Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Miopía en la Defensa Religiosa
Leonardo Girondella Mora
16 agosto 2010
Sección: LIBERTAD CULTURAL, RELIGION, Sección: Asuntos
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Dentro del conflicto que se tiene entre las opiniones religiosas y las seculares, las religiones acostumbran recibir defensas prácticas —de no escasa consideración. Lo que quiero hacer es explorar esa defensa pragmática de la religión y servirme de ella para exponer que existe otra defensa posible y poco señalada.

Visto de manera simplificada, el secularismo hace de lado a la religión, a todas y ellas —y si acaso no desea que desaparezcan de la vida humana, al menos quiere retirarlas a la esfera de la vida privada, dejando que en la pública poca o ninguna influencia religiosa de padezca.

Quienes se oponen al secularismo, apuntan a las consecuencias que eso tendría en las personas —a las que se dejaría sin quizá la más grande fuente de principios que explican el sentido de la vida y justifican ciertos comportamientos o reprueban algunas conductas. Sin religión, se dice, se pierden ideas y bases que son sostén de otras y sin las que sería en extremo difícil guiar las acciones humanas.

Dicho de otra manera, el poner a las religiones de lado crea un vacío en las explicaciones del sentido de la vida y las bases de las normas de conducta —lo que es cierto y ese vacío se llenará con otras ideas, generalmente las de los “ingenieros sociales” que quieren imponer sus utopías en las vidas ajenas.

Esa defensa de la religión es utilitaria y lleva a una apología genérica de cualquier religión —o al menos las de aquellas que en sus doctrinas no posean elementos de fomento a la violencia en los tratos humanos. Hasta aquí, creo que la defensa utilitaria de las creencias religiosas posee un elemento valioso: en efecto, el hacer de lado a explicaciones de la vida y las bases de normas morales tiene consecuencias negativas.

La más obvia y peligrosa de ellas es el llenado del vacío religioso-moral con leyes emitidas por los gobiernos —los que de esta manera acumulan poder y hacen posible sus abusos. Es bueno y positivo señalar este riesgo de secularismo, pero es más importante aún apuntar el peligro de quedarse en ese nivel de defensa utilitaria de las religiones. Samuel Gregg hace explícito ese riesgo:

“En verdad, cuando más es percibida la religión en términos de utilidad, menos ‘útil’ será, porque a menos que la gente se convenza de la verdad en la que creen, menos inclinadas estarán a ver infracciones de los preceptos morales propuestos por su fe religiosa…”.

Es decir, el mero hecho de ver a la religión propia como una herramienta de consecuencias útiles y deseables, lleva al debilitamiento de la fe en la religión profesada y —de manera indirecta e impensada— produce el mismo efecto que desea evitar. Si un judío, un católico, o una persona de cualquier otra fe, llegaran a pensar en su religión como conveniente por motivos utilitarios y nada más que eso, por necesidad también llegarían a concluir que nada de verdad hay en sus creencias y, con eso, terminarían en un secularismo inevitable.

No está mal el hecho de hacer explícitas las consecuencias negativas del abandono de las creencias religiosas —es admirable que se haga y la razón confirma esas consecuencias indeseables del secularismo. Pero quedarse en ellas y considerar tal defensa utilitaria como única y suficiente, es aún más peligroso que el secularismo mismo.

Sin la fuerte creencia en que la religión propia es la verdadera, la fuerza de la religión se acaba y lleva al secularismo, con todas las desventajas que ello tiene. Es esta la razón por la que quien realmente cree en su religión debe tener una postura clara frente a los intentos de reducir a las religiones a una cuestión de vida privada que no debe ser llevada a la vida pública.

Tales intentos carecen de lógica, pues piden a la persona que públicamente actúe de una manera y privadamente de otra —haciéndole una persona contradictoria, que vive en la incongruencia: en lo privado vivirá de cierta manera y en lo público de otra. Una sociedad con personas divididas en su fuero interno no tiene fundamentos sólidos y caerá.

Termino insistiendo en la idea central y que es de interés aún para los no religiosos: la defensa utilitaria de las religiones es una apología equivocada cuando es la única que se usa y no se hace referencia a la verdad que reclama cada religión. Si no se cree en la verdad de la propia religión, eso es igual a no tener religión alguna y el secularismo habrá triunfado con la ayuda involuntaria de los defensores miopes de la religión.

Post Scriptum

Laa cita que usé está en Gregg, S. (2003). On Ordered Liberty: A Treatise on the Free Society (Religion, Politics, and Society in the New Millennium). Lexington Books, p. 115.

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