Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sin Verdad, Hay Violencia
Leonardo Girondella Mora
16 septiembre 2010
Sección: DIPLOMACIA, Sección: Análisis
Catalogado en:


La guerra y la paz merecen más y mejor atención de lo que suelen recibir y lo que sigue explora tres ideas que pueden servir a ese propósito —con la intención de que cuando mejor se comprendan esos fenómenos humanos, más se entenderá a la paz como dependiente de la aceptación de la existencia de la verdad.

I IDEA: dos nociones conocidas y una desconocida

Inicio con pacifismo y belicismo que son dos nociones muy conocidas y populares porque ellas son con facilidad comprendidas en sus extremos.

El pacifismo extremo es una postura que rechaza la justificación de toda acción bélica en toda ocasión, sin excepción —una postura que jamás hubiera respondido a ataque alguno, como la invasión de Polonia en la Segunda Guerra Mundial; hubiera dejado que el Tercer Reich llegara a invadir el Reino Unido y al resto.

El belicismo extremo es la postura opuesta y aprueba acciones bélicas sin necesidad de justificarlas —es la postura que considera una acción natural y obvia el invadir a Polonia; y que acude al uso de medios bélicos con la única base de ser apropiados a quien los emplea.

Moverse de un extremo a otro, de esos dos, ha impedido comprender posturas más refinadas y sutiles. Se piensa, por lo general, que se trata de una cuestión ante la que sólo existen dos posturas posibles, la del pacifismo y la del belicismo extremos.

Esta es la primera idea que quiero establecer: el error de tener un marco mental de dos opciones únicas —el pacifismo o el belicismo extremos— sin considerar que existen otras posturas sobre la guerra y la paz.

II IDEA: los elementos de la guerra

La guerra, cuando ha sido estudiada, ha mostrado la idea primera de ser un extremo indeseable —una especie de última carta a jugar cuando las circunstancias han llegado a ser imposibles de continuar. Un buen ejemplo de la consecuencia de esa idea ha sido la enumeración de condiciones para justificar una guerra.

Por ejemplo, Francisco de Vitoria, afirma que una guerra no puede justificarse por motivos religiosos —como tampoco por motivos de gloria nacional ni del gobernante. Pero sí puede ser legítima cuando se tiene un daño anterior significativo y la guerra se hace con la intención de reparar el daño y dar al atacante una advertencia.

Consideraciones como las anteriores son de simple sentido común —y mandan a aceptar principios de fácil comprensión, como que la guerra sea declarada por la autoridad política, que el daño previo sea significativo, que se hayan agotado otros medios de resolución del conflicto, que se usen fuerzas armadas reconocibles, que se evite en todo lo posible el daño a la población civil y otros más.

La segunda idea que quiero dejar clara está contenida en lo anterior: la guerra es indeseable, debe hacerse todo lo posible por evitarse, pero bajo ciertas circunstancias concretas puede ser inevitable y ella debe ser realizada bajo principios que minimicen la devastación que acarrea toda guerra —pero sobre todo, en esto el enfoque total se coloca en la guerra y en su realización considerando sólo el evento inmediato que la causa, ese ataque inicial de un país a otro.

III IDEA: los elementos de la paz

En esta tercera idea quiero hacer una lista de factores que son condición previa al ataque inicial que desencadena la guerra —es decir, una serie de condiciones que se tienen antes de que se realice esa agresión inicial de una de las partes y sea respondida con una declaración de guerra.

• Existencia de estado de derecho y amplias libertades ciudadanas. Por el contrario, donde no existan libertades en un estado de derecho, eleva las probabilidades de actos que inician una guerra —con lo que me refiero a un gobierno que no está bajo las limitaciones de la división del poder, donde existe una o más personas que centralizan el poder político.

La centralización del poder produce un ambiente propicio al inicio de guerras: carencia de prosperidad, manipulación de información, ausencia de frenos legislativos y judiciales, elevación de armamentos.

• Ausencia de ambiciones políticas extra-fronteras —es decir, en el opuesto, que la existencia de ambiciones de expansión de poder en otras naciones eleva la probabilidad de acciones que inicien conflictos bélicos.

Defino esto como la existencia de un ideal de ampliación fuera de su país del gobierno de una nación —como la expansión territorial— o bien, la voluntad de implantar en otras naciones el tipo de régimen que tiene la nación que inicia la agresión. La internacionalización de la URSS en Cuba es un ejemplo de ese ideal de ampliación ideológica.

• Existencia de una cultura —valores, creencias, modos de vida— sustentada en la libertad humana, es decir, en el opuesto, que donde se abuse de los sentimientos culturales de las personas será más probable un acto inicial de guerra.

Por abuso de los sentimientos culturales de las personas quiero decir la utilización de creencias nacionales, religiosas, distorsionándolas en provecho del aumento del poder de la autoridad. Incluyo aquí la creación artificiosa de enemigos externos e internos y complots.

Las tres condiciones poseen un común denominador muy claro: la acumulación de poder en el gobierno —y ese gobierno es personalista, dependiente de un individuo cuya palabra se convierte en obligación legal. Es un fenómeno de centralización del poder, muy bien ejemplificado en Fidel Castro quien es equivalente de gobierno en Cuba, en Hugo Chávez en Venezuela, donde él es el gobierno.

Profundizo ahora más en la condición que permite esa acumulación de poder en un individuo o grupo de ellos —y propongo que ella es sólo posible en donde se ha perdido el poder de la razón y el sentido de la verdad. En donde la verdad ha sido sustituida por un escenario falso, creado por el gobierno, es más probable la realización de uno o más acciones que conduzcan a una guerra.

La realidad virtual creada por el Nazismo y por el Marxismo-Leninismo son ejemplos de la sustitución de la verdad por una ficción —y en tiempos más recientes, el caso de Cuba y de Venezuela son muestras de lo mismo: el gobierno como creador de una realidad virtual que no coincide con la realidad.

Queda por explorar otra posibilidad, lo que hago con brevedad —el caso de un régimen de estado de derecho y libertades que entra en guerra. Lo puede hacer por supuesto, como reacción a un acto justificado ante una provocación física anterior. Y, es una posibilidad real, que su gobierno cometa errores que desencadenen un conflicto bélico.

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