Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Progreso y Tamaño de Gobierno
Leonardo Girondella Mora
14 abril 2011
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Los gobiernos son la institución más poderosa que existe en una sociedad —tienen el permiso de uso legítimo de la fuerza para la aplicación de las leyes. Ninguna otra organización puede hacer lo mismo.

Por consecuencia inevitable, los gobiernos son una influencia poderosa en la sociedad y sus acciones tienen efectos profundos en las posibilidades de progreso de los ciudadanos a quienes gobiernan.

Los gobiernos son la mayor variable que explica la riqueza y la prosperidad de su nación. Un gobierno puede colaborar significativamente a elevar el estándar de vida de sus ciudadanos —pero también puede ser una fuerza que impida y reduzca ese estándar de vida.

Hay, por lo anterior, buenas razones para examinar esa distinción entre un gobierno que es factor importante de desarrollo y otro que es causa significativa de retraso. En lo que sigue exploro el tema en lo que considero dos de los factores centrales.

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Primero, los incentivos de un monopolio y la conducta esperada de éste.

Por naturaleza forzosa, un gobierno es un monopolio de varias actividades vitales para la sociedad —el único autorizado para usar la fuerza, para emitir dinero, para dictar impuestos y cobrarlos, para dar autorizaciones, permisos y licencias de varios tipos, tener servicios de policía, emitir decisiones judiciales obligatorias.

Esta naturaleza monopólica inevitable lleva en sí misma incentivos que mueven a los gobiernos a ser servidores públicos de escasa calidad —sus “clientes” están obligados a usar sus servicios y acatar sus disposiciones.

Además, sus incentivos no llevan al mejor aprovechamiento de los recursos que retira de la sociedad. Los ingresos que tiene todo gobierno son allegados a él por la fuerza y gastados en buena parte en el propio mantenimiento de la burocracia.

En resumen, el monopolio gubernamental lleva a desperdicio de recursos —mayor que el que se daría en manos privadas. Lleva también a colaborar muy poco en el bienestar de la población, debido a los escasos incentivos para dar buenos servicios a bajo costo.

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Segundo, el aprovechamiento de talento.

Igualmente, por naturaleza esencial de un gobierno, sus acciones sustituyen a las que realizaría un ciudadano —una sustitución que dependiendo del caso tiene buenas consecuencias, pero que llevada a ser una política general, anularía al ciudadano.

Por ejemplo, al ser víctima de un robo, un ciudadano podría tomar la justicia en sus manos —una función que resultaría dañina en lo general y que se delega en los gobiernos bajo el principio general de ser responsables de la protección de los intereses de los ciudadanos, su vida y propiedades.

Es decir, se considera deseable y positivo que la autoridad política sea la responsable de respetar esos derechos básicos del ciudadano —lo que acarrea funciones como la emisión de leyes y la vigilancia de su cumplimiento. En este sentido, la sustitución de decisiones del ciudadano es positiva y otorga a la sociedad un estado de orden.

Sin embargo, esa sustitución de decisiones y acciones del ciudadano puede rebasar el límite natural y llevarse a niveles indeseables —como cuando un gobierno, por ejemplo, se adjudica el monopolio de la producción de petróleo, o de electricidad.

El efecto total de esa sustitución de decisiones, llevada más allá de lo debido, produce un desenlace negativo, el desperdicio del talento de los ciudadanos.

Un ejemplo extremo ayudará a comprender la magnitud del desperdicio: dentro de un régimen de planeación económica estatal, él único talento aprovechado es el de la burocracia y se desperdicia el talento y el conocimiento de millones de ciudadanos.

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De acuerdo con lo anterior, es posible determinar un principio de acción que lleve a los gobiernos a ser una fuerza positiva en la generación de prosperidad, evitando ser instituciones que impidan esa prosperidad.

Si se quiere prosperar, la naturaleza del gobierno indica que su tamaño debe ser el suficiente para no consumir grandes recursos, ni imponer costos excesivos a sus ciudadanos —y, además, debe permitir que los ciudadanos usen sus talentos y habilidades, es decir, dejarlos en libertad para que ellos decidan por sí mismos.

Inicié diciendo que los gobiernos son la mayor variable que explica la riqueza y la prosperidad de su nación. Un gobierno puede colaborar significativamente a elevar el estándar de vida de sus ciudadanos —pero también puede ser una fuerza que impida y reduzca ese estándar de vida.

Termino afirmando que el tamaño de un gobierno, definido por la cantidad de recursos que maneja y la cantidad de decisiones que se asigna sustituyendo las del ciudadano, es un indicativo de la prosperidad que puede generar o anular un gobierno.

Nota del Editor

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Intervencionismo Económico.

El mérito de la columna es resumir con claridad la que quizá sea la razón de más fondo para explicar el fracaso del socialismo: la acumulación de poder en la autoridad desperdicia talento de los ciudadanos a quienes ofrece servicios caros y de mala calidad.

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