Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Dos Culpas Tuyas
Leonardo Girondella Mora
6 febrero 2009
Sección: LIBERTAD CULTURAL, Sección: Análisis
Catalogado en: , ,


El 26 de enero de 2009, fue publicada una columna de Denise Dresser, titulada, Mea Culpa (Grupo Reforma)—la que deseo analizar. El tema es uno que toca fibras muy sensibles en la escena intelectual mexicana. Para comprender la columna, es necesario saber que fue redactada como si se tratara de decir el Yo Pecador católico y que es rezado por el presidente Calederón.

Casi en el inicio dice:

… yo, Felipe Calderón, confieso ante los ateos, los agnósticos, los musulmanes, los evangélicos, los judíos, los budistas, las madres solteras, los divorciados, los homosexuales, las lesbianas y vosotros hermanos que me he equivocado seriamente en pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa he minado los cimientos del Estado laico y asumido posturas públicas que corren en contra el liberalismo democrático que debería guiar mi conducta y la del Gobierno.

Al hablar como lo hice en el Sexto Encuentro Mundial de las Familias -organizado por el Vaticano- violé el espíritu de la Constitución que juré defender. Violé los preceptos de la separación Estado-Iglesia…

La violación que Dresser alega es explicada:

Debí inaugurar el evento, pero no formar parte de la cruzada religiosa a la cual dio pie. Fue un error confundir aquello que guía mi fuero privado con mis labores públicas. El artículo 24 de la Carta Magna me da derecho a profesar y practicar mis creencias religiosas. Pero no me da derecho a suponer que son mejores que las de otros, o que deben ser asumidas por todos los mexicanos…

…. Sé que tengo derecho a practicar mi fe, respetar mis valores… Pero es un acto de torpeza presumir esa fe, esos valores, esos santos y esa religión como Presidente… Porque en este país hay muchas formas válidas de ser mexicano, no sólo aquellas reconocidas por la Iglesia católica.

La acusación que Dresser hace se aclara aún más:

… No reconocí ni celebré ni aplaudí la humanidad compartida por millones de mexicanos que han elegido vivir de maneras distintas: las mujeres que crían hijos solas y las mujeres que los crían acompañadas, unos que creen en Dios y otros que dudan de su existencia; quienes cargan con un crucifijo y quienes se arrodillan hacia La Meca; los que aman a personas del mismo sexo, o los que aman a personas del sexo contrario.

… En lugar de apelar a la diversidad, ensalcé a la familia tradicional… repartí sablazos morales al sugerir que los divorcios producen delincuentes. Que las madres solteras merecen compasión. Que la única familia sólida es la familia tradicional… Que un entorno familiar distinto al mío es disfuncional. Dividí a México en bandos de buenos y malos…

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Perdonará el lector las citas extensas, pero ellas son necesarias para entender la acusación que Dresser hace de una acción del presidente mexicano actual —una acusación que puede verse de esta manera:

• Un presidente cualquiera está comprometido a respetar las leyes —una aseveración con la que no hay problema y se acepta sin protesta.

• Un presidente cualquiera tiene la libertad de pertenecer o no a una iglesia, la que sea —otra afirmación aceptada sin problema: si se le pidiera no pertenecer a ninguna religión, ello sería igual a imponer una creencia religiosa también, la de no creer, y se violarían libertades.

• Un presidente cualquiera tiene libertad para asistir a eventos en su calidad de gobernantes, a los que él decida y considere convenientes —otra consideración que no tiene problema esencial: puede asistir a una reunión con el Dalai Lama, con el Papa, o cosas similares.

No se ve un problema con las bases anteriores, que son de simple sentido común y creo que aceptables para todos.

El alegato de Dresser toma forma concreta cuando ella percibe en las palabras de Calderón una contradicción, o al menos una posición presidencial que altera el respeto a la ley —quizá el ejemplo más claro sea la afirmación básica de Dresser: expresar el presidente creencias católicas, como la de la familia tradicional, es igual a discriminar en contra de quienes tienen creencias opuestas

Es claro que Dresser da un salto no justificado —poseer creencias de un tipo cualquiera no necesariamente es un acto de discriminación que lleva a la exclusión de quienes no tienen la misma creencia. Calderón, supongo, cree en los principios de su partido, el PAN, y no tanto en los principios de otros partidos: estas diferencias no llevan necesariamente a la realidad de que Calderón excluya de la política a otros partidos. Es un non sequitur bastante claro.

Si la expresión de creencias religiosas, por ejemplo, anglicanas, de un diputado en un acto oficial es una violación de las leyes o del liberalismo democrático, entonces Dresser está pidiendo el aislamiento absoluto de toda religión en los gobernantes —a Obama lo acusaría de discriminar contra judíos porque la Biblia que usó contiene el Nuevo Testamento, o contra el Islam, porque no usó el Corán.

La falacia de Dresser consiste en hacer iguales a dos acciones diferentes. Una acción es la de expresas opiniones religiosas. La otra es realizar un acto de discriminación legal y formal en contra de quienes no comparten esas ideas religiosas. No es lo mismo, como ella presupone, decir que las familias tradicionales son mejores a emitir una ley que impida el empleo de hijos de madres solteras.

Si lo que desea Dresser es retirar de la política a las creencias religiosas católicas de miembros del gobierno, debe también retirar las creencias de toda otra religión, la que sea —no hacerlo sería un acto de desigualdad. Y si apoya el retiro de toda creencia religiosa, entonces está sosteniendo una postura también religiosa, la de no tener religión en ninguna manifestación posible en el gobierno.

Dresser enfrenta, además un problema severo, el de cómo detectar la manifestación religiosa en las ideas que tienen los gobernantes —si un gobernante sostuviera una posición que, por ejemplo como Obama, fomentara el aborto, esta posición también tiene una influencia religiosa, opuesta a algunas religiones, pero congruente con otras.

La posición de Dresser no tiene un fundamento razonable que pueda ser defendido lógicamente —su única defensa posible es la de hacer equivalente dos acciones que no son iguales.

Si la lógica de Dresser fuese aplicada a otros terrenos, tendrían que admitirse situaciones absurdas: el que exprese opiniones basadas en el liberalismo viola la constitución porque excluye a los que tienen opiniones basadas en el socialismo, o viceversa; si el presidente hablara de que la música clásica es superior, eso sería ilegal porque excluiría a la música nacional mexicana.

La falla de Dresser es sumamente común y repetida con frecuencia produciendo una consecuencia muy desafortunada, la de oscurecer el verdadero fondo del tema de la separación iglesia-estado —no es una separación religión-gobernante, sino una prohibición de la unión de poderes: la de la jerarquía de un gobierno con la jerarquía de una religión específica.

Es posible y deseable evitar esa fusión de jerarquías —pero retirar opiniones religiosas de las personas, sean gobernantes o no, es imposible.

En resumen, la reacción de Dresser ante las opiniones de Calderón en un evento católico contienen esos dos errores básicos, frecuentes y difíciles de ver:

(1) tener opiniones, las que sean, no es equivalente a realizar una acción formal de exclusión de terceros; y

(2) la base de la separación estado-iglesia es una de unión de jerarquías, no una de ideas o creencias

El verdadero liberalismo defiende las libertades de todos, y eso no puede excluir a las religiones, como tampoco a ONGs y demás —se admiten por tanto las expresiones religiosas de los gobernantes, que tienen las mismas libertades que el resto. Es en ese juego de intercambios de opiniones de todos tipos que se logran acuerdos generales, influyéndose unos a otros.

La posición de Dresser sería igual a la de ejercer eso mismo de lo que acusa a Calderón —lo que dice es que quien no piense como ella debe ser visto como una persona que discrimina y es intolerante.

