Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Falacia del Bienestar Social
Leonardo Girondella Mora
11 mayo 2009
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Puede ser llamada también falacia del interés general, o del beneficio general y consiste en justificar cualquier acción o idea que implica el sacrificio de unos usando como pretexto el beneficio social que eso tendría.

La falacia del bienestar social contiene tres personajes —uno es el personaje concreto y determinado, a quien se pide un sacrificio; otro es el personaje vago y colectivo, el interés general, que será beneficiado por ese sacrificio. El tercer personaje es el que ordena dicho sacrificio usando la falacia de razonamiento.

Un ejemplo de esta falacia es la propuesta de control de la tasa de interés por parte del gobierno —cuando se arguye que reducirla es una medida de beneficio social. En este caso, la reducción implica por necesidad el sacrificio de los ahorradores para el supuesto beneficio general de la economía.

Otra ocasión de la misma falacia es la que se presenta cuando el gobierno eleva impuestos y señala que eso es de interés general —los contribuyentes son sacrificados en aras de un imaginado bienestar general abstracto. Debe ser notada la ausencia de argumentación adicional, pues todo se cimienta en el interés general en abstracto y sin menciones específicas.

No se explica el mecanismo por el cual la elevación de impuestos funcionará para beneficio general, ni se examina el efecto efecto que provoca el alza de impuestos. Por ejemplo, se justifica que una nueva regulación es necesaria porque ella resultaría en un bienestar social y no se hace nada más. Es como la justificación de cualquier acción por la meta que se persigue.

El caso de la elevación de impuestos a la venta de bienes de lujo es un buen ejemplo —se propone diciendo que quienes tienen más ingresos, que son un grupo pequeño, darán más de sus ingresos a obras de interés general que realizará el gobierno.

La falla de la falacia del bienestar social se encuentra fácilmente en el aspecto vago del beneficio: es tan difusamente definido que no significa nada. Decir que algo es de beneficio social o de interés general sirve de ahorro a las justificaciones necesarias —cualquier medida puede ser justificada de esa manera, incluyendo la ayuda gubernamental a empresas quebradas, o un déficit gubernamental.

Existe otra falla, más oculta que la anterior. El modo de argumentar de la falacia tiene una hipótesis que es falsa —ella presupone que quien realiza la acción, es decir, el gobierno, tiene un conocimiento mayor de lo que una comunidad necesita, en comparación al conocimiento mucho menor que tienen las personas que en ella viven. Esta es una imposibilidad física.

El conocimiento que tienen millones de personas en una nación es imposible de ser dado en su totalidad a los gobernantes —ningún gobernante o grupo de ellos puede conocer a todas las personas de tal manera que pueda sustituir sus decisiones, que es lo que supondría el actuar por cuenta de otros en el logro del bienestar general.

Igualmente, la falacia parte de otra hipótesis que debe hacerse explícita —supone por necesidad que existe una oposición inevitable entre el interés personal y el interés colectivo: todo lo que quiere una persona para sí misma daña al resto. Eso es lo que supone la falacia del bienestar social y hace surgir, por diseño, a la figura del gobernante como el árbitro que impedirá los daños.

Llevada a su extremo, la idea supondría que para lograr el máximo nivel de bienestar general todos los habitantes tendrían que ser renunciar a todos sus intereses personales.

Es cierto que algunos intereses personales pueden ser dañinos a quienes forman una sociedad —con los casos muy claros de los intereses que tienen los ladrones. Es obvio que ellos tienen intereses que se oponen a los intereses personales de sus víctimas, pero la mayor cantidad de acciones humanas no contienen esa oposición de intereses.

Quien fabrica mercancías, quien las vende y quien las compra, por ejemplo, tienen intereses que son compatibles entre sí —y lo son de tal manera que no hay manera de definir el interés general sino como la suma de todos los intereses personales. En estas interacciones personales no sólo no hay oposición, sino que hay beneficio mutuo.

La noción de que los intereses personales siempre están opuestos al interés general es una de las más populares y exitosas falacias de todos los tiempos. Aunque ella no soporte un examen serio, forma parte de los prejuicios subyacentes de muchos —como una especie de marco mental del que la persona no se da cuenta y toma como una verdad que no necesita ser examinada.

Ese prejuicio inconsciente es aprovechado por el gobernante como una justificación de sus acciones, las que sean, con el beneplácito de muchos que no han puesto en tela de juicio esa manera de pensar y que es errónea.


ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras