Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
De Caprichos a Derechos
Eduardo García Gaspar
9 mayo 2017
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


La historia es muy conocida. Una narración que contiene una lección. Un punto que desea ilustrar.

La narración la conocemos como una parábola. Está en el Nuevo Testamento y es conocida como la historia del hijo pródigo. Es asombrosamente simple. Un padre y dos hijos. El menor pide al padre su mitad de los bienes y sale de casa.

Malgasta el dinero en una vida escandalosa y, ya sin dinero, llegan malos tiempos. Vive miserablemente. Recapacita y decide volver a casa, a pedir perdón. Lo hace y es recibido con alegría y festejos. El hermano mayor, al enterarse reclama al padre y siente recelo.

Después de todo, él había permanecido junto a su padre y no había recibido tal festejo. El padre le explica:

«Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado».

Independiente de sus significados teológicos, la parábola siempre me ha impresionado por otra razón. Permite contemplar a nuestra existencia, a la situación que se vive desde hace tiempo: estamos gozando de los resultados de lo construido por generaciones anteriores sin darnos cuenta de lo que se hizo antes para tener la vida que llevamos.

Tiene una cierta similitud con la idea de J. Ortega y Gasset (1883-1955) en La Rebelión de las Masas, su famosísima obra. Lo que antes era consecuencia del trabajo y de la suerte es ahora un derecho que se reclama. Lo que se conseguía antes con esfuerzo y sacrificio es ahora exigido y, si no se consigue, se protesta.

Me parece ver al hijo pródigo en estos tiempos, gastando sin prudencia la mitad de la herencia del padre. Se buscan como derecho humano a las comodidades, al placer y el gozo, como si no hubiera un mañana. Como si las cosas fueran gratuitas. Con espíritus blandos que rehuyen a la responsabilidad, se sucumbe ante cualquiera que promete un paraíso terrenal.

Es un síndrome quizá, el del niño mimado vuelto un caprichoso al que todo se le ha dado y concedido. Son un problema ahora y lo serán cuando adultos:

«Exigen mucha atención, no sólo de sus padres, sino de todo el mundo. Y cuanta más se les da, más reclaman […] Tienen una baja tolerancia a la incomodidad, especialmente a la causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento, la demora o la negación de lo que han pedido […] Desarrollan escasos recursos (si es que llegan a desarrollar alguno) para resolver problemas o afrontar experiencias negativas. Culpan a los demás de lo que hacen, al tiempo que esperan que sean otros los que se les solucionen el problema […] Se sienten permanentemente tristes, enfadados, ansiosos y/o emocionalmente frágiles y frecuentemente tienen una baja autoestima». guiainfantil.com

El fenómeno ha recibido un nombre en inglés, «snowflake generation». Delicados como un copo de nieve, son personas que llegaron a la etapa adulta en la década del 2010 y tienen muy escasa tolerancia ante lo que les contradice. Tienen sentimientos más que razonamientos y cualquier cosa los ofende, por lo que están en continua demanda de protección.

¿Niños mimados? No tengo duda. Personas que, sin darse cuenta, están viviendo de los resultados de generaciones anteriores. Generaciones trabajadoras, esforzadas, responsables. Como el hijo que pide la parte de su herencia al padre. Y la gasta sin prudencia.

Si esto es lo que estamos viviendo y la historia se desarrolla como la del hijo pródigo, entonces tenemos que pensar en una situación posible: lo que hará esa generación actual en situación de crisis, cuando la herencia se haya acabado. ¿Qué se hará cuando el gobierno ya no pueda consentirlos porque ya no tiene recursos?

Menciono a los gobiernos porque en nuestros tiempos ha sucedido algo llamativo. El papel de los padres que miman a los hijos ha sido tomado por el gobierno que mima a sus ciudadanos. ¿No es eso lo que hace el estado benefactor al prometer protección desde la cuna hasta la tumba?

Los consiente, los malcría, los malacostumbra. Y así los hace flácidos, inmaduros y maleables a los intereses del gobernante. Una generación que solo entiende que su único esfuerzo es el reclamo para conseguir satisfacer sus caprichos, a los que ha definido como derechos.

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