Una defensa equivocada de la libertad. Justificar cualquier acto por el simple hecho de ser voluntario y libre es una defensa mala e incompleta de la libertad. Defenderla es complejo y difícil. Si no se hace, se perderá.

Quiero tratar una confusión en el manejo de la idea de la libertad. La que ofusca en entendimiento de liberales y defensores ocasionales de la libertad.

Proteger la noción de libertad, tratar de preservarla en medio de presiones que propugnan gobiernos que la anulan y limitan, ha conducido a una defensa equivocada de la libertad.

Si es libre es correcto

Suele argumentarse que un acto libre es en sí mismo defendible. Es decir, una acción que está plenamente justificada en sí misma, por la simple razón de haber sido realizada en libertad.

El razonamiento indica que una acción realizada libremente se justifica a sí misma por haber sido realizada voluntariamente. El ser un acto deliberado es lo que, se dice, valida al acto.

La libertad es en sí misma su propia justificación, se argumenta.

Esta manera de pensar protegiendo a la libertad es común entre algunos liberales, que lo hacen ya sea explícita o implícitamente. Y es un error de razonamiento que debilita a la libertad misma.

En lo que sigue, demuestro el error.

Defensa equivocada de la libertad

No es sólido argumentar la defensa de la libertad usando el razonamiento de que todo acto libre es justificable por sí mismo. A continuación demuestro la debilidad de esa defensa de la libertad.

Hay más que libertad en cada acción

Un acto libre y voluntario puede llevar a muchas acciones de muchos tipos, no todas iguales. Algunas serán claramente reprobables, como, el acto voluntario de asesinar a una persona, o cometer un fraude.

Si la defensa de la libertad usa a la libertad misma para defenderse, tendría que convencer de que un robo cometido libremente es una acción legítima. Eso es una imposibilidad.

La libertad puede y debe defenderse, por supuesto, como congruente con la naturaleza humana. Pero eso implica que los actos realizados no siempre son los buenos, adecuados y correctos.

Seleccionar lo bueno

La justificación de la libertad está más en la posibilidad de que pudiendo hacer algo malo, la persona desecha esa posibilidad y realiza algo bueno.

Es decir, la libertad está justificada por el mérito de la voluntad para hacer lo correcto.

La libertad, entonces, necesita estar siempre acompañada de un criterio que permita reconocer ese mérito de la persona libre. El mérito de haber optado voluntariamente renunciando a la posibilidad de hacer algo indebido.

En una sociedad libre

Dentro de un mercado libre, en un régimen liberal, se podrá enfrentar una situación.

La del empresario que con entera libertad opta por producir y vender pornografía. Una realidad que no puede justificarse usando el argumento de haber sido una decisión voluntaria.

Será posible reconocer tal vez la inevitabilidad de esa posibilidad en una sociedad amante de la libertad, pero es claro que esa libertad ha sido mal usada y sus acciones son reprobables.

La defensa de la libertad, para no ser equivocada, necesita ir más allá de justificarse solo por la simple ausencia de coerción.

Justificación del poder puro

En su fondo, defender a los actos libres por el solo hecho de haber sido voluntarios lleva a una noción azarosa.

La de poderse usar para justificar el poder por el poder . El estar en una situación con la capacidad y el poder para hacer algo no puede justificar ese algo, sea lo que sea.

La libertad de terceros

Es sencillo concluir eso cuando lo que alguien hace voluntariamente altera la libertad de terceros. Como cuando un terrorista coloca una bomba que mata a otros.

Pero también aplica en casos en los que dos o más personas voluntariamente deciden hacer lo mismo, en libertad ambas. Como los actores de películas pornográficas, quienes no alteran la libertad de otros, ni la suya.

Lo que he querido señalar es que se comete un error en la defensa de la libertad. El de justificar a la libertad por sí misma, legitimando acciones simplemente porque es posible hacerlas.

Es superior el entendimiento de la libertad como la posibilidad de hacer lo bueno cuando voluntariamente la persona podía haber hecho lo malo.

Es obvio que quien defiende a la libertad tendrá que sin remedio defender también un código ético congruente con la libertad humana. Uno que tendrá que aceptar la existencia de valores absolutos, siendo uno de ellos la libertad misma.

Un comentario acerca de la defensa equivocada de la libertad.

Defender a la libertad de sus defensores

Por Eduardo García Gaspar –   13 abril, 2016

La más obvia defensa de la libertad es enfrentar a ideas opuestas, esas que van contra al libertad. El socialismo, el intervencionismo, el comunismo, el dirigismo… todas las doctrinas que desprecian a ignoran a la libertad.

