Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Mensaje Destructivo
Eduardo García Gaspar
13 junio 2011
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


Quizá sea uno de los temas más riesgosos de tratar. No porque hacerlo resulte en amenazas de violencia física. Es por algo peor, los ataques que vienen de lo políticamente correcto, de lo razonablemente inexacto, pero que se ha arraigado.

Entro al tema.

La persona aseveró con total certeza que el trabajo doméstico es insignificante y que, por eso, ninguna persona debe realizarlo. No hablaba del trabajo doméstico que puede realizar un mayordomo, o una sirvienta. Se refería al que realiza una esposa en la mayoría de los casos.

Según esta persona, se trata de deberes ínfimos, mediocres, desdeñables. No eran dignos de un ser humano, mucho menos de una mujer que quiere ser libre y trascender. Las responsabilidades de una mujer, como esposa y madre, dijo, impedían su realización como ser humano.

Nada original en realidad. Es algo que se ha escuchado con frecuencia.

Es posible que sea yo un retrasado mental, o un ignorante sin materia gris, pero confieso sin pena que no entiendo esa opinión. Debo decir que he hecho esfuerzos, que lo he intentado, pero me ha sido imposible.

Quizá esta imposibilidad bien valga una segunda opinión.

Entiendo el matrimonio como una empresa muy especial entre un hombre y una mujer, unidos por voluntad propia y en donde, por inclinación natural, se da una cierta especialización de labores.

Si a la mujer se le dice que sus labores la esclavizan, no vería razón por la que lo mismo no se le dijera al hombre. Los dos, después de todo, han aceptado ese compromiso de esfuerzo mutuo complementario.

Ser la principal responsable de la educación de los hijos no puede ser entendido como un deber ínfimo, ni desdeñable. Es todo lo contrario. Es la mayor labor educativa en la que puede pensarse. Me resulta paradójico que en tiempos en los que la educación se propone como algo de la mayor prioridad, la principal educadora en la que pueda pensarse vea su trabajo calificado como insignificante.

¡Si es exactamente lo opuesto! Es vital.

No hay recién nacido que pueda valerse por sí mismo. Su período de maduración es largo. Necesita guías constantes, aprendizaje diario, atención continua. Calificar de baladí esa responsabilidad es absurdo. Si se alaban a profesores y maestros en escuelas, más aún debe exaltarse la educación en casa y eso lo hace la madre más que nadie más.

Otra cosa. La mentalidad que creo tienen quienes desdeñan las responsabilidades caseras, suelen idealizar los trabajos fuera de casa, típicamente el de los esposos que van a la fábrica, a la oficina, a los negocios. Ven en la administración de empresas y en el trabajo externo una especie de cielo liberador, sin darse cuenta de las habilidades necesarias para administrar una casa, del enorme talento que eso necesita.

Y pienso, con sinceridad, que el papel de responsable de casa e hijos ha sido colocado por tradición en la mujer porque es ella más fuerte y lo hace mejor que el hombre.

Los dos, por supuesto, se complementan y de dos hacen uno más completo, eso que llamamos familia.

Hasta aquí, con demasiada brevedad, he explicado algunas razones por las que me es imposible entender el desdén que recibe lo que quizá sea la responsabilidad mayor que pueda tener un ser humano. Quienes piensan en liberar a la esposa de sus responsabilidades están cometiendo un serio error: quieren que los hijos se queden sin la guía de su madre.

Pero hay otra cosa que no entiendo. No la entiendo en otro sentido. El sentido de reprobar otra conducta.

La de la mujer que descuida su hogar, que desatiende a sus hijos, que no lleva bien su casa. La repruebo con la misma intensidad que lo hago con el hombre que hace eso mismo. El matrimonio es un acto voluntario, un compromiso adquirido libremente y conlleva responsabilidades. Desatenderlas es reprobable, no importa quién lo haga, el marido o la esposa.

Lo que me lleva a una idea que me preocupa.

Cuando se desdeña tanto la responsabilidad de la esposa en su familia, y se dice que la liberación consiste en dejar de lado esos deberes, por extensión se está diciendo lo mismo al esposo. Si atender hijos, educarlos, administrar la casa, si hacer todo eso es reducido y baladí, el mensaje no va sólo a la mujer, también va al hombre.

Y el efecto neto de ese mensaje es destructivo: significa que atender a la familia no es digno de una persona que quiere hacer cosas importantes. Porque de acuerdo con eso, importante es todo, mientras no sean cuestiones caseras o familiares. Es igual a decir, la familia y los hijos no importan.

Post Scriptum

Hay más ideas sobre el tema en ContraPeso.info: Familia y en ContraPeso.info: Feminismo.

La idea de las consecuencias inesperadas puede verse en la lista de columnas en ContraPeso.info: Efectos no Intencionales.

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