Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desde Fantasilandia
Eduardo García Gaspar
10 diciembre 2009
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
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Si usted va a ponerle reglas y leyes a los reparadores de computadores, será de gran ayuda que usted conozca del negocio, de sus peculiaridades y problemas. Si usted va a establecer un reglamento de procedimientos a los doctores, será de gran ayuda que usted conozca del tema.

Suena lógico: para decirle a los demás qué deben hacer, hace falta ser uno de ellos. Por ejemplo, si se ponen reglas a las empresas sería conveniente que se tuviera un buen conocimiento de las experiencias empresariales, como contratar y despedir personal. O como enfrentar competencia, manejar ventas, llevar las finanzas y esas cosas.

Sobre eso precisamente, un amigo me dio unos datos. La fuente es una publicación de J. P. Morgan. Se trata de porcentajes. Los que presidentes de EEUU dieron a personas que tenían experiencias en empresas privadas y que trabajaron en sus gabinetes de gobierno.

Los porcentajes van de menos de 10% a casi 60%. Son cifras que representan a gente de real influencia en cada administración: secretarios en puestos importantes desde Roosevelt. De los más de cuatrocientos estudiados, se obtuvieron datos que en verdad son interesantes.

Los he dividido en dos grupos.

• Uno de ellos, el que incluye a las administraciones con mayores porcentajes, por arriba del 50% y son en orden: Eisenhower, Reagan, Bush (H.W.), Bush (W) y Wilson.

• El segundo grupo es el que incluye a las administraciones estadounidenses con menos de 25% de miembros clave que tienen experiencia en el sector privado. Este grupo tiene un sólo gobierno, el de Obama, con menos del 10% de personas claves en su gabinete y que tienen experiencia en el campo de la economía real.

El siguiente menor, es el de Kennedy, con menos de 30%. Carter está con un nivel poco superior al 30. Todo el resto oscilan entre más de 30 y menos de 50%. Es decir, el gobierno de Obama es una excepción enorme a la historia desde Roosevelt (que tenía 50 %). Obama tiene cinco veces menos.

Son estas cifras de un tipo que en sí mismo no pueden ser bases sólidas de nada si se les considera aisladamente, pero sí parecen formar parte de un patrón general del actual poder ejecutivo en EEUU: su inclinación a ambicionar ser el corazón del país, la casa desde la que se dice a los demás qué deben hacer.

El tema bien vale una segunda opinión para señalar un fenómeno importante y que es la formación de un segmento social, el formado por el gobernante profesional. Es el especialista en gobernar, es decir, en decirles a otros lo que deben hacer. Y lo que es curioso es que los gobernantes especialistas nunca han pasado por las mismas experiencias de aquellos a los que dictan órdenes.

Entiendo que exista la necesidad de algún nivel de especialización gubernamental en los miembros de un gabinete presidencial, pero me resulta muy difícil aceptar que alguien que jamás se ha sentado en una reunión de negocios sea capaz de influir en la vida de las empresas con órdenes y dictados. Y, cuando lo hace, su inclinación será la de ver a las empresas como caricaturas de la realidad.

Lo que las cifras anteriores presentan, en una faceta extrema, es lo que suele sucederle a los gobernantes: alejamiento del mundo real. Obama, en este caso, ilustra muy bien el caso de una reunión del gabinete presidencial. Imagine usted esa reunión en la Casa Blanca, con los más influyentes miembros de ese gobierno y donde prácticamente nadie sabe lo que es trabajar para tener resultados en una empresa que existe en el mundo real.

El punto puede ser usado para construir una teoría sobre el alejamiento de las autoridades del mundo real, en el que usted y yo vivimos. Podemos imaginar a los gobernantes como viviendo en un mundo en el que las imágenes de ese mundo real han sido producidas no por experiencias propias, sino de oídas y seguramente transformadas en caricaturas irreales y simplificaciones ingenuas (Lenin fue un caso de este tipo, pues nunca puso los pies en fábrica alguna).

Siguiendo con esa teoría, podemos proyectar un escenario fatal: el gobernante obliga a los demás por la fuerza a seguir sus dictados, los que están sustentados en lo que él se imagina que es la realidad… pero no lo es… es el mundo que él se elucubra. Es un padecimiento de alejamiento de la realidad, que es lo que sufren quienes tienen trastornos mentales.

Y, al final de cuentas, la verdad es que no me gusta la idea de ser gobernado por quien ha creado su mundo de fantasía.


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