Esa lucha es clara. Los enemigos son visibles y están identificados.

Una defensa equivocada de la libertad

Y, sin embargo, la defensa de la libertad, su buena custodia, debe aceptar que en ocasiones la libertad debe ser amparada contra los ataques que sus defensores le hacen sin darse cuenta.

Paradójico, pero real. Como un fuego amigo. Una defensa equivocada de la libertad.

Me refiero a la argumentación que algunos amantes de la libertad hacen al afirmar que ella significa poder hacer lo que la persona quiera.

Que libertad quiere decir liberación de principios, reglas y normas. Es la definición de libertad como «hacer lo que se nos venga en gana».

Me refiero a la concepción de la libertad que todo límite a la libertad es manipulación, conciencia estrecha, represión mental y esclavitud. ¿Lo es? Realmente no. Vayamos paso por paso.

Usando al relativismo

Algún liberal me ha dicho que las reglas morales son relativas, que no existen valores universales y que, por tanto, no no pueden imponerse límites religiosos ni morales a la libertad.

En otras palabras nada hay universalmente bueno ni malo. Eso es falso.

Si el liberal en cuestión defiende a la libertad eso quiere decir que la considera buena, universalmente buena, algo que «debe ser». Más aún, el liberal también concede que hay algo malo, universalmente malo, la limitación de esa libertad.

En otras palabras, ese liberal acepta, aunque no se dé cuenta, que hay al menos una regla moral que establece a la libertad como un valor deseable y bueno. Esto es reconocer al menos un principio moral universal y objetivo.

Libertad, un absoluto universal

Más aún, si se defiende a la libertad como algo universalmente bueno, eso necesariamente significa que se consideran moralmente correctos los mandatos que impidan a unos quitarle su libertad a otros.

Si el liberal pretendía ignorar la existencia de normal morales se ha encontrado con un problema serio.

Quizá no se haya dado cuenta hasta ahora, pero también él tiene sus nociones sobre lo bueno y lo malo. Y esto quiere decir que es imposible definir a la libertad como el hacer lo que nos venga en gana. Esa sería una defensa equivocada de la libertad.

Lo anterior es suficiente como para destruir el argumento de que la libertad consiste en hacer de lado a toda norma moral. Pero eso no es todo.

El sentido de la libertad

La libertad necesita tener sentido, ser justificada más allá de quedarse en la situación de defenderla y solo eso. Ella debe ser cimentada.

Y no podrá serlo sin contestar una pregunta sobre la naturaleza humana. ¿Qué somos las personas y qué es la libertad para nosotros?

Quien defiende a la libertad, por tanto, necesita responderla de tal forma que la libertad forme parte esencial de nuestra naturaleza. Y si forma parte de nuestra naturaleza, entonces desarrollar alguna idea del «para qué».

No reconocer eso es en parte lo que lleva a una defensa equivocada de la libertad.

Conozco a muchos que defienden a la libertad económica y a eso se dedican. Hacen bien, pero hay algo en ellos que falta, algo que no satisface por ser incompleto.

Libres para consumir y para producir, está bien, pero hay algo inacabado. ¿Todo el sentido de la libertad para comprar, vender y producir?

Limitarse a eso presenta una naturaleza humana truncada, de cortas miras y ambiciones reducidas.

Debe haber más

El que podamos pensar, razonar, decidir y actuar justifica a la libertad y eso presenta una justificación razonable de la libertad. De nada serviría el pensar sin la libertad de actuar.

Si el defensor de la libertad no se mete en estos vericuetos, su defensa estará coja y será equivocada.

Más todavía, hay que enfrentar otro problema, el de la dirección de la libertad. ¿Hacia dónde permite que nos dirijamos? Eso que en filosofía se llama «telos», es decir, propósito, objetivo, meta, fin.

Es complicado defender a la libertad

La vida se le ha complicado al defensor simple de la libertad. Ahora tiene que ponerse a pensar en el propósito de la vida y el papel que la libertad juega en ella.

La cosa es ya bastante más compleja que encontrar evidencias para probar que el socialismo no funciona (lo que puede hacerse con facilidad).

La vida se le ha complicado a quien defiende a la libertad creyendo que es un ingenuo hacer lo que yo quiera sin reglas ni normas.

Ha tenido que reconocer que es un moralista. Ha tenido que poner atención en la naturaleza humana, definirla, y encontrarle sentido. Ha tenido que filosofar.

Flaco favor hacen a la defensa de la libertad quienes suponen que ella es la renuncia a toda moral, a toda norma, a todo sentido de conciencia. Defenderla de esa manera es otra forma de embestirla y destruirla. Una mala y equivocada defensa de la libertad.