grandes ideas

El único proyecto de sociedad posible que está justificado. Uno en el que todos tienen los mismos derechos y nadie impone su proyecto en el resto.

Introducción

Es una cuestión de todos los días. Cada persona tiene una idea sobre la mejor sociedad, su propio proyecto. No está mal, pero hay un problema.

¿Por qué debe implantarse el proyecto de la persona A y no el de B ni el de C? ¿Acaso hay personas con más derecho que otras para implantar su proyecto?

La respuesta obvia, y errónea, es implantar el mejor proyecto, no importa de quién sea. Con el problema natural, no hay acuerdos sobre cuál es ese sistema que es el mejor.

Por eso hay que analizar el asunto desde otra perspectiva. Preguntarse si existe el derecho de una persona para implantar un cierto proyecto sobre toda la sociedad, y de la respuesta sacar conclusiones.

¿Existe un algún proyecto de sociedad único posible? Sí lo hay y la respuesta de Bastiat es muy ingeniosa.

Eso es lo que hizo un economista en su libro Bastiat, F., The Law. The Foundation for Economic Education Irving-on-Hudson, New York, pp 71 y 72.

Punto de arranque

Lo primero que hace Bastiat es preguntar si la ley da un derecho a ciertas personas sobre otras para imponer un tipo de gobierno o un proyecto de sociedad. Su respuesta es negativa.

La ley no da derecho a unas personas a implantar su régimen ideal sobre los demás. La ley es exclusivamente una forma de defensa del individuo ante los demás.

Las personas pueden ser atacadas en sus personas y en sus bienes. La ley sirve para evitar y castigar esos ataques, como robos, fraudes, daños en sus personas y similares. Y no para más que eso.

Esos derechos son iguales para todos

Si los derechos legales de todos son iguales se sigue una conclusión que es inevitable. Una conclusión que le llevará a responder cuál es el único proyecto de sociedad posible.

Ninguna persona tiene el derecho de imponer a otra una determinada forma de vida o proyecto de sociedad.

Si se permitiera que una persona impusiera al resto un cierto arreglo social, ello significaría que esa persona tiene más derechos que otra, lo que contradice la igualdad de derechos ante la ley.

¿Qué ley justifica que Pablo viva bajo la organización impuesta por Pedro?

No existe razón que fundamente con lógica la imposición de las ideas de una persona y no las ideas de otra.

No es lógico suponer que la naturaleza le ha dado a una persona sí y a otra no, la suficiente imaginación para soñar una utopía y el suficiente poder para imponerla.

La ley no puede seleccionar, como le llama Bastiat, la «fantasía» de una persona para imponerla sobre las demás utilizando el poder y la coerción del gobierno.

Los adoradores del gobierno

A continuación, Bastiat inicia su argumento en contra de los que llama adoradores del gobierno.

Bastiat los ataca por una sencilla razón: quienes creen que la ley debe ir más allá de una función exclusiva de defensa de la persona y sus propiedades, son precisamente quienes desean imponer su proyecto de sociedad sobre los demás usando el poder del gobierno para hacer respetar la ley.

Eso es lo que ha dado origen a la implantación de regímenes creados por alguien usando a la fuerza y el poder del gobierno.

Sea el régimen de la URSS, del de Mao Tse-tung, de Pol Pot, o el socialismo del siglo 21, todos ellos son la imposición de un proyecto de sociedad de alguien que usó la fuerza para hacerlo. Quisieron imponer su utopía.

La función de la ley

Dice Bastiat que la ley está restringida a la defensa de la persona y sus bienes. La ley no puede ir más allá de esa función. Cuando la ley es llevada por encima de ese límite da comienzo la imposición del proyecto de sociedad de alguien.

Los adoradores del gobierno critican a la idea de restringir la función de la ley a la protección de la persona y sus bienes. Atacan a esa ley restringida porque quieren usar a la ley como una fuerza motivadora de los ciudadanos que les dé energía para realizar aquello que pide el proyecto de sociedad que se quiera imponer, la que sea.

Eso es un error, según Bastiat. La ley no puede usarse para motivar a los hombres a realizar actos loables que ellos no harían por voluntad propia. Un punto vital que le permitirá responder a la cuestión del único proyecto de sociedad posible.

La ley no puede ir más allá de la defensa de la persona y sus bienes. Si lo hiciera, ya no existiría igualdad de derechos, puesto que el que estuviera imponiendo su proyecto social tendría más derechos que los demás.

Si una ley no obliga a ir a misa, eso no significa que seamos ateos. Si una ley no obliga a estudiar, eso no significa que quedemos ignorantes. Si una ley no obliga a dar caridad, eso no significa que dejemos de ayudar a otros.

¿Significa el ser libres que cesaremos de asociarnos, de ayudarnos, de amarnos, de socorrer a quienes necesitan ayuda, de estudiar, de mejorar nuestra existencia? Claro que no. El ser libres no significa que dejemos de reconocer el poder y la bondad de Dios, dice Bastiat.

No puede concluirse que si la ley se limita a proteger a nuestras personas y a los frutos de nuestro trabajo, nosotros quedaremos pasivos, sin motivos de acción, trabajo, estudio y ayuda.

Esta es la respuesta de Bastiat a quienes se preocupan por la falta de actos positivos en la sociedad y quisieran usar a la ley para obligar al ciudadano a realizarlos.

No, la ley no puede pasar su límite de prohibir ciertas conductas, lo que no significa que los hombres dejaremos en automático de realizar actos loables.

Por lo tanto…

Bastiat da dos elementos con los que es posible obtener una conclusión sobre el proyecto de sociedad posible que alguien proponga imponer en la sociedad.

Nadie tiene más derechos que otro

Primero, Bastiat ha afirmado que la ley no puede dar más derechos a unas personas que a otras.

Por tanto, la aplicación de proyectos sociales o sistemas de gobierno que son producto de la imaginación o estudio de una persona o grupo de ellas no pueden imponerse a las demás de manera legal y justa.

La ley no puede exceder sus límites

Segundo, Bastiat ha atacado la idea de que la ley debe ir más allá de su papel exclusivo para castigar a quien dañe a terceros.

Una ley que no mueva al individuo a realizar actos buenos, no significa que ese individuo dejaría de realizar acciones buenas sin esa ley.

Concluyendo

La combinación de esos dos elementos da la idea completa de Bastiat.

Quien propone que la ley vaya más allá de su papel de prohibición y castigo de conductas que lastiman los derechos de los demás, está imponiendo su plan en el resto de la sociedad y eso significa que se viola el principio de la igualdad de derechos.

Entonces, ¿cuál debe ser el proyecto social a implantar?

Después de todo, la sociedad debe tener un cierto arreglo, debe tener reglas, o algún sistema o plan o proyecto.

Desde luego, no puede ser el plan de un hombre o de varios que se imponga con la fuerza del gobierno sobre el resto de la sociedad.

La única conclusión posible es el único proyecto de sociedad posible es aquel en el que sea factible que cada ciudadano haga realidad su propio plan personal.

Una sociedad en la que cada persona pueda realizar su propia utopía y no uno en el que alguien imponga su utopía sobre los demás. Una sociedad es una en la que la ley se usa exclusivamente para proteger a la persona y los frutos de su trabajo, es decir, sus bienes.

El único proyecto de sociedad posible es un arreglo en el que sea factible que cada ciudadano haga realidad su propio plan. Todo, por causa de la igualdad de derechos.

Si todos tenemos los mismos derechos, ¿por qué tengo que vivir bajo el sistema de reglas de otro? ¿Por qué no puedo imponer mis reglas sobre los demás?

Esa aparentemente sencilla pregunta de Bastiat es suficiente para poner en apuros muy serios a cualquier propuesta de gobierno, sea del signo que sea, venga del partido que venga.

La aplicación de un sistema de gobierno más allá del de leyes defensoras de la persona y sus bienes, significaría por definición aceptar la desigualdad de derechos entre los ciudadanos.

La solución, por tanto, está en un sistema de leyes en el que no se imponga la voluntad de unos sobre los otros.

Leyes dedicadas a respetar los derechos y que hagan posible a cada persona realizar sus planes personales, gracias a la protección contra ataques en sus bienes y en sus personas. Este es el único proyecto de sociedad posible.

Y unas cosas más…

Conviene ver La utopía posible es imperfecta y espontánea, con una idea de Charles Murray sobre el mismo tema de las utopías sociales propuestas.

También Romanticismo político: la sociedad perfecta, Las dos equivocaciones de los intelectuales.

Bonus track: más acerca de la imposición de un proyecto de sociedad que alguien considera como único y debe implantar por la fuerza.

Lenin: su sueño, nuestra pesadilla

Por Eduardo García Gaspar

Lenin fue uno de esos personajes de la historia moderna que pertenecen a la categoría de quienes buscan implantar un proyecto de sociedad único de ellos. Y hacerlo por la fuerza, cuesto lo que cueste.

Creador de utopías propias y pesadillas ajenas

Fue efectivamente un gobernante de una nueva especie que en el siglo 20 se dio y que cae en la categoría de organizadores políticos que desde jóvenes actúan en ese terreno, sin ningún trabajo que hacer propiamente.

Su madre lo conminó a ser agricultor, sin éxito. Su mundo era el de las publicaciones y libros, no el de lo posible y lo real.

