Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Déjanos Hacer, Podemos Solos
Eduardo García Gaspar
20 marzo 2009
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Manejar la tasa de interés, o mejor dicho las tasas de interés, es una tentación perenne de los gobiernos. No extraña. Los gobernantes tienen una pasión desmedida por controlar la vida del resto de los mortales y lo han hecho con resultados muy malos (lo que no les ha convencido de desistir en su propósito).

La opción alterna al control estatal es la libertad personal, dejar que la gente decida su vida, lo que incluye establecer tasas de interés, precios de las manzanas, o lo que sea. Querer controlar la tasa de interés es más o menos equivalente a querer controlar con quién se casa usted. El gobernante estará fascinado con la posibilidad de seleccionar a su cónyuge en aras del bien común.

Una tasa de interés representa un acuerdo entre dos personas al menos. Una es la que tiene fondos que no necesita de inmediato y la otra es la que no tiene fondos y los necesita de inmediato. Es una maravilla que entre ellos se pongan de acuerdo y decidan un precio, que se expresa proporcionalmente a la cantidad de dinero acordada. Nadie pierde, todos ganan.

Es vital que se reconozca que no hay una tasa de interés, sino muchas. Son diferentes porque obedecen a situaciones diferentes que son valoradas por quienes viven la situación, e imposibles de conocer por quien está alejado en una oficina burocrática. El que presta juzga tiempos, riesgos y costos de oportunidad, pero también lo hace el que pide.

Y se tienen reglas de sentido común. Si el riesgo es grande, la tasa crecerá, y viceversa. No es complicado. Si hay mucha oferta de crédito, las tasas tenderán a bajar, y viceversa. Tampoco es complicado. Como tampoco lo es tener tasas bajas cuando la inflación lo es también, y viceversa.

Y, más aún, ambas personas acuerdan una tasa porque ambas creen poder salir ganando al final, lo que suele suceder en la gran mayoría de los casos. Si las leyes de un país favorecen a los deudores, las tasas serán más altas que donde la ley considere que ambas partes tienen iguales derechos. Un mal sistema de tribunales elevará las tasas y uno bueno las reducirá.

Cada situación es única y personal y no hay nadie mejor para evaluarla que las partes interesadas. Imagine usted que da un préstamo a un amigo. Es natural que entre ambos acuerden condiciones, tasas y plazos. Pero ahora imagine que un desconocido toca a su puerta y les dice que no, que él impondrá las condiciones por la fuerza. Usted lo sacaría a patadas, pero cuando un gobierno hace lo mismo, la percepción suele cambiar.

E incluso hay personas que dan la bienvenida al gobierno para meterse en lo que otros decidirían mejor. Es por esto precisamente que la manipulación de tasas por parte de un gobierno dañará al menos a una de las partes, quizá a las dos. En buena medida, por tener tasas manipuladas estamos en crisis.

Esas tasas no hubieran sido las mismas que las acordadas por la gente que sabe. Usted no le hubiera dado un crédito fácil y de tasa baja a quien no cumpliera con ciertos requisitos de ingresos. Manipular la tasa de interés es, en verdad, como tener a un burócrata que le fuerza a usted a hacer cosas que no haría. Es decir, usted siempre sale dañado por la intervención estatal.

Piense usted en la miopía que tienen algunos cuando se indignan porque las tasas de interés son más altas en México que en EEUU o Canadá. Serían muy similares si los países fuesen idénticos, con igual inflación, iguales leyes y tribunales, igual oferta y demanda de créditos, igual economía. Las tasas son distintas porque las condiciones en cada país son diferentes. Por eso los bonos del gobierno mexicano pagan más interés que los de EEUU.

¿Quiere alguien reducir tasas de interés? Se puede hacer, pero no directamente. Si se tiene una inflación muy baja o nula, bajarán. Si se tiene un estado de derecho que trate a todos por igual en tribunales eficientes, también bajarán. Lo mismo, si hay crecimiento económico y los ahorros se incrementan. La prosperidad reduce tasas de interés.

Lo que es francamente admirable es que se crea que es posible manejar centralmente las tasas de interés por parte de un grupo de expertos y otro grupo de gobernantes inquietos que presuponen saber más que usted y yo cuando nos ponemos de acuerdo en algo. No son asuntos ideológicos, son de simple sentido común.

Post Scriptum

Desde luego, para facilitar los acuerdos hay intermediarios, igual que cuando alguien compra manzanas en un supermercado. En el crédito está los bancos y otras instituciones financieras que facilitan la vida a todos. Si usted necesita un crédito sería absurdo ir casa por casa solicitándolo; lo mismo para el que presta. Y, por supuesto, los bancos prestan fondos que no son propios, cobrando por ello un diferencial entre tasas. Ese diferencial suele ser el resultado de una valoración de la situación de mercado, que tenderá a reducirse con la estabilidad económica, la existencia de un estado de derecho, tribunales eficientes, leyes justas, crecimiento económico y demás.

Creo que debo señalar que las tasas de interés han sido consideradas con el precio del dinero, una especie de costo por el alquiler de una cantidad de dinero que pasa a ser usada por alguien con la obligación de reintegrarlo a su dueño en adición al precio del alquiler. Si esto se acepta, la definición que queda es absurda porque no contesta la pregunta de qué es lo que se consideró para determinar ese precio.

La mejor respuesta es la de que la tasa de interés varía proporcionalmente a las preferencias de tiempo.

En su columna, Los Senadores No Entienden, Isaac Katz (Asuntos Capitales, 6 marzo 2009), tiene comentarios muy razonables:

Los senadores de todos los partidos políticos simplemente no alcanzan a entender el por qué del nivel de los intereses y de las comisiones que los bancos establecidos en México, de capital nacional o extranjero, les cobran a sus clientes, acusándolos de que estos son excesivos, acusándolos de usureros…

Argumentar… que los bancos de capital extranjero establecidos en México deberían cobrar tasas y comisiones iguales a las que prevalecen en sus países de origen, es no reconocer que existen elementos locales que llevan a que los niveles de estas dos variables sean superiores aquí…

Los controles de precios, no importa en qué mercado se apliquen, invariablemente terminan dañando a los demandantes, a los consumidores….

Grupo Imagen (17 marzo 2009) reportó que no he exagerado en lo más mínimo lo dicho en la columna,

El líder de los senadores priistas, Manlio Fabio Beltrones, adelantó que el Congreso pretende regular las comisiones y tasas de interés bancarias para reducir su monto y acabar con los abusos de los bancos. Beltrones Rivera señaló que existe “la firme voluntad de legisladores de diversas fuerzas políticas para poner un alto a esta irregularidad que priva en el sector financiero”… advirtió que el Estado mexicano tiene plenas facultades para regular las comisiones bancarias y tasas de interés, resguardando el interés público. Sostuvo que la ausencia de regulaciones en el sistema financiero ha sido identificada como una de las causas de la crisis económica global, por lo que “… se trata de equilibrar los márgenes de libre competencia en el mercado de servicios financieros para protección a los usuarios y la transparencia en el mercado”…


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.



No hay comentarios en “Déjanos Hacer, Podemos Solos”
  1. Xavier Dijo:

    Estoy de acuerdo con el punto de vista de dejar libres a las tasas de interés. La razón de esto es una doble: se sabe que los políticos no tienen el conocimiento necesario para hacer eso y, por si fuera poco, esa interferencia con el mercado es una violación de libertades y derechos humanos.





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