da el don de la razón, el que poca aplicación tendría sin no fuésemos libres.

¿De qué nos serviría pensar si no podemos hacer?

Y, lo mismo, ¿de qué nos serviría poder hacer si no podemos pensar?

Esta combinación de elementos de razón y libertad nos da la justificación ética del liberalismo, sí de esa escuela de pensamiento que tantos desconocen y temen. Y, lo que es más, el sólo hecho de tener a la libertad humana como principio moral absoluto nos manda a rechazar escuelas de pensamiento cuyo sustento es la negación de esa libertad, como el socialismo.

La idea de Termes es francamente buena al decir que él defendería a la libertad humana incluso si ella ocasionara males en el mundo, lo que sirve para ilustrar la estatura de la libertad como valor humano.

Sin embargo, como dije, resulta que la libertad produce bien, pues crea progreso y eleva el bienestar de las personas. No es sorpresa que eso suceda, pues sería ilógico que un don de Dios causara males en la vida terrenal.

Después de esto, nos queda pendiente ir un paso más allá y definir con más precisión la libertad, pues nuestros tiempos, mucho me temo, la han distorsionado gravemente. ¿Es la libertad la posibilidad de hacer lo que nos pegue nuestra gana? Entendida así, la libertad es incompleta, pues renuncia al otro elemento que es el uso de la razón.

La libertad es, por tanto, algo más elevado que el hacer lo que se nos antoje. La libertad es la selección voluntaria de hacer eso que nuestra razón indica, cuando podemos hacer lo contrario. Y es precisamente cuando eso sucede que la libertad en la tierra produce sus más grandes frutos, cuando las personas optamos voluntariamente por hacer lo que nuestra razón indica.

En fin, me sucede que sencillamente cuando encuentro ideas que me emocionan no puedo hacer otra cosa que compartirlas con otros. Ojalá usted se haya emocionado siquiera la mitad de lo que yo lo hice después de escuchar a Rafael Termes.

Post Scriptum

Rafael Termes es autor de un libro muy recomendable: Antropología del Capitalismo, RIALP, Madrid, 2001, ISBN 84-321-3369-8.

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