Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Permiso para el Exceso
Eduardo García Gaspar
18 septiembre 2012
Sección: ETICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Es obligado ser claro. Llamar a las cosas por su nombre.

Evitar esa insana costumbre de distraer la atención con lo que primero se ve, olvidando lo que está detrás.

Eso que realmente importa.

Hay un ejemplo actual de esto. Es el siguiente.

Día tras día, periódico tras periódico, noticia tras noticia, nos reportan información acerca de una crisis de endeudamiento gubernamental. Sea Grecia, Italia, Irlanda, España, EEUU, no importa, la información nos inunda.

Para sobrevivir tenemos que sacar la cabeza y respirar. Y no vemos el fondo.

Tome usted, por ejemplo, una de las variables más sensibles de esa crisis de deuda pública, las pensiones. Tienen una tendencia insostenible. No pueden seguir así. Por supuesto, hay una causa obvia.

Las pensiones están mal calculadas, tienen malas bases. Muestran que era ficticio que una generación de jóvenes podía pagar las pensiones de una generación vieja, y que este ciclo podía mantenerse sin límite.

Esto nos manda a ver algo se eso que está sucediendo en el fondo. Europa puede ser vista como estéril, infecunda, con poblaciones que decrecen. Una tendencia no prevista en esas pensiones. Eso es obvio, sin generaciones jóvenes en números suficientes, las pensiones de los viejos no pueden cubrirse.

¿Por qué esa esterilidad? Hay una explicación lógica, pero no fácil de ver.

Es la existencia de lo que se conoce generalmente como el Gobierno Nana. Es el Estado de Bienestar.

En sus grandiosas intenciones de hacernos felices quitándonos problemas, ha logrado debilitar lazos de unión familiar entre padres e hijos. Sin ese gobierno excedido, los padres cuidaban a sus hijos pequeños y llegaba el punto en el que el ciclo se invertía y los hijos ya adultos cuidaban a sus padres.

No más. Ahora el hijo tiene el confort de dejar a sus padres en manos de las pensiones estatales. Y los padres ya no tienen que preocuparse mucho por sus hijos. Si no los quieren, pueden abortar. Ya no seleccionan escuelas ni tipo de educación, el gobierno ha tomado esas decisiones.

Más aún, les ha fomentado a todos la idea de lo incómoda que es la libertad.

Lo ha hecho inculcando el odio a la responsabilidad personal. Los ha acostumbrado a solucionar sus problemas pidiendo que el gobierno haga algo. No ellos, sino el gobierno.

Y todas sus tareas se dedican a pedir. Pedir becas, pedir pensiones, pedir medicinas, pedir artículos escolares, pedir, pedir. Eso es todo lo que el ciudadano sabe y puede hacer en el sistema de Gobierno Nana.

Y pocas cosas tan odiosas para el acostumbrado a pedir, que aceptar la responsabilidad de tener hijos. Uno, piensan, ya es mucho. Ni pensar en dos, dicen. Demasiada incomodidad para alguien que odia la responsabilidad.

Rinde más, para ellos, exigir que el gobierno les provea con condones y Viagra. Después de todo, se les ha inculcado, que el placer sexual sin hijos es un derecho humano. Un derecho sin responsabilidad, porque esa es la clave del Gobierno Nana.

La clave de hacernos pensar que la felicidad es ignorar la responsabilidad. Nos quitan responsabilidades y nos convertimos en dependientes pasivos de concesiones y favores estatales.

¿Tiene alguien un hijo obeso? Que el gobierno controle los alimentos chatarra y haga campañas al respecto. ¿El padre de alguien no tiene para comer? Que el gobierno le dé una pensión.

Por eso, cada vez que usted se pregunte por qué está mal el mundo, o por qué faltan valores, vea usted al culpable mayor. Al Gobierno Nana que ha asumido responsabilidades que son nuestras.

Y si alguien me argumenta quién se encargará de los pobres y piensa que el gobierno es el que debe hacerlo, le digo algo muy directo: hasta esa responsabilidad de ayudar a los pobres, que es nuestra, nos ha quitado.

Sí, existen crisis políticas y crisis económicas y crisis financieras, pero ellas son el mar de datos que nos inunda e impide ver lo que está realmente en el fondo. Son esas crisis la parte visible del gran problema que es el retiro de la responsabilidad personal que el Estado de Bienestar nos ha producido.

Sin responsabilidades personales, le digo muy en serio, nuestras vidas pierden sentido y dirección. Sin responsabilidades, la libertad no tiene fundamento. Sin responsabilidad, nuestras libertades son simples permisos para el exceso.

Post Scriptum

Sobre las pensiones en crisis debo aclarar algo. Primero, es un error fundar pensiones sobre un sistema en el que el dinero de la generación que trabaja paga la jubilación de los retirados. Segundo, la disminución de la población muestra ese falla, pero sobre todo el efecto terrible del Gobierno Nana: la erradicación de la noción de responsabilidad personal.

Un libro reciente trata este tipo de consideraciones y es altamente aconsejable para quien tenga interés en ellas: Sirico, R. A. (2012). Defending the Free Market: The Moral Case for a Free Economy. Regnery Publishing. Puede visitarse la página del libro en Defending the Free Market.

Una parte de ese libro, narrada por el autor:

 

 

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