Nunca puso el pie en una fábrica, ni en una granja. Jamás conoció de primera mano el trabajo y la creación de riqueza. Jamás vio a un obrero trabajando. Pasó su tiempo encerrado entre quienes pensaban como él.

Se ha dicho que no creó él el marxismo leninismo, que fue otro, Piekhanov, quien de Lenin dijo que había confundido a la dictadura del proletariado con la dictadura sobre el proletariado.

Las opiniones de sus amigos sobre él lo colocan como un solitario capaz de todo con tal de obtener el poder. Lo calificaron como un Luis XV y un Bonaparte. Fue aún peor.

Fue un autoritario extremo que dijo que «las clases son lidereadas por los partidos y los partidos son lidereados por los individuos… la voluntad de una clase es satisfecha por un dictador». Comparado con su gobierno, la inquisición es muy moderada. Sus ideas debían ser vistas como dogmas inapelables.

La adopción de las ideas de Marx fue una conveniencia más que un convencimiento. Esas ideas se prestaban admirablemente a sus intereses. Ninguno de los sucesos europeos coincidía con los pronósticos de Marx, peor eso no obstó para aprovechar la oportunidad que le presentó Rusia.

Hiperactivo, obsesionado y violento, se concentró en la formación de una elite de desesperados que pudiera dominaral país que menos cumplía con la teoría marxista.

Y la oportunidad de ese grupo llegó con un golpe de estado que con inocencia fue visto como una revolución gloriosa. No había en realidad proletarios en Rusia, menos del 15 por ciento de la población era obrera. Y sus peticiones se concentraban en menos horas de trabajo, mejores condiciones y salarios más altos. No había peticiones de revolución, ni de adopción del marxismo.

Antes del golpe de estado de Lenin, entre 1900 y 1913, la economía rusa había crecido más de 60 por ciento. Tres años después de la toma del poder, la economía soviética cayó más de tres cuartas partes. En 1920 el rublo valía el 1 por ciento de su valor en 1917.

El proyecto de sociedad único de Lenin

Lenin decretó la prohibición de la libertad de presa y toda libertad de expresión un par de días después de tomar el poder.

A esa disposición siguieron otros mandatos: confiscación de abrigos, de escuelas, inspecciones de casas, nacionalización de todas las industrias, límites en los retiros bancarios de bancos ya nacionalizados.

El zar tenía su policía secreta, la Okhrana, con unos 15,000 miembros. Tres años después de la toma del poder, la Cheka, que era la policía secreta soviética, tenía un cuarto de millón de miembros.

El zar había decretado en promedio 17 ejecuciones al año durante su gobierno. Los dos primeros años de Lenin promediaron mil ejecutados al mes.

Para Lenin no había personas sino grupos, por lo que mandaba ejecutar colectivos que creía enemigos: monjes, maestros, prostitutas, propietarios. Fue el nacimiento del genocidio, la desaparición intencional de grupos contrarios al estado.

Un tipo de visión política que es incapaz de ver personas, solo sectores que agrupan a seres sin valor individual y que sentó toda una tradición gubernamental en el siglo 20.

Imponer utopías personales

Visto a distancia, es claro poder ver ese gobierno como el de un loco solitario, embebido en el poder, sin contacto con la realidad y que estableció las condiciones para la creación de otro monstruo, Stalin.

Fue uno de esos gobernantes que sin saber nada de economía, ni de creación de riqueza, todo lo entiende como una cuestión de control y poder. El marxismo le había dado la justificación teórica perfecta para tener el control absoluto.

Lo anterior señala a un nuevo tipo de gobernante, propio a partir del siglo 20: nacido para gobernar y entendiendo que eso quiere decir controlar al resto de las personas para implantar la utopía que él tiene, el proyecto de sociedad que ambiciona.

Allí están: Hitler, Stalin, Mussolini, Pol Pot, Mao, Perón, Sukarno, a los que usted puede añadir los nombres de los que ahora mismo gobiernan.

Nos pudimos deshacer del absolutismo monárquico, pero la misma mentalidad regresó con otra vestimenta: la de las propuestas utópicas de organizadores políticos que hacen ingeniería social y que en los electores forman imágenes de salvadores de la humanidad, en los que debe confiarse sin limitación dándoles poder sin control.

Finalmente

Los datos e información vienen de Johnson, Paul (1992). Modern times: the world from the twenties to the nineties. New York, N.Y. HarperPerennial.

Variaciones sobre el caso de Lenin son los de Eva Perón y la dupla de Gandhi y Nehru. La obsesión por formar grupos o clases afecta a la comunidad académica, como se ve en Sociedad Dividida, Otra Vez. En México, la visión sectorial es de larga tradición, como se muestra en Socialismo En México.