Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Capitalismo en el Siglo 9
Selección de ContraPeso.info
1 febrero 2011
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
Catalogado en: ,


Este resumen presenta una idea de Stark y que permite entender mejor al capitalismo por medio de sus antecedentes históricos, lo que lleva a conclusiones que retan a la sabiduría convencional que suele padecer los efectos de Max Weber y otros más.

Demostrar que ya en el siglo 9 existían instituciones capitalistas en el lugar menos imaginado, resulta al menos sorprendente.

La idea fue encontrada en el libro de Stark, Rodney, The Victory of Reason : How Christianity Led to Freedom, Capitalism, and Western Success. 1st ed ed., New York: Random House, 2005, pp. 55-63.

La breve obra, si bien en ocasiones parece deambular sin la dirección que de ella se esperaría, contiene ideas muy destacables, como la aquí señalada y que quizá sea vista como políticamente incorrecta.

El autor inicia con una afirmación contundente: el capitalismo no fue inventado en un momento en algún sitio de Venecia, menos aún en un banco de la Holanda protestante.

El capitalismo evolucionó gradualmente y comenzó en el siglo 9 en un sitio no esperado por la mentalidad actual. Se originó en los monasterios católicos.

Los monjes, a pesar de colocar la espiritualidad en primer plano, tuvieron que atender a la supervivencia de sus establecimientos y esa realidad tuvo un efecto, la reconsideración de los aspectos materiales influyó en la formulación de las creencias y doctrinas del catolicismo.

Pero antes de seguir, dice Stark, debe hablarse del capitalismo, sobre el que tanto ha sido escrito. Si bien su nombre tuvo un inicio peyorativo, acuñado por sus críticos que criticaban la riqueza, no hay un tratamiento conocido de su evolución y desarrollo.

Por ejemplo, en el siglo 14, “capital” fue una palabra que se aplicaba a los fondos con capacidad de generar un ingreso (no a algo con un simple valor de consumo).

Eso es equivalente a darle al capital o riqueza una habilidad, la de producir más riqueza. Es decir, antes de que sus críticos le asignaran connotaciones negativas, el capitalismo se asoció con la riqueza que podía generar más riqueza, como el dinero que se presta con interés.

La diferencia es notable entre esta posibilidad y la otra, la de la riqueza que no aumenta, sino que cambia de manos nada más.

La riqueza que produce más riqueza es muy diferente a la riqueza que va de una persona a otra por medio de impuestos, o robos.

Este capital va más allá del simple hecho de prestar con interés, también crea la acción del inversionista, el que se involucra personalmente en las actividades a las que financia, no sólo con dinero, sino con otros bienes que también son capital, como tierra, herramientas, instalaciones.

Es decir, el capitalismo desde sus inicios estuvo asociado con un nivel de supervisión o manejo, más allá de la realización y del prestamista pasivo.

Esto también es notable, porque con ello van otras funciones, como la planeación, la duración y lo que Stark llama la “complejidad comercial” de la actividad financiada. Se debía además seleccionar oportunidades, por lo que se necesitaba cierta libertad. La empresa moderna estaba siendo creada.

Llega así el autor a ofrecer una definición de capitalismo, como un sistema económico en el que empresas de propiedad privada, razonablemente organizadas y estables realizan actividades comerciales complejas.

Estas actividades comerciales complejas se realizan dentro de un mercado razonablemente libre, con un enfoque sistemático de largo plazo para la inversión y reinversión de riqueza, directa o indirectamente, en actividades productivas que involucran fuerza de trabajo contratada y son guiadas por beneficios futuros y presentes.

La definición tiene elementos claves, como el de “actividades comerciales complejas”, es decir, cierta diversificación y un contacto no directo con el consumidor. La parte de “sistema” significa tener prácticas contables. La “inversión indirecta” incluye a accionistas y créditos bancarios.

Pero, muy importante, excluye actividades de corto plazo, a las actividades comerciales realizadas por gobiernos y aquellas en la que el trabajo es forzado. Sobre todo a los intercambios simples, realizados por siglos, entre personas que compran y venden bienes.

Entonces, se tienen como bases del capitalismo principios de mercados libres, para tener oportunidad de negocio y que no existirían en casos de mercados muy regulados o propiedad del gobierno.

Como derechos asegurados de propiedad, para que las personas puedan tener estímulos de creación de más riqueza, pues donde no existen, se prefiere consumir y acumular improductivamente. Y como libertad de trabajo, para tener trabajadores motivados que eleven sus ingresos por la productividad.

