Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Mentes Necias, Soluciones Tontas
Eduardo García Gaspar
4 octubre 2011
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Fueron dos noticias recientes. La primera: Michael Bloomberg, el alcalde de New York, habló en la ONU.

Dijo que para detener la epidemia de enfermedades no contagiosas, los gobiernos deben hacer a los alimentos sanos la primera opción.

Eso es el más alto deber de los gobiernos, dijo.

La segunda, los legisladores de la capital mexicana. Esa cámara recibió una iniciativa de ley. Se trata de reformar el código civil.

Propone redefinir a los matrimonios como contratos temporales renovables. La vigencia mínima propuesta es de dos años. Al término de la vigencia, los cónyuges tienen la opción de renovar o no. La autora de la propuesta, Lizbeth Rosas, la justificó:

“Queremos generar relaciones afectivas y armónicas entre los cónyuges y evitar que en caso de que ya no deseen seguir juntos puedan separarse sin trámites engorrosos que sólo lastiman a la familia” (El Universal, 28 septiembre 2011).

Mi duda es si lo que lastima a la familia son los trámites de divorcio o el divorcio en sí mismo. Tengo la alocada idea de que lo que daña a la familia es la separación del matrimonio, no tanto los trámites, y que esa iniciativa de ley facilita el divorcio produciendo más daño aún.

Puede cualquiera imaginarse a un hijo diciendo a un amigo,

“Pues tengo garantizados a mis papás en familia, juntos, hasta dentro de 18 meses cuando se vence el plazo de su contrato, por lo que mis hermanos y yo trataremos de convencerlos de renovar el contrato por unos cinco años más, hasta que nos graduemos, no antes”.

Las dos noticias tienen su gracia. Esa gracia involuntaria que producen las ansias gubernamentales de hacer felices a los ciudadanos por medio de soluciones llamativas, primitivas y a la deriva.

Todo comienza con los mecanismos mentales del gobernante, que es un ser en busca de problemas a resolver. Pequeños o grandes, no importa.

Pasa él por su puesto en busca de problemas que solucionar y, por supuesto, los encuentra. En su mecanismo mental, además, presupone que el gobierno es siempre el más indicado para solucionarlos. Esta hipótesis no se duda. Se toma como una verdad revelada.

Y es así que el en siguiente paso, es propuesta la solución por medio de una orden gubernamental.

Como en el caso de los divorcios, que son un problema y se piensa pueden solucionarse con una ley: la que redefine al matrimonio como un contrato temporal. O como el caso de la dieta gubernamental: prohibir a los restaurantes usar ciertos ingredientes.

Y créame, es cierto, en alguna parte, reglamentar el número de perforaciones en los saleros.

En este mecanismo mental del gobernante que busca problemas obsesivamente, bajo el supuesto de que sólo la autoridad puede resolverlos, las soluciones propuestas tienen una naturaleza propia. Suelen ser simplistas, fáciles e imprudentes.

Recuerde la más clásica de todas: para que no haya borrachos, deben prohibirse las bebidas alcohólicas.

El nuevo caso es similar: para evitar los divorcios se prohiben los matrimonios, ahora sólo hay contratos renovables. También hay otro caso muy actual: no todos tienen casa propia y para que la tengan hay que otorgar hipotecas sin requisitos. O bien eso de que la economía está mal y para animarla hay que elevar el gasto público.

Todos esos casos muestran la imprudencia como elemento esencial de las soluciones simplistas propuestas por medio de órdenes y leyes. Por imprudencia quiero decir el caso omiso que se hace a los efectos colaterales que se tengan. La mente del gobernante no tiene, por lo visto, la sutileza para prever consecuencias no intencionales de sus decisiones.

La guerra a las drogas, por ejemplo, creó un mercado lucrativo ilegal. La prohibición de importaciones en México, hace tiempo, creó un mercado sustancial de contrabando.

El relajamiento de los requisitos hipotecarios produjo una burbuja que creó una crisis mundial. Las medidas gubernamentales, producto de esa mentalidad cándida e ingenua, desperdician recursos y suelen agravar la situación que intentan solucionar.

Y todo por esa obsesión del gobernante, la de sentirse con la misión de buscar problemas, sentir que sólo él puede resolverlas por medio de órdenes y leyes, con iniciativas que al implantarse sin mayor análisis crean otro problema que intentará solucionar con el mismo mecanismo… y así sucesivamente generando un clclo intervencionista: en cada nueva intervención se persigue corregir los efectos indeseables de la anterior.

Post Scriptum

No dudo de las buenas intenciones de los gobernantes. De lo que dudo por principio es de que las soluciones que suelen proponer sean las adecuadas. Generalmente son las peores.

ContraPeso.info es un proveedor de ideas que explican la realidad económica, política y cultural y que no contienen los medios dominantes. Sostiene el valor de la libertad responsable y sus consecuencias lógicas.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras