Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Necesidad de Propaganda
Eduardo García Gaspar
13 junio 2016
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Tiene un sabor áspero. Una apariencia de dureza. Incomoda y confunde.

Muchas veces se tiene esa reacción cuando vemos la realidad y tratamos de no confrontarla. Es difícil ver, de golpe, a la verdad.

Y eso es lo que puede ocurrir al leer esto:

«No puede haber socialismo sin un estado, y mientras exista el estado existirá el socialismo. El estado, entonces, es la misma institución que pone al socialismo en acción; y mientras el socialismo descansa en la violencia agresiva dirigida hacia víctimas inocentes, la violencia agresiva es la naturaleza misma de cualquier estado». Hoppe, Hans-Hermann. 2007. A Theory of Socialism and Capitalism: Economics, Politics, and Ethics.

Podría apostar que en la primera impresión, muchos descartarán la idea. «Demasiado extrema», dirán. Tal vez, pero no es como para descartarla totalmente. Tiene bastante sentido. El suficiente como para una segunda opinión.

La primera parte es indudable. El socialismo puede existir solamente donde exista un gobierno y no precisamente limitado. La misma naturaleza del socialismo es la existencia de un gobierno grande y poderoso; esa es su esencia: necesita del poder del estado para implantarse.

El Socialismo del Siglo 21 no podía ser un producto espontáneo, causado de abajo hacia arriba. Tenía que ser lo mismo que el régimen cubano, el de la URSS, el de Mao Tse-tung: implantado por un gobierno, de arriba hacia abajo, y por la fuerza. Esto no es ideológico, es la realidad.

Hasta este punto, por tanto, la realidad muestra que el socialismo necesita al gobierno y su fuerza para ponerse en acción; necesita mucho gobierno con mucho poder para implantarse en una dirección de arriba hacia abajo, desde las élites del gobierno hacia la vida de los ciudadanos comunes.

En conclusión, el socialismo necesita la fuerza y el poder de un gobierno grande si quiere implantarse y mantenerse. No es sorpresa que se tengan gobiernos socialistas que subsisten gracias a la permanencia indefinida de los gobernantes, como en Nicaragua, Bolivia, Venezuela, o Cuba.

Mantenerse en el poder para mantener al socialismo (a pesar de sus resultados) requiere gobiernos grandes, poderosos, que amenacen con violencia al opositor. Pero queda por ver otra vía por la que el socialismo se implanta y se intensifica sin tener que usar tan descaradamente la fuerza gubernamental.

Para esto, necesito citar de nuevo a Hoppe, del mismo libro:

«El estado dedica mucho tiempo y esfuerzo persuadiendo al público de que realmente no es lo que es y que las consecuencias de sus acciones son positivas y no negativas»

Esto es un esfuerzo de propaganda ideológica que persigue, primero, ocultar la verdad del socialismo esencial que depende del uso del poder estatal para implantarse desde arriba. Esto es como un intento de dejar de ver al lobo para ponerle como segunda intención, una piel de oveja.

El socialismo acompañado de la fuerza estatal para implantarse desde arriba por la fuerza necesita persuadir a la gente. Lo intenta diciendo que da mejores resultados que la libertad. Cuando eso se demuestra como falso, entonces recurre a otra idea: el socialismo es moralmente superior a los regímenes de libertad.

Cuantas más personas sean persuadidas menos violencia usará el gobierno para mantener al socialismo: las personas mismas opinarán que se necesita más gobierno, que se requiere más intervencionismo, que se deben pagar más impuestos, que si se quiere tener una sociedad justa el gobierno debe ser mayor.

Se trata de una transformación de ideas en la opinión pública. Un ejemplo actual: B. Sanders propone impuestos mayores a los ricos para pagar servicios de salud. Normal en un socialista, pero lo que es notable es lo reportado: «el jefe de JPMorgan respalda más impuestos a los ricos en EU».

Y eso es precisamente lo notable, la transformación de la opinión pública de manera que ya no reconoce la verdad, la realidad del socialismo y opina que al contrario, es algo bondadoso y positivo (con las educación pública jugando un papel clave).

Post Scriptum

Es irresistible la tentación de citar la frase atribuida a George Orwell (Eric Arthur Blair), «En una época de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario». A la que debo añadir otra, «La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad».

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