Con los conceptos anteriores en mente, Stark entra en su tema, el de la evolución del capitalismo.

Primero señala que la Biblia con frecuencia condena la avaricia y la riqueza, aunque no el comercio de manera directa. En los primeros tiempos del Cristianismo, prevalecía la mentalidad que veía al comercio como degradante y con riesgos morales. Pero esto cambió.

El ascetismo de las opiniones fue cambiando y comenzó una tendencia a aprobar el comercio a partir del siglo 4.

San Agustín, por ejemplo, no condenaba el comercio en sí mismo, pues era una decisión personal el vivir en lo bueno. Es decir, se abría la puerta a que los mismos ministros realizaran actos de comercio. Y esto ya ve ve claro en el siglo 9.

Las propiedades monásticas registran grandes aumentos de productividad por mejores métodos de trabajo, y se especializan en cultivos, lo que produce superávits que se venden para satisfacer otras necesidades y da comienzo una economía con uso de dinero.

De acuerdo con la definición anterior, esto ya es capitalismo y se está en el siglo 9.

Siendo los monasterios e iglesias los mayores terratenientes, sus activos e ingresos eran incluso mayores que los de monarcas.

Con una vida frugal y reinvirtiendo, la productividad se elevó y se pasó de la auto suficiencia a la especialización y, por tanto, al comercio. Esto creó ciudades alrededor de los conventos y monasterios, a los que las personas acudían en busca de trabajo.

Y comenzó a haber administración, en la que se valoraba el talento (sin los problemas de herencia familiar que sufrían los monarcas). Quien tenía las capacidades estaba a cargo de la administración, la que necesitaba registros, decisiones de negocio y cálculos que en ninguna otra economía habían sido necesarios.

Muy importante también fue la actitud con respecto al trabajo, al que se vio como virtuoso dentro de una vida simple, muy diferente a la mentalidad que lo menospreciaba y valoraba el status personal.

El ahorro, la frugalidad, también fueron vistas como virtuosas. Debe recordarse que muchos de los monjes y monjas en estos monasterios eran nobles y no rehuían el trabajo manual, ni el comercio.

Stark señala explícitamente que este compromiso con el trabajo manual es algo que distingue al ascetismo cristiano del ascetismo de otras religiones en las que se rechaza al mundo y sus actividades.

Los monasterios no dependen de la caridad ajena, sino de su trabajo y eso es virtuoso, pero además conecta al mundo espiritual y al terreno confiando en la razón humana y la posibilidad de mejorar.

Fue de esa manera que el autor prueba que al principio del siglo 9, las propiedades monásticas cumplían con su definición de capitalismo.

Eran instituciones estables, bien organizadas, que realizaban actividades comerciales complejas en mercados relativamente libres, que usaban trabajadores libres, eran propiedad privada y se guiaban por consideraciones de beneficios actuales y futuros.

Pero esta afirmación, la de encontrar establecimientos capitalistas en el siglo 9 no es una curiosidad histórica, tiene consecuencias de largo alcance.

Por principio de cuentas, adjudica la creación espontánea del capitalismo dentro de establecimientos religiosos, católicos, algo que resultará sorprendente a muchos en la actualidad, pero que es congruente con los refinados escritos económicos de los posteriores escolásticos.

Y no sólo eso. Contradice otra parte de la sabiduría superficial.

Demuestra que la obra de Max Weber, La Ética Protestante, es incorrecta.

Brevemente, la idea de Weber ha creado la noción muy común de que el capitalismo sólo podía ser un producto de la Reforma Protestante, de lo que se deducía que el capitalismo era imposible dentro del Catolicismo.

La aparición del capitalismo, desde el siglo 9, niega a Weber con una diferencia de siglos, pues la Reforma Protestante tuvo lugar hasta el siglo 16.

Adicionalmente, se encuentran ideas asociadas con el avance occidental.

La creencia en la razón humana por parte del Cristianismo, tuvo efectos, como la convicción de que el progreso es posible, de que esto hace posibles adelantos.

Como la consideración de la persona como digna, libre e individual y como la creación de ese sistema económico que puede realizarse dentro de condiciones políticas responsables y con virtudes de esfuerzo y frugalidad.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



2 Comentarios en “Capitalismo en el Siglo 9”
  1. romulo Dijo:

    EXCELENTE RESUMEN. VERAZ ENFOQUE

  1. Descubrimiento del Capitalismo | Contrapeso




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras