propiedad

Existe relación entre propiedad y prosperidad. La propiedad privada es condición necesaria para los intercambios económicos libres y ellos son requisito indispensable para la prosperidad. Y, además, así se evitan conflictos.

El derecho a la propiedad personal

Antes de examinar la relación entre propiedad y prosperidad, debe tratarse un tema. El del derecho a la propiedad personal —el más básico y central de todos y que es mejor entendido como una libertad parar poseer y usar.

La libertad de poseer y usar sin interferencia de otros que puedan alterar esa posesión y uso, en donde hay dos elementos muy claros:

  • El objeto poseído —el bien que se tiene.
  • El sujeto que posee —el que es propietario.

La libertad para poseer tiene manifestaciones que son claras y muestran una relación entre el objeto y el sujeto:

  • El sujeto es libre para transferir a otros, según quiera, la propiedad del objeto —sea por medio de una venta o de una donación.
  • El sujeto es libre para usar al objeto de la manera que desee, según su decisión libre.
  • El sujeto es libre para defender su propiedad.
  • El sujeto es libre para aprovechar al objeto de forma que le pueda producir un ingreso del que también será propietario.

Límites del derecho

Siendo una libertad propia de personas, ella tiene límites:

  • Un sujeto no puede ser propietario de otro sujeto; es decir una persona no puede poseer a otra porque eso violaría la libertad del poseído.
  • La libertad de poseer es una oportunidad igual para todos y pueden o no ejercerla; una oportunidad que es igual para todos como posibilidad de decisión propia.
  • La libertad de poseer implica el respeto a esa misma libertad en el resto —por lo que no es admisible que los objetos poseídos cambien de propiedad sin el consentimiento del sujeto que los posee.
  • La libertad de poseer implica también que el uso y provecho de lo poseído respete a las propiedades de terceros.

Ejemplos del derecho a la propiedad personal

Continuando con el tema de la relación entre ella y prosperidad, en lo que sigue, expongo algunos ejemplos que aclaran a la propiedad como una libertad:

• Un terreno o una casa propiedad de una persona, un objeto que le da libertad de uso y disfrute —lo que significa que puede vivir en ella, o rentarla por un cierto precio, o donarla a quien desee.

La propiedad parece clara y contundente, pero tiene algunas limitaciones cuando existan acciones que alteren a las libertades de posesión de otros —por ejemplo, hacer escándalo y ruido que impida a los vecinos su libertad.

• La posesión de un disco de música da a su propietario la libertad de escucharlo cuando desee, o de regalarlo, incluso de venderlo. Otra posesión que parece clara.

Pero tiene una limitación, la de no incluir la libertad de hacer copias y venderlas sin que exista una retribución a quien es el propietario de la música y su interpretación —por eso se persigue a la mercancía pirata, porque roba la propiedad de otros.

• Un ejemplo muy usado es el funcionamiento de una planta industrial, con la que sus dueños tienen libertades de uso, como dedicar sus máquinas a producir lo que deseen, autorizar la entrada a quienes ellos lo permitan y demás. Hasta aquí es una propiedad clara.

Pero las cosas se complican si es que esa planta altera las propiedades de otros, con, por ejemplo, polución —el uso de las propiedades de terceros cercanos a la planta se afectaría por el aire que llega y que su libertad de propiedad presupone estaría libre de esos contaminantes.

• La propiedad de materiales y máquinas para hacer, por ejemplo, bolsos de mujer es una propiedad clara —la que permite al dueño hacer los bolsos que él quiera.

Pero, tiene una limitación con respecto a la propiedad de otros propietarios de plantas similares —a quienes no puede retirar la propiedad de su marca: no puede hacer pasar como suya la marca que es propiedad de otros, ni los diseños cuando sean propiedad intelectual.

Una advertencia

La libertad de posesión y propiedad no puede ser alterada bajo el argumento de que la persona tiene «muchas» propiedades porque eso impide que los demás las tengan—con una limitación, la de que ellas hayan sido adquiridas por medios legales, es decir, con la aprobación de sus propietarios anteriores.

El criterio de «muchas» es demasiado vago e inútil. Además, debe considerarse que la libertad de poseer incluye la libertad de uso del objeto para generar ingresos personales, bajo riesgo de perderlo, por lo que la nueva propiedad sobre el beneficio logrado tiene las mismas propiedades que la propiedad que produjo el beneficio.

Propiedad y tipos de sociedad

Finalmente, pueden determinarse tipos de sociedad dependiendo de la existencia de la libertad para poseer, Esta es una consideración indispensable en la relación que existe entre la propiedad y la posibilidad de prosperar.

Sociedades liberales, donde existen derechos de propiedad claros y posibles de defender personalmente —lugares en los que las libertades de posesión están bien definidas y son amplias.

Sociedades estatizadas, donde no existen derechos de propiedad ni libertades de posesión —lugares en los que la autoridad política es el único propietario legal o de facto.

Entre esos dos extremos hay una enorme gama de posibilidades intermedias.

La variable intermedia, los intercambios

La conexión entre propiedad y prosperidad es posible gracias a una variable que interviene uniéndolas. Ella es la de los intercambios económicos.

Con cada intercambio voluntario de bienes de su propiedad ambas partes aumentan su bienestar. La propiedad de uno sirve para elevar la prosperidad del otro gracias a la transferencia mutua de propiedades originales.

Propiedad privada y su correlativo, los intercambios voluntarios de esas propiedades —ellos son los dos sustentos mayores de cualquier sistema económico que genere riqueza y prosperidad permitiendo el florecimiento general.

Por tanto

Se siguen conclusiones en extremo difíciles de negar gracias a la relación entre propiedad y la prosperidad, por la vía de los intercambios entre personas.

1. Si se anulan o limitan los derechos de propiedad personal, las personas tendrán un estándar de vida inferior al posible cuando ese derecho es protegido y mantenido. Sin propiedades no habría intercambios y, sin ellos, el bienestar no aumentaría.

2. Si se obstaculizan o impiden los intercambios voluntarios de esas propiedades, las personas sufrirán también de un estándar de vida menor al posible cuando esos intercambios son posibles en libertad.

Los dos sustentos del sistema que permite crear riqueza están ligados esencialmente: no pueden existir intercambios voluntarios si no existe propiedad —es decir, solamente puede intercambiarse aquello sobre lo que existe un derecho de propiedad personal.

📌 Las políticas económicas que protejan y promuevan a la propiedad personal y a los intercambios voluntarios producirán una situación conducente a la creación general de riqueza —y producirán lo opuesto aquellas políticas que ataquen a la propiedad y sus intercambios.

Si se quiere lograr prosperidad creciente, la vía adecuada es la de la propiedad privada y la relación que entre ellas establecen los intercambios.

Dependencia mutua

Los dos elementos que sostienen a la creación de riqueza tienen una implicación que con facilidad podría pasar desapercibida y es que ese sistema económico produce una estructura en extremo peculiar de dependencia personal —en el que las personas pueden elevar su bienestar propio gracias a una relación de simbiosis, es decir, de mutua dependencia.

Los intercambios significan, si son voluntarios, un aumento siquiera pequeño de la situación personal de quienes los realizan —de ambos. Uno de ellos mejora su situación debido a que el otro también la mejora.

Esta dependencia económica mutua es el corazón de ese sistema económico de propiedad e intercambios voluntarios —gracias a un mecanismo en el que la mejora de la vida de A depende de lo que este haga para mejorar la vida de B, C, D y los demás, incluso aunque A no lo busque.

Esta dependencia mutua en los demás es lo que produce incentivos que motivan a esfuerzos personales para mejorar la vida de otros como medio para mejorar la propia —y que en un efecto acumulado produce riqueza general.

Otra evidencia

Las idea anteriores demuestran la conexión o relación que existe entre un régimen de respeto a la persona y sus propiedades, y la prosperidad que allí se genera. Con los intercambios de propiedades como la variable que une a la propiedad con el bienestar.

La comprobación de esa relación puede lograrse además con datos como los siguientes.

Las evidencias históricas que examinen los resultados de esa relación entre prosperidad y propiedad personal, por ejemplo, la prosperidad de Alemania Occidental que respetó a la propiedad, comparada con la de Alemania Oriental que no la respetó. Lo mismo podría hacerse contrastando a Hong-Kong con China.

El centro de todo, la propiedad personal y privada

Una idea realmente digna de consideración es la de Sheldon Richman en un texto publicado en 2003 por Quebecois Libre, con el título “On property public and private”. También fue publicado por la Foundation for Economic Education (FEE).

Trataré de exponer las principales ideas del autor a las que añadiré comentarios míos y una aclaración sobre la definición de bienes públicos. Algo que complementará la idea central de la relación entre propiedad privada y prosperidad.

El sistema liberal: propiedad

Si se hace una lista de rasgos de un sistema liberal, uno encuentra ideas como estado de derecho, propiedad privada, división del trabajo, límites gubernamentales y similares.

I. Kirzner, dice Richman, ha llegado a decir que la filosofía de la libertad se basa en solo dos palabras: propiedad privada. Richman propone reducir a la mitad la sugerencia de Kirzner, para decir que solo se necesita decir una palabra, propiedad.

Decir «propiedad privada» es redundante, como decir «soltero no casado». Es atractiva la propuesta, sobre todo porque ello significa que la expresión «propiedad pública» es contradictoria, como sería decir, «soltero casado».

