Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
El Observador Externo
Eduardo García Gaspar
20 enero 2009
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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La estamos viviendo exactamente como lo escribió. No fue el único que trató el tema. Me refiero a  Herbert Spencer (1820-1903) y su libro Social Statics escrito en 1851. En una de sus partes se habla de un círculo vicioso.

Comienza con una medida gubernamental, la que usted quiera, como por ejemplo, reducir la tasa de interés o abreviar los requisitos para obtener créditos en la compra de casa propia. La intención de la medida es elevar el bienestar de la población a la que se gobierna… después de todo, se dice, para eso están los gobiernos, para hacernos felices al resto de los mortales.

Pero esa medida u otras con el mismo propósito admirable tienen efectos colaterales. No se logra el objetivo, y se empeora la situación. Por ejemplo, crece la cantidad de créditos incobrables, o algo similar. La nueva situación, peor que la anterior, provoca la reacción gubernamental: hay que hacer cosas, otras cosas, para remediar el problema que creó la primera decisión.

Y así, escribe Spencer, se crea un círculo vicioso: una intervención crea problemas, que producen otra intervención gubernamental, la que crea nuevos problemas que a su vez originan nuevas medidas estatales, las que generan otros problemas que vuelven a provocar nuevas intervenciones estatales…

Cuando mis alumnos veían esta idea, la comprendían rápidamente. Es muy sencilla. Lo fascinante de estos momentos es que la están viendo en vivo en todo el mundo. La pena es que nos daña a todos.

Quienes, por otro lado, hayan leído la novela de Ayn Rand, Atlas Shrugged, que tradujeron como La Rebelión de Atlas, recordarán que el tema es similar. (El título en inglés connota la idea de Atlas encogido de hombros, indiferente.)

Los gobiernos están siempre más que dispuestos a realizar lo que sea necesario para solucionar una crisis, o un problema cualquiera que se tenga en una nación, con la peculiaridad de que fueron ellos mismos los que provocaron la crisis y el problema. Emiten leyes, decretan programas, casi todos contrarios al sentido común, como el incentivar fracasos bajo el pretexto de ayudar al empleo.

En medio de crisis, recesiones, pronósticos apocalípticos, riesgos dramatizados y una urgencia extrema por actuar, los ciudadanos llegan a creer que sin su gobierno nada puede salvarlos del inevitable destino. No se dan cuenta de que fueron las malas decisiones gubernamentales las que causaron todo en última instancia. Y se hacen propuestas lunáticas, como la del PRD para elevar de urgencia los salarios mínimos por arriba de inflación, o salvar empresas que desperdician recursos.

El tema bien vale una segunda opinión para resaltar un punto que un amigo explicaba de la siguiente manera. Cuando yo tengo un problema personal serio, decía él, me veo como un jugador de futbol en la cancha, en un partido de copa mundial. Pero como dentro de la cancha no veo todo, imagino estar sentado en las gradas, como un espectador cualquiera. Desde esa posición me veo en la cancha y puedo darme direcciones mejores.

Si vemos desde afuera esta crisis, como si fuésemos los espectadores que mi amigo propone, las cosas se verían con más tranquilidad y la tranquilidad que provoca la experiencia es vital (recuerde esto mismo en el piloto del avión que cayó en el Río Hudson). Viendo el espectáculo desde afuera, las cosas se pueden entender mejor.

Y, entonces, al ver desde fuera el origen de la crisis en políticas y decisiones gubernamentales que tuvieron la intención de hacernos felices, comenzaremos a tener dudas sobre las bondades de otras políticas, programas y propuestas similares y que vienen del mismo que comenzó los problemas.

Si estamos metidos en la cancha no tendremos esa visión más general y pausada, y tenderemos a aprobar lo que sea que se proponga. Pero si somos capaces de volvernos un espectador ajeno y pausado, comenzaremos a entender lo contrario que al sentido común resulta tener más manipulaciones de la tasa de interés, por ejemplo, o más gasto gubernamental.

La diferencia entre las dos posiciones es abismal. Quienes permanecen dentro del problema en ese ambiente de urgencia y desesperación instarán a más y más programas estatales. Quienes hayan adoptado el plan de observador externo, por el contrario, verán poco a poco la conveniencia de hacer lo opuesto y retirar las intervenciones de quienes prometieron hacernos felices.

Post Scriptum

La columna de Stephen Moore “Atlas Shrugged: From Fiction To Fact In 52 Years” (WSJ, 9 enero 2009), señala este mismo fenómeno, el de estar viviendo algo que ha sido escrito en una novela hace medio siglo. Dice que se planeaba hacer una película de la obra de Rand, pero que ello ya no es necesario, pues se está viviendo en carne propia.

Un breve resumen de la idea de Spencer está en Tiros Por La Culata.

La idea de mii amigo, de observarse desde fuera de la cancha en la que juega, tiene un antecedente en Ética, la del observador imparcial. Es una tradición filosófica que supone la existencia de un ser externo que observa la conducta propia y la juzga objetivamente y con justicia: si la persona considera el ser observado así, actuará mejor.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.



No hay comentarios en “El Observador Externo”
  1. luis lojero Dijo:

    Me parecio interesante el punto de vista





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