Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Mesa Infinita
Eduardo García Gaspar
30 septiembre 2013
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


Sucede en casi toda discusión. Varias personas hablan de un tema.

Y hablan diciendo cosas distintas.

Por simplificar: hablan del número de patas de una mesa frente a ellas y que está cubierta con un mantel hasta el suelo.

Cada persona ofrece una versión diferente. Una dice que tiene cuatro patas, otra tres, otra una.

Poner las cosas así, ayuda a entender cosas básicas.

Primero, se presupone que es posible llegar a conocer la verdad, el número real de patas que la mesa tiene.

Nada hay aquí sobre eso de que cada quien tiene su verdad, al contrario. El que esas personas hablen del tema, presupone que ellas piensan que es posible saberlo, que existe una verdad al respecto.

Y eso nos lleva a una conclusión obvia: tendrá la razón la persona cuya opinión sobre el número de patas coincida con la realidad.

Es decir, no es gran problema aceptar que existe la realidad, pero sí puede ser arduo el verificar que lo que alguien dice coincide con ella. La verdad de una afirmación radica en esa coincidencia entre ella y la realidad.

Por eso precisamente, el ejemplo de las patas de la mesa es un buen punto de arranque. Podremos con facilidad levantar el mantel y contar las patas.

Si vemos que tiene cuatro patas, la verdad habrá sido dicha por el que eso afirmó. Los que dijeron que tenía un número distinto, estarán equivocados.

La discusión termina allí y las personas aceptarán la realidad, aunque para algunas ello signifique admitir que estaban en el error. Esto puede verse en dos etapas. Antes y después de levantar el mantel.

Antes de hacerlo, las personas habían expresado opiniones, es decir, afirmaciones sobre lo que ellas pensaban que era real. Después de levantar el mantel, una de esas opiniones pudo ser comprobada como cierta, la que coincidió con el real número de patas. Las otras no coincidieron.

La opinión correcta se transformó en conocimiento. Ahora, todas las personas que discutieron saben más. Saben que esa mesa tiene cuatro patas y que eso es verdad.

Si llega otra persona y opina que la mesa tiene cinco patas, ellas sabrán que esa opinión es falsa. Muy bien, pero alrededor hay más mesas, todas con manteles hasta el piso, de manera que no pueden verse sus patas.

¿Tienen esas otras mesas también cuatro patas? Puede ser, es razonable pensarlo, especialmente si el resto de su apariencia es similar a la mesa investigada.

Entonces, con una base razonada, las personas podrán decir que el resto de las mesas también tiene cuatro patas. Pueden levantar el mantel de varias y constatarlo. Y, pensando, podrán opinar que todas las mesas tienen siempre cuatro patas.

Pero una de ellas opina diferente, dice que no, que puede haber mesas que tengan más patas, o menos. Las otras dicen que eso es falso. Ahora la persona tiene frente a sí la posibilidad de levantar el mantel de todas las mesas y probar estar en lo cierto.

Supongamos que no encuentra ninguna con más ni con menos.

Entonces, tiene otra manera de probar que su opinión es cierta: dibujar una mesa con seis, ocho, o más patas, una mesa alargada (incluso podría especularse un número infinito de patas).

O bien, puede construir una mesa con una sola pata, que consiste en un simple cubo sólido. Las cosas se complican un poco.

El caso de las patas de la mesa que es muy simple, muestra un par de cosas centrales. La primera y muy olvidada, es que quienes expresan sus opiniones reconocen que existe la verdad y que por eso, cabe la posibilidad de que sus opiniones sean erróneas.

Por natural que esto parezca, créame que hay demasiados que no admiten que la verdad pueda conocerse y esto quiere decir que estas personas nunca admitirán que sus opiniones sean erróneas. Jamás.

La segunda es que es posible conocer la verdad (que es diferente a saber que existe). Es aceptar que tenemos a nuestro alcance métodos para saber si algo es verdadero.

El método de levantar el mantel de las mesas es uno de ellos: usar métodos sensibles para averiguarlo. Hay otra posibilidad, la de razonar, que fue lo que hizo quien dibujó la mesa de seis patas y especuló sobre una mesa de largo infinito que tuviera un número infinito de patas.

De lo que saco algo que creo que bien vale una segunda opinión: muchos de los choques entre opiniones contrarias se deben a (1) que una o todas las partes no aceptan que la verdad existe y (2) que una o todas las partes no aceptan las evidencias contrarias a su posición, incluso a pesar de ser contundentes.

Post Scriptum

Me parece obligatorio agregar que la tercera causa de choques de opinión tiene un fondo mucho más hondo, la soberbia, el orgullo que lleva a no aceptar que se está en el error.

Hay más ideas al respecto en ContraPeso.info: Verdad

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