Precisamente por eso, la expresión «propiedad pública» es incongruente e incoherente ya que no acarrea ese sentido de exclusividad: algo que puede ser usado por todos es público, pero no es propiedad y llamarla de ese modo debilita el concepto.

Tiene un punto bueno Richman y lo explica con gran simplicidad: esa propiedad llamada pública es en realidad algo que se encuentra en un estado previo al de llegar a ser propiedad.

Propiedad pública

Lo que en realidad sucede es que la propiedad llamada pública no es tal, sino una mala expresión que describe bienes que ya son controlados y tienen exclusividad también, la del gobierno —son los gobernantes quienes disponen de ese bien al que llaman propiedad pública, pero sobre el que ellos disponen al, por ejemplo, decidir el uso de las escuelas públicas o requerir permisos para usar las calles.

Claro que podrá argumentarse que los gobernantes deciden el uso de esas propiedades llamadas públicas con criterios que consideran ser las necesidades de los ciudadanos. Es cierto y lo pueden hacer así, pero aún de esa manera queda un problema —el de hacer la distinción entre la propiedad jurídica y la real.

Es obvio que la propiedad real es del gobierno, pues es el que decide al final lo que debe hacerse —es decir, los gobernantes elegidos lo han sido para actuar como propietarios de eso que es llamado propiedad pública.

Richman señala aquí la diferencia entre propiedad colectiva y propiedad de un grupo —es la distinción entre la propiedad por acciones de una sola empresa por parte de un conjunto de personas específicas y la propiedad de un recurso que se dice de todos, pero cuyo uso es decidido por unos pocos —lo que trae a colación un punto central, el de la posibilidad de que exista propiedad por parte de una colectividad tan amplia como los ciudadanos, el público, la sociedad.

Me parece natural que puede haber propiedad común en el caso de empresas, clubes u otro organismo en el que sus propietarios pueden ser muy claramente identificados por su nombre —por grande que sea este grupo, sus integrantes pueden ser colocados en una lista y, más aún, ellos poseen la posibilidad de vender su parte en la propiedad porque antes la habían adquirido.

Pero una propiedad colectiva cuyos dueños pertenecen a un grupo impreciso de definir y que no pueden ejercer la venta de su parte proporcional, no es una propiedad. Un grupo de ese último tipo no puede ser propietario.

Al final de su texto, Richman señala otro punto válido —en el caso de la propiedad llamada pública de un bosque debe explicarse cómo es que alguien ha llegado a ser propietario de ese bien sin siquiera haberlo visitado, conocerlo y, peor aún, haber trabajado en su mejora.

Se le llama pública y se trata de proyectar la idea de que es de todos, con una salvedad —esos «todos» no pueden decidir el uso de la propiedad, que es la esencia misma de eso que sí es propiedad real. Por eso, lo que queda por ver es sólo si el control que ejerce el gobierno sobre la propiedad que llama pública es o no legítimo.

Bienes públicos

El tema de Richman involucra necesariamente el de los bienes públicos —cuya definición contiene elementos que ayudan a entender el tema de esta columna. Las definiciones varían, pero creo que en general tienen elementos como los siguientes:

• Bienes que no son atractivos de producir por parte de los ciudadanos privados, ya que carecen de incentivos de producción —crearlos no daría beneficios al productor.

• Bienes cuyo uso carece de rivales, es decir, el consumo o uso de ese bien no reduce la cantidad que otros pueden usar del mismo bien.

• Bienes cuyo uso está abierto a todos sin exclusión posible, hayan o no pagado por él.

El papel en el que esto escribo es un bien privado y que por eso tiene rivales —solo yo puedo usarlo, al igual que el agua que está en mi vaso junto a mí y el bolígrafo que utilizo. Y si viera ahora la televisión, ello no tendría ese aspecto de rivalidad con el resto de mi familia, que la pueden ver al mismo tiempo —lo que plantearía dos problemas, el de la rivalidad o apropiación al ver un programa concreto y el de la cantidad de personas que al mismo tiempo podrían verla.

En este mismo momento todos disfrutan de un bien público sin menoscabo de nadie, como la luz del sol, el tránsito por las calles y la protección de la policía o del ejército.

Algunas definiciones de bienes públicos mencionan con alta claridad que se trata de recursos cuyo uso es libre para personas que pagan por ellos, pero también para quienes no lo hacen —por ejemplo, el turista que usa las calles de una ciudad en un país en el que no paga impuestos (aunque seguramente paga el impuesto al valor añadido, que en algunas partes puede ser devuelto a los no residentes).

No hay manera de excluirlos de ese uso y además, el uso de una calle no implica que otros dejen de usarla al mismo tiempo.

De lo anterior puede concluirse que ciertos bienes llamados propiedad pública pueden ser bienes públicos, pero otros no —una calle es un bien público pues puede ser usado por todos y ese uso es simultáneo, además de ser imposible excluir a quienes no han colaborado en su construcción y mantenimiento; pero una escuela pública no es un bien público, pues el espacio ocupado por un alumno ya no puede ser usado por otro.