Una diferencia de opiniones no es una acción de discriminación e intolerancia, como supone Dresser —al contrario, esa diferencia de opiniones es lo que alimenta en progreso y el adelanto; es lo que lleva a tener mejores opiniones y prosperar, que es lo que la autora supone al expresar sus ideas. Si la expresión de opiniones fuese un acto de intolerancia, entonces la autora comete la misma falta que critica.

Addendum

Es posible que alguien que haya leído lo anterior piense que estoy haciendo una defensa de Calderón, que soy un panista radical, que tengo una posición radical conservadora, o que soy un católico fundamentalista —ninguno de esos posibles alegatos será suficiente, incluso si llegaran a ser ciertos, para descalificar las afirmaciones que he hecho antes.

Si se desea un ejemplo de esa violación, de la que habla Dresser, las noticias señalan uno muy claro:

President Mahmoud Ahmadinejad said the launch [of the Iranian satellite] had been successful and that with it Iran had “officially achieved a presence in space”. Mr Ahmadinejad said the satellite was launched to spread “monotheism, peace and justice” in the world.

La columnista asegura explicar la razón de la violación de la ley que ella atribuye a Calderón —es una causa electoral:

Ustedes se preguntarán por qué me comporté así. Quizá sólo puedo reconocer que fue un acto motivado por imperativos electorales… La elección intermedia se avecina y si las cosas siguen como van, al PAN se encamina a perder apoyos y votos… Los asesores políticos me han dicho que una manera de movilizar mi base electoral es a través del conservadurismo confesional… Creo que si el PAN necesita apelar a Dios y al catolicismo para mantenerse en el poder, debe hacerlo…

Este es un tema que no traté por dedicar mi espacio a uno sólo, sin distracciones —pues, sea o no cierto lo que ella dice, no tiene influencia en los dos errores que en su escrito ha cometido. Al respecto agrego que hacer cosas en busca de popularidad y aprobación pública es la regla general de conducta de todo gobernante —Dresser no señala nada nuevo con esa explicación.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



2 Comentarios en “Dos Culpas Tuyas”
  1. Celia Palacios Dijo:

    Por fin he encontrado a alguien que puede expresar su lógica como yo. Le agradezco mucho este artículo, pues ahora tengo estructurada la defensa de mis ideas. me encantó el párrafo que dice "tener opiniones, las que sean, no es equivalente a realizar una acción formal de exclusión de terceros". Con eso mismo me vengo peleando con mi marido y con mi suegro desde hace mucho. ¡GRACIAS!

  2. Celia Palacios Dijo:

    Quiero agregar otro comentario, a casi dos años de haber leído por primera vez su artículo. Por supuesto, sigo pensando que tener una opinión sobre un tema no significa excluir a terceros.

    Sin embargo, reflexionando menos sobre la forma de estructurar los discursos y más sobre los contenidos de Calderón y de Dresser, pienso que algo que no dice Denisse Dresser pero que se deja ver en su mensaje es que ella asume que todo lo que el Presidente Calderón diga de manera pública lo dice en nombre de todos los mexicanos. Suponiendo verdad en esta aserción, entonces sí excluye el Presidente a terceros al expresar su opinión, porque no es la del individuo Felipe, sino la del representante del Ejecutivo de México.

    Creo yo que si Felipe Calderón expresa qué es lo mejor para las familias, como él [personalmente] entiende que debe ser lo mejor, entonces él debe ser muy explícito en su forma de decir que NO excluye a las otras formas válidas de relaciones humanas. Debe ser explícito al expresar que su visión de la familia (muy válida) no es la mejor del planeta, ni la única, y que las otras formas de integrar el amor y las familias son tan válidas como la suya. Si no lo expresa con todas sus letras, y asumiendo que habla como el representante de todos los mexicanos (porque habla desde la silla presidencial), entonces provoca aparente saltos de abstracción y aparentes non-sequitur.

    En eso, en particular, que tampoco lo expresó abiertamente Dresser, yo coincido.





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