Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Profesionales de la Intervención
Eduardo García Gaspar
24 julio 2013
Sección: EFECTOS NO INTENCIONALES, SALUD, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Lo que sigue suele herir algunos sentimientos, al menos en mi experiencia.

Me refiero a eso que ha sido llamado intervención de ayuda. Son los casos en los que un profesional interviene.

Lo hace para ayudar a las personas a resolver problemas personales.

Problemas como divorcios, fallecimiento de un familiar y cosas por el estilo.

Los profesionales que intervienen suelen ser trabajadores sociales, psicólogos, psiquiatras, sexólogos y ocupaciones de ese tipo.

Graduados en alguna de esas especialidades en alguna universidad, su razón de ser es la de volverse una fuente de remedios para enfrentar situaciones difíciles por las que pasamos los humanos.

En la superficie, nos vemos como afortunados por poder contar ahora con esos profesionales que intervienen en nuestras vidas para tratar algún problema de adicciones, la separación matrimonial, el nacimiento de un hijo fuera del matrimonio, la muerte de un familiar muy cercano, o los traumas de un terremoto.

¿Somos realmente afortunados por eso? No lo sé, permítame expresar mis dudas.

Comienzan ellas con una conversación hace ya varios años. Una persona, una joven psicóloga, habló de las terapias que daba a personas que tenían problemas maritales. Habló de los consejos que les daba, de las terapias por las que pasaban.

Conforme más hablaba, peor me sentía yo. Dudé de la experiencia de una joven de treinta y pocos años dando consejos a matrimonios.

No creo que pudiera dar nada más allá que las recetas que aprendió en sus años de estudio. Me pareció ver algo así como una línea de producción de consejos estandarizados que formaban un proceso que acomodaba a la persona en un molde ya hecho.

Por medio de esa estructura estándar, los sentimientos y desdichas personales se procesan como productos estandarizados. Ya no hay culpas, ni responsabilidades, sino fallas y padecimientos que tienen una solución terapéutica. Incluso con drogas será posible remediar los efectos de esas situaciones en nuestras vidas.

No sé usted, pero esto me produce temores. Y estos miedos me hicieron pensar en especular sobre los tiempos idos, en esos cuando no se contaba con los profesionales de la ayuda personal.

¿Cómo enfrentaba la gente la pérdida de un hijo, el fallecimiento del esposo, los traumas de una guerra y cosas por el estilo?

No sé exactamente cómo, pero sí sé que no contaban con esa intervención profesional. La gente, en esas situaciones, se ayudaba unas a otras, cantaban, se emborrachaban, lloraban, iban a la iglesia, rezaban, gritaban, volvían a llorar, se enojaban unas con otras.

Y la vida seguía, aceptando que esas situaciones eran inevitables, que se decía tener fuerza para aceptarlas y para reconocer responsabilidades.

Lo que sigue puede herir las sensibilidades de esos profesionales de la intervención en problemas personales, pero pueden ellos resolverlos con sus propios remedios. Lo que me inclino a pensar es que al pasar de los viejos remedios “caseros” a las soluciones “profesionales”, estamos perdiendo algo valioso.

Perdemos sentido de responsabilidad personal cuando nuestras fallas se convierten en padecimientos curables con terapias. Perdemos dignidad al considerar sólo nuestra biología y no nuestras almas. Perdemos sentido de la vida cuando intentamos evitar toda consecuencia del sufrimiento. Dejamos de madurar, convirtiéndonos en pacientes.

Sobre todo, dejamos de ser personas distintas y variadas. Nos convertimos en el producto de procesos estandarizados de terapias que nos reducen a seres meramente biológicos.

Y es que en todo esto hay una falla que se ignora constantemente, la de los efectos colaterales de los remedios que esos profesionales aplican.

El nombre técnico es iatrogenesis y, en pocas palabras, es el reconocer que la ayuda de esos profesionales tiene efectos colaterales, igual que las medicinas. Cuando se receta cortisona, se reconoce que su uso puede tener efectos secundarios, como gastritis, hiperglucemia y otros más.

Lo que se pone de lado es que también esas terapias de intervención tienen efectos secundarios. No hay duda, los tienen. Hacerlos explícitos es necesario.

Por mi parte, creo que ellos nos pueden hacer perder el sentido de la vida completa, de todo eso que se logra llorando, orando, gritando, cantando, oyendo a los que tenemos más cerca del corazón.

Post Scriptum

Hace poco traté un tema similar, el de la relajación en el diagnóstico de enfermedades mentales y sus efectos colaterales.

Mi opinión es intentar contrastar los dos modos de enfrentar situaciones dolorosas en la vida. La anterior, sin profesionales de la intervención, con la actual en la que ellos abundan. Y señalar que esa intervención para tratar tales situaciones debe tener efectos colaterales que deben ser hechos explícitos, igual que en el resto de la medicina.

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