Aquí podrá argumentarse que también las calles tienen un límite de cupo, aunque este sea en extremo amplio —es cierto y pone sobre la mesa la posibilidad de límites de uso aún en el caso de bienes públicos como las calles o la policía o incluso el aire; sin embargo, la diferencia con una escuela pública me parece obvia.

En una escuela, en un salón, en un cierto momento nadie más puede usar la banca que tiene un alumno, lo que sería equivalente a los casos en los que las calles son dadas a bloqueos de protesta o lugares de venta, es decir, se ha privatizado ese bien público.

La noción de bien público tampoco corresponde a la propiedad gubernamental de empresas proveedoras de bienes capaces de ser ofertados por particulares —la producción de petróleo y sus derivados, por ejemplo, es capaz de ser realizada por medio de la propiedad privada, al igual que la educación y la proveeduría de seguridad social.

No son por tanto casos de bienes públicos por esa razón y por el hecho de que el uso de esos bienes necesariamente implica que nadie más puede usarlos al mismo tiempo. El banco de escuela, la gasolina y la electricidad, más la cama de hospital y las medicinas no admiten uso simultáneo.

Lo que Richman ha hecho es una gran contribución al señalar la contradicción esencial que existe en la expresión «propiedad pública» —la que en realidad describe en términos dedicados a los ingenuos la realidad de un control gubernamental sobre ciertos recursos y que socava la relación entre propiedad personal y prosperidad.

Propiedad evita conflictos

Después de las aclaraciones sobre las propiedades calificadas como públicas, sigo con otro aspecto de esa relación entre la propiedad individual y la prosperidad. Ahora añadiendo que esta propiedad tiene otra cualidad, ella evita conflictos entre personas.

Precisiones

Es imposible retirar de la realidad a la propiedad privada, la que siempre existirá de una u otra manera, especialmente en la propiedad de uso: la del cepillo de dientes, la de la pijama, la de la manzana que se come.

Sea momentánea o instantánea, la propiedad existe formal o informalmente.

Un sistema de propiedad colectiva real solo es posible cuando existe un único propietario de todo, el que reparte al resto lo que cree conveniente —sean bienes de consumo inmediato o bienes durables o de producción. La propiedad sigue existiendo en este sistema en el que existe un dueño único de todo.

Sin esa autoridad, las personas tendrán que soportar conflictos entre ellas para solucionar dos problemas —el de qué bienes de consumo y uso les son asignados, y el de qué bienes de producción emplearán. Las personas lucharán por la mayor proporción de los primeros y por el menos esforzado de los segundos.

Dentro de un sistema de propiedad privada, será más fácil reducir esos conflictos de intereses. Quienes aún no son propietarios saben que pueden serlo y quienes lo son saben que sus propiedades serán respetadas.

La caridad y la compasión son solo posibles dentro de un sistema de propiedad privada —donde el propietario puede usar sus bienes para ayudar a los demás. Sin esa propiedad privada, estas acciones serán imposibles, o serán la función del propietario único que las manejará guiados por sus intereses.

La propiedad privada crea incentivos para el cuidado de los bienes y su uso más productivo —motivaciones que no existen cuando la propiedad es común, como ilustra la historia del burro que era de todos y nadie cuidó.

La propiedad colectiva induce a la situación que premia a quien toma más para sí de los bienes producidos y aporta menos para su producción.

La propiedad privada de los medios de producción implica, por lo anterior, poner al servicio del resto a los bienes privados de producción —como cuando se tiene al talento de Apple al servicio de quienes compran sus productos (haber tenido a S. Jobs trabajando para uno).

Conclusión

Mi idea central es que un régimen de propiedad colectiva lleva en sí mismo el germen del conflicto entre quienes obtener más que el resto y esforzarse menos que los demás —una situación que solo puede solucionarse con una autoridad central que todo lo posea y a quien todos obedezcan sin condiciones

En cambio, un sistema de propiedad privada lleva dentro de sí la semilla de la posibilidad de más justicia, mejor uso de recursos, mayor oportunidad de caridad y amplias oportunidades de colaboración entre propietarios y no propietarios.

Más aún, es el sistema en el que se respeta la libertad, y puede contemplarse esa relación clara entre la propiedad personal y la prosperidad.

Visto de otro modo, la connotación de que la propiedad en común forma una sociedad en la que reinará la bondad y la benignidad es exactamente la opuesta a la realidad. Muy lejos de eso, un sistema de propiedad comunal crea conflictos y fomenta la perversidad.

Para sorpresa de muchos, será en un sistema de propiedad privada en el que los conflictos serán menores, habrá más libertad y más justicia y virtud.

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Y unas cosas más para los